Real Oviedo 2011: Una cuestión de fe
El Real Oviedo pone fin a un año que empezó en crisis y que termina con una notable mejoría en lo deportivo, pero con la misma situación en lo extradeportivo. La llegada de Pacheta fue crucial para el equipo. Las protestas de la afición contra el Consejo de Administración, y especialmente contra el presidente y máximo accionista Alberto González, fueron una constante durante todo el año, pero no una novedad.
El año comenzaba rodeado de expectación. Alberto González se encontraba inmerso en unas negociaciones con el Grupo Pegaso mexicano para la venta de su paquete accionarial, lo que supondría un cambio de dueño en el Real Oviedo. La afición seguía al detalle todos los pormenores de la operación, con la esperanza de ponerle fin a casi 4 años de malas gestiones y escándalos. No duró mucho. Tras un mes de idas y venidas las negociaciones se rompían. Todo seguía igual.
El equipo estaba por esas fechas inmerso en una crisis deportiva total. Un grupo confeccionado para el ascenso que había decepcionado desde el primer partido, lo que había supuesto la destitución de Pichi Lucas –con quién se había logrado un segundo puesto en 2010- y la llegada de José Manuel Martínez al banquillo, director deportivo azul, ya a finales del año anterior. A pesar del cambio, los resultados seguían sin llegar, y el Oviedo luchaba por mantenerse fuera de los puestos de descenso.
Pacheta llegó en plena crisis. El Oviedo acababa de perder contra el Sporting de Gijón B en el Carlos Tartiere por 0 a 1. Era 13 de febrero y el quipo azul se situaba a un solo punto del descenso. La promoción, a 15. José Manuel Martínez decidió entonces dejar el banquillo y, como director deportivo, contrató a José Rojo “Pacheta”, lo que suponía el tercer cambio de entrenador en la temporada.
Con Pacheta todo cambió. El equipo comenzó a ganar desde su primer partido contra el Eibar, uno de los “gallitos” del grupo, que ostentaba un más que respetable segundo puesto en la clasificación. En la siguiente jornada el conjunto carbayón empataba contra el Peña Sport, pero ya nunca fue el equipo apático y sin luz de los meses anteriores.
A medida que avanzaban los partidos se llegó incluso a especular con una posible remontada a contrarreloj que permitiera al equipo entrar en puestos de promoción de ascenso. Con 17 de 21 puntos posibles, el Oviedo viajaba a León en la jornada 33 a 9 puntos del cuarto clasificado y con 18 por jugarse. Prácticamente imposible. No obstante, la esperanza de una afición que nunca se rinde propició una demostración del amor que todo hincha tiene por los colores de su equipo. 4.000 aficionados azules tomaron la ciudad. El barrio Húmedo era un hervidero de camisetas azules, que disfrutaban de las horas previas al partido. La multitud se convirtió en una procesión hacia el estadio, tiñendo las calles leonesas de azul y blanco. El Real Oviedo perdió por 4 goles a 1 y decía adiós al sueño del ascenso, pero no importó. Estaba vivo, y la afición había recuperado la fe en el equipo.
El Oviedo ponía fin al campeonato liguero con pleno de victorias en las 5 últimas jornadas, y terminaba la temporada como octavo clasificado con 58 puntos. Esta posición se convertía en meritoria dadas las circunstancias en las que se había visto envuelto el equipo antes de la llegada de lo que muchos ya conocían como “efecto Pacheta”. Además, este octavo puesto supuso la clasificación del conjunto azul para la Copa del Rey. Un buen premio, sin duda, a la reacción del equipo y, muy especialmente, al propio Pacheta. Desde su llegada al club, el Real Oviedo había sumado 32 de 39 puntos posibles y encabezaba una teórica clasificación que recogiera los encuentros disputados desde aquella jornada 26 en la que el técnico se sentó por primera vez en el banquillo carbayón.
La llegada del verano trajo consigo la planificación de la siguiente temporada. Pacheta y José Manuel decidieron mantener el bloque que tan bien había funcionado en la recta final de la temporada. Perona, Víctor Díaz, López Ramos, Miguel, Javi Marínez y Aulestia abandonaban el club. La salida del vasco supuso un duro golpe para la afición, que volvía a perder a su referente en el campo, como ya había sucedido con Diego Cervero dos años antes. Un jugador que encarnaba los colores y el sentimiento azul, y que ponía rumbo a Cádiz rodeado de polémica. En declaraciones a la RPA afirmaba que “no se sentía querido por el club”, y que fue el Oviedo el que le estaba buscando sustituto desde el mes de enero. Candela, Juanpa, Óscar Martínez, Martins, Abasolo, Dani Barrio y Paco Lledó aterrizaban en el club azul. Se confeccionaba una plantilla corta, con protagonismo del filial, del que Owona subía al primer equipo.
También la parcela extradeportiva dio que hablar en verano. Alberto González era condenado a dos años de cárcel y a pagar casi dos millones de euros por delitos de fraude contra la Hacienda Pública. Además, el precio de los abonos para la nueva temporada, con incrementos de hasta un 60 por ciento en algunos casos, supuso de nuevo un choque frontal entre Consejo y afición.
Entre todo este ruido, comenzó una nueva e ilusionante temporada, en la que el Oviedo, un año más, partía como candidato a luchar por el primer puesto. Un objetivo que, por tercer año consecutivo, se alejó muy pronto. El equipo únicamente logró sumar un punto en las 4 primeras jornadas, lo que trajo viejos fantasmas del pasado. El Oviedo no carburaba en el campeonato liguero, pero sí lo hacía en Copa del Rey, eliminando al Lugo y al Salamanca en las dos primeras rondas, y clasificándose para la cuarta ronda al quedar exento de disputar la tercera en el sorteo. Parecía que, por fin, algo de suerte sonreía al club. Solamente suerte, ya que el conjunto azul estaba lejos de aquel equipo intratable en que Pacheta había convertido al Real Oviedo la temporada anterior.
La derrota contra el Alcalá supuso un punto de inflexión. Como bien dijo el entrenador azul, en ese partido el Oviedo “tocó fondo”. A partir de ese momento, el equipo apático, sin claridad en el juego, e incapaz de dar dos pases seguidos, supo reaccionar y fue creciendo jornada a jornada hasta convertirse en un auténtico rodillo. Tras salir puestos de descenso, fue escalando la tabla hasta situarse en cuarta posición. Derrotando por el camino a equipos como Albacete, Real Madrid Castilla o Tenerife. El “efecto Pacheta” había vuelto y, con él, la ilusión a la afición.
Ya en diciembre, el Athletic de Bilbao esperaba al conjunto carbayón en Copa del Rey. Era la oportunidad para un histórico como el Oviedo de rememorar tiempos mejores. No importaba el resultado, los dos partidos serían una fiesta. Y así fue. El equipo azul no logró eliminar a los vascos, pero supo dar la cara tanto en el Carlos Tartiere como en San Mamés, perdiendo en ambos partidos por la mínima y tratando a los “leones” de tú a tú.
El Real Oviedo despide el año en la cuarta posición de la tabla –a pesar de la última derrota, en vallecas- con 31 puntos, 2 más que los conseguidos en la temporada 2009/10 a la misma altura del campeonato. Temporada en la que el equipo de la capital del Principado terminó segundo, sólo superado por el intratable Alcorcón.
El panorama es, por tanto, esperanzador tras un 2011 lleno de luces y de sombras, con un equipo capaz de lo peor y de lo mejor. Los aficionados lo saben, todo es cuestión de fe.



