El faro que guía al Decano
Jordi Matamala, a sus 35 años (36 cumplirá en mayo), es uno de los pilares en los que se sustenta este Recreativo 2011/2012 de Álvaro Cervera. Un jugador con una historia curiosa al que el éxito le ha llegado tarde.
El Recreativo de esta temporada es un equipo insultantemente joven, con una media de edad de las más bajas de la categoría junto a los filiales de Barcelona y Villarreal. Sin embargo, cuenta con varios jugadores veteranos, curtidos en mil batallas, como es el caso de Manolo Martínez, Aitor Tornavaca o el protagonista de este artículo, Jordi Matamala. El jugador catalán es el espejo ideal en el que se pueden mirar jugadores de corta edad que juegan en su posición, como Arcas y Zambrano. Sin embargo, los dos jóvenes medios del Recre han tenido mucho más suerte a la hora de comenzar en el fútbol que la que tuvo el gerundense, cuya historia es verdaderamente llamativa.
Matamala nació en 1976 en Vilovi D’ Onyar, un pequeño municipio de unos 3.500 habitantes a 16 km de Girona. Desde categoría alevín hasta el año 2000, jugó en el equipo de su localidad natal hasta que el Hospitalet se interesó en sus servicios. Pese a ser muy reacio a cambiar de aires en un principio, Jordi terminó aceptando y se unió al equipo de 2ªB. En 2002, el equipo de su tierra, el Girona, le hizo una oferta para volver a casa y no la rechazó. Allí estuvo hasta 2005, año en el que los albirrojos le cedieron a otro club de la provincia, el Palamós. Dos años pasó jugando en el club más antiguo de Cataluña, hasta que su amigo Raúl Agné le repescó tras aterrizar en el club gerundense en la 2007/2008.
Esa temporada con Agné en el banquillo, fue un punto de inflexión en la carrera de Matamala y es que el Girona ascendió a 2ª División tras 49 años intentándolo. A los 32 años le llegó al medio catalán la primera oportunidad de demostrar su calidad, visión de juego y sacrificio en categoría profesional. Su primera temporada en Segunda fue impensable siendo el foco en el que se proyectaba un dinámico Girona que sorprendió a propios y extraños. Su buen hacer le sirvió para que el seleccionador catalán por aquel entonces, Pere Gratacós, le convocara para jugar un Cataluña-Colombia en el Camp Nou, en el que sustituyó en la segunda parte a Sergio Busquets.
En la 2009/2010, Jordi siguió siendo un pilar fundamental en un Girona que se afianzó en Segunda pese a los graves problemas económicos que atravesaba. A final de temporada y tras no llegar a un acuerdo para renovar, emprendió un viaje que no había pensado hacer. Tras toda una carrera en equipos catalanes y sobre todo en equipos de la provincia de Girona, el medio aceptó una oferta en la otra punta de España, concretamente del Recreativo. El Decano apostó muy fuerte por un jugador veterano de 34 años, algo que llamó mucho la atención tanto en afición como medios de información onubenses. Los comienzos en Huelva fueron difíciles para el catalán y no contó mucho al principio para Pablo Alfaro, hasta que el ex jugador del Sevilla fue destituido tras un desastroso arranque de competición y llegó Carlos Ríos. Con el gaditano al frente del banquillo recreativista, Matamala recuperó su mejor versión futbolística, sobre todo en la segunda vuelta, dándole al equipo un plus de calidad y templanza.
El pasado verano se especuló mucho con su salida del club y su vuelta a Girona debido a los problemas económicos del Decano, pero el director deportivo Julio Peguero hizo un esfuerzo importante y fue uno de los jugadores que terminaron quedándose tras un arduo verano de idas y venidas. Su papel esta temporada está siendo fundamental, siendo el faro que guía a un barco con una tripulación muy joven y que a menudo se pierde en las turbulentas aguas de la Liga Adelante. Cuando no está, su equipo lo nota en demasía, cuando está, todo parece más fácil. En mayo cumplirá 36 años, termina contrato en junio, pero desde el club se plantean renovarle debido a su importancia. Una cosa está clara, Jordi tiene cuerda para rato.



