Los pecados del Hércules
Una jornada más el Hércules sigue liderando la clasificación de Segunda División. Pero una jornada más son muchos los que siguen dudando del juego del equipo. La primera parte del derbi de ayer es el último pretexto.
El Hércules no deja a nadie indeferente. Ayer, en el derbi por excelencia de la ciudad de Alicante, volvió a dar muestras de ello. Los alicantinos jugaron un mal partido. Lo hicieron en el peor momento, en uno de los encuentros más importantes de la temporada. Importante entre otras cosas por el rival y entre otras cosas por el honor de ganar algo más que tres puntos. Pero finalmente se perdió y ahora, mientras unos cargan tintas contra el árbitro, otros (muy pocos) hacen balance del juego desplegado.
'Honrad estos colores' , rezaba una pancarta desde el Fondo Norte del estadio José Rico Pérez. Un aviso a navegantes para lo que estaba a punto de pasar. Y lo que pasó fue que el Hércules no encontró su juego en los primeros 45 minutos. Un cabeceo de Samuel y un disparo de Callejón desde larga distancia fue lo más reseñable para el equipo blanquiazul en esa primera mitad. Por lo demás, El Elche ahogó al Hércules desde la medular. El centro del campo del Hércules tocó pero no definió. Tiago Gomes, muy torpe. Diego Rivas, de sus partidos más flojos. Y Abel Aguilar, sencillamente, no tuvo el día. Primero el penalti. Penalti de libro. Una acción que si la sacamos fuera del área sería falta clara del colombiano. Por tanto, reglamento en mano, acierto del colegiado Miranda Torres. El centrocampista desplaza a Mantecón, ex herculano, y otro ex herculano, Edu Albacar, se encarga de ajusticiar. Más tarde llegaría el gol de la sentencia de Nicki Bille a la salida de un córner. Aguilar falla en la marca y el resto ya lo saben, nadar para morir ahogado en la orilla después del gol sin fruto de Míchel Herrero.
Hay quien empieza (mejor dicho, vuelve) a dudar de Mandiá, de sus cambios, de sus planteamientos, de sus miedos. Lo cierto es que ayer el técnico gallego se guardó a Míchel y se guardó a Aganzo. ¿Excesiva prudencia? Puede. Porque jugadores de la talla del madrileño o del valenciano no necesitan descanso alguno aunque hayan atravesado por procesos lentos en sus respectivas lesiones, caso de las paperas que sufrieron ambos hace una semana. El ejemplo del delantero es el más palpable. El mismo viernes, tras la gala "Siempre Contigo", hacía unas declaraciones en InformaciónTV en las que afirmaba sentirse con muchas ganas de afrontar el partido del domingo. Y es que Aganzo es un delantero de raza, una fiera con ganas de romper su jaula. Y la fiera lleva mucho tiempo encerrada, quizá demasiado. Necesita rugir como un león. El domingo era el día. Pero la fiera no tuvo tiempo suficiende para salir a morder. No le dejaron.
Más de lo mismo para Míchel. Con él en el campo el Hércules puede aspirar a jugar al fútbol y a hacerlo de forma decente. Sin él, el Hércules apenas tiene ideas. Sin Tote todavía listo, el valenciano es el encargado de dirigir esta orquesta desde la mediapunta. Ayer Mandiá quiso reservarlo. Y de estas esperas, estas consecuencias. Ahora todo el mundo critica al árbitro pero lo cierto es que nadie hace autocrítica. El juego del Hércules no fluye. Ayer faltó además intensidad para jugar un partido de este tipo. El Elche salió mejor plantado y más convecido de sus posibilidades (y eso que no eran muchas) y se llevó los tres puntos para la ciudad de las palmeras. El Hércules se quedó dormido y cuando quiso despertar ya era muy tarde.
El liderato es ahora la única excusa para los que no quieren ver más allá de los errores del colegiado. Es un hecho que el equipo no ha logrado tocar techo y que se sigue trabajando para encontrar el buen juego. Mimbres hay y experiencia sobra, pero lo que no se puede es caer en disputas arbitrales que no llevan a ningún sitio. Tampoco conformarnos con que el liderato lo vaya a resolver todo cuando no se gane. Y menos cuando dentro de unos días seguimos subiendo por el temido 'Tourmalet' con la visita a Almería. Como diría Joan Laporta, "al loro, que no estamos tan mal". Pero como yo digo, "al loro, que tampoco estamos tan bien" Porque un líder solido que quiere aspirar a Primera debe ser también un líder exigente consigo mismo. Seamos realistas y, por favor, no caigamos en el conformismo y, sobre todo, en banalidades que no nos dejan ver la realidad.




