El Villarreal tira por la borda un partido que tenía ganado

El Zaragoza le arrebató los 3 puntos al Villarreal sin que el submarino se diera cuenta. En un abrir y cerrar de ojos, Luis García, con un golazo, y Abraham, con el corazón blanquillo y en el último minuto, cambiaron el signo final de un partido que parecía abocado a la victoria amarilla. Martinuccio adelantó a los suyos en los primeros minutos pero a partir de ahí el Villarreal se adormeció y cometió el error de dar por muerto a un Zaragoza que atendió a la máxima de la dignidad, pese a que la salvación aún queda demasiado lejos como para soñar con ella. (Foto: realzaragoza.com)

El Villarreal tira por la borda un partido que tenía ganado
Zaragoza
2
1
Villarreal
Zaragoza : Roberto; Álvarez, Lanzaro (Da Silva, min. 40), Paredes, Obradovic (Jorge Ortí, min. 58); Abraham, Apoño, R. Micael, Lafita (Edu Oriol, min. 46), Luís García; y Aranda.
Villarreal: Diego López; Ángel, Gonzalo, Zapata, Jaume Costa; Bruno, Senna, Borja Valero, Camuñas (Marchena, min. 83); Martinuccio (Cani, min. 59) y Nilmar (Joselu, min. 74).
MARCADOR: 0-1. Min. 15: Martinuccio. 1-1. Min. 84: Luis García. 2-1. Min. 93: Abraham.
ÁRBITRO: González González (Colegio Castellano-Leonés). Amarilla a los locales Lafita (min. 43), Paredes (min. 88) y Apoño (min. 93); así como a los visitantes Nilmar (min. 28) y Marchena (min. 91).
INCIDENCIAS: Partido disputado en La Romareda y correspondiente a la jornada Nº 26 de la Liga BBVA.

Dramático. Así fue un partido que, de haber carecido de sus últimos 10 minutos, hubiera pasado por ser un mero trámite para el Villarreal. Pero el fútbol, como en tantas otras ocasiones, dejo mostrar su magia, es en la que los estados anímicos pueden intercambiarse en cuestión de milésimas de segundo. Eso es lo que pasó en La Romareda, que vio a su equipo ganar, dramáticamente, después de casi 5 meses y mucho sufrimiento indeseado. Se puede hablar de milagro, pero también se puede hablar de seriedad, esperanza y fe hasta el último segundo en el terreno de juego.

El Villarreal dominó el partido pero se dejó llevar, intentó dormir el encuentro pero así no sabe jugar. Una primera parte esperanzadora, en la que los aficionados amarillos veían 3 puntos casi obligatorios para la salvación, se convirtió en una segunda parte insulsa y unos últimos minutos de pesadilla. Y es que la victoria en el partido ante el Zaragoza era, como he dicho antes, una obligación para el conjunto de Molina. Probablemente por eso mismo el partido tomó su dramático final. Un gol a favor demasiado tempranero provocó una relajación extrema en todos y cada uno de los jugadores amarillos y la consiguiente bofetada final.

El Villarreal lleva el timón en los primeros minutos y se adelanta en el marcador

 

La grada de La Romareda no presentaba para nada un gran ambiente. La afición ya comenzaba a estar cansada del annus horribilis maño y no confiaba mucho en asistir a una victoria blanquilla que no se producía desde el 16 de octubre cuando el Zaragoza venció por 2-0 a la Real Sociedad. Lo que en Zaragoza pasaban por alto era que el Villarreal solo ha logrado una victoria fuera de casa en lo que va de campeonato, y eso el transcurso del partido lo iba a refrendar. Los primeros minutos reflejaron lo que se esperaba que fuese el partido, con los aragoneses teniendo muy presentes aquellas palabras de Manolo Jiménez apelando a la dignidad y los castellonenses marcando el tempo del partido. No debía ser de otra forma, teniendo en cuenta que la diferencia cualitativa entre ambos equipos es, sobre el papel, kilométrica.

El paso de los minutos le daba la razón al guion que previó José Francisco Molina. El técnico valenciano del Villarreal había apuntado que el Zaragoza suele gozar de buenos inicios de partido y así estaba siendo. Pese a que el Villarreal dominaba, lo hacía bajo la gran intensidad que le ponía al partido el Real Zaragoza. Camuñas, que era titular en detrimento de Cani, y Martinuccio creaban peligro en los primeros acercamientos al área de Roberto. Senna organizaba el juego junto a Bruno, que al final se había recuperado de sus problemas y saltaba al campo como titular. La superioridad era evidente y los de La Plana Baixa combinaban ya peligrosamente. En esas circunstancias, el gol era cuestión de tiempo.

Y el minuto 16 era el minuto en el que Nilmar, Camuñas y Martinuccio iban a trenzar una rápida y precisa jugada en la frontal que el argentino se encargaría de culminar para adelantar al Villarreal. Sorprende la facilidad con la que Alejandro Martinuccio, que llegó a Vila-real poco menos que a última hora en el mercado de invierno, se ha adaptado al submarino. Cuando pocos confiaban en que podría aportar al equipo, el delantero se ha descubierto como un jugador activo y con garra, que lucha y se gana el puesto siempre que el entrenador le da minutos. Gracias a él, el marcador ya reflejaba una victoria visitante transcurrido poco más de un cuarto de hora juego. No empezaría ahí la debacle amarilla, pero sí que, en cierta manera, se empezó a fraguar.

El Zaragoza se mantiene con vida y Jiménez apela a la dignidad

 

El Villarreal disfrutó de sus mejores minutos a partir del gol y el Zaragoza sufrió pero siguió resistiendo. Puede ser que la calidad de los jugadores maños no dé para más, pero la actitud es la que realmente marca la diferencia entre quien gana y quien pierde. El Submarino Amarillo no estaba aprovechando las oportunidades que tenía pese a que un descarado Jaume Costa, que salía como titular por la lesión de Joan Oriol, avanzaba por la banda izquierda con peligro. El colegiado González González no estuvo acertado al no señalar un penalti por mano de Paredes dentro del área, pero el Villarreal estaba dejando pasar los minutos sin hacer nada y con ellos le dejaba vida al Zaragoza.

Los minutos finales de la primera mitad vieron la reacción del Zaragoza, con buenas acciones de Pablo Álvarez y Abraham, y alguna nueva ocasión de Nilmar. Todo ello en una fase del partido en la que La Romareda se encargó de que la ya tradicional Agapitada resonara en toda Zaragoza. El descanso sobrevino al tiempo que el Zaragoza apretaba más sobre la portería de Diego López. Pero en los 15 minutos de receso el Villarreal se iba a relajar, Molina no le iba a imprimir a sus jugadores la intensidad que un equipo que está luchando por la salvación necesita.

Así fue que la segunda parte arrancó soporífera, con el Villarreal dominando pero sin intenciones ni ideas claras. Solo Martinuccio y Borja Valero parecían crear peligro entendiéndose bien. El Zaragoza asistía a esa escena entre extrañado e indeciso. Los blanquillos veían que el Villarreal no les sentenciaba y ellos seguían con su máxima de guardar la dignidad, pero cuando intentaban combinar pocas veces fraguaba algo. Aranda la tuvo en el minuto 50 pero a partir de ahí siguieron minutos insulsos en los que ambos contendientes se dejaban llevar cometiendo fallos e imprecisiones. Entre tanto, el colista acechaba en la sombra pero dejándose ver de vez en cuando. Pablo Álvarez fue de los más activos en este período y sus internadas por la banda animaban a un estadio más atento a la Agapirada de cierto sector de la afición que al partido.

La revolución maña tiñe de magia La Romareda

 

La victoria del Villarreal estaba más cerca conforme avanzaban los minutos, pero daba la sensación que, de producirse, no convencería a nadie. La lluvia sobre Zaragoza enfrió aun más las ideas amarillas y las llegadas al área eran esporádicas, por no decir nulas. El Villarreal podía hacer mucho más sobre el terreno de juego pero estaba cometiendo un grave error, dar al Zaragoza por muerto cuando todavía faltaba 10 minutos. Minutos en los que se iba a desatar todo lo que no había pasado hasta entonces. En una falta lateral el despeje de la defensa amarilla no fue convincente y Luis García recibió el balón estando solo en la frontal. Se acomodó el balón, dejó que botase y conectó un disparo que besó la red tras visitar la escuadra. Era el empate merecido.

En ese preciso momento fue cuando el Villarreal se dio cuenta de que había tirado por la borda un partido que podría haber ganado. Las prisas y el desespero comenzaron a aflorar en los amarillos y por fin pusieron la intensidad que correspondía al choque, pero era demasiado tarde y el peor castigo no era el empate. El colegiado dio 3 minutos de añadido y Borja Valero tuvo la victoria en sus botas con un fallido uno contra uno ante Roberto y la suerte estuvo de parte del que más fe tuvo en la victoria. La Romareda se vino abajo en el minuto 93 y medio de juego, Abraham había marcado el gol de la victoria más allá del tiempo reglamentario. Una jugada embarullada en el área acabó en sus pies y se encontró sin más rival que un indefenso Diego López ante él. Colocó el esférico a la izquierda y la locura estalló.

La ilusión de la salvación en Zaragoza sigue estando demasiado lejos, pero con fe y dignidad habían conseguido una victoria que la magia del fútbol les otorgó. El Villarreal se convirtió a sí mismo en su peor enemigo, y la intensidad de los primeros minutos se desvaneció por completo con el paso del partido. La bofetada en la cara es evidente y, una semana más, los puestos de descenso siguen estando a tres puntos. La sensación era de resignación  e impotencia, porque ellos mismos sabían que podían haber sacado la victoria. Quiza lo justo hubiera sido el empate, pero la derrota puede servir para que el mensaje de Molina cale con más dureza. Sea como sea, otra semana más, han demostrado que la salvación costará hasta el último minuto y tendrán que luchar hasta ese último minuto. De lo contrario, volverá a pasar lo ocurrido hoy en La Romareda.