Jano Ananidze, la estrella de Georgia que rechazó ser un "legionario"

Jano Ananidze, la estrella de Georgia que rechazó ser un "legionario"

Es la referencia del combinado georgiano con apenas 19 años. Es la luz del anonimato de una selección que será el primer escollo en el camino de España para clasificarse en el Mundial de Brasil. Milita en Rusia, en las filas del Spartak de Moscú. Su corta trayectoria deportiva es un canto a la precocidad, debutando en Tbilisi con 12 años y en la selección absoluta con 16. Cuando se afianzó en el primer equipo moscovita, Karpin tenía el problema de excedente de jugadores extranjeros en plantilla. La Federación Rusa persuadió a Ananidze para convertirse a la nacionalidad rusa, algo que evitó para ser fiel al país que le vio nacer.

Situado al sur del Cáucaso, en la costa del Mar Negro y en el límite entre Europa y Asia. A pie de calle, poco más se sabe de Georgia. Su capital, Tbilisi,  es conocida históricamente por ser un enclave idílico por su localización, en la que destacó la famosa Ruta de la Seda. Distinguida por la pacífica Revolución de las rosas de 2003, la selección española de Vicente del Bosque afronta el camino del Mundial de Brasil enfrentándose a un combinado nacional casi desconocido. Un rival casi inédito, al igual que los jugadores que integran la selección, anónimos en su mayoría para los jugadores españoles. En un alarde de instrucción profesional, Iker Casillas salió a rueda de prensa con chuleta en mano, dispuesto a no ser cazado por los medios de comunicación: “Como sabía que me lo iban a preguntar he apuntado los nombres de los jugadores más destacados". Subrayó tres nombres, enfatizando en uno concreto: Jano Ananidze. 

Ananidze debutó con 16 años en la selección absoluta de Georgia

Melena rubia al viento, rostro facial imberbe que irradia inocencia y con un físico enclenque y delicado. Así es la apariencia física en el primer golpe de vista de la estrella de Georgia. Con tan solo 19 años, se destapa como el jugador clave de la selección dirigida por Timur Ketsbaia y principal peligro para España. Una decisión arriesgada, atrevida, pero que no provoca sorpresa ya que encaja a la perfección con el ADN y la identidad por la que ha apostado la selección de Georgia en la última década, dando oportunidades a jóvenes valores como modelo. A pesar de su descarada juventud, es un habitual en el combinado nacional, con más de 15 internacionalidades en la selección absoluta. Debutó con apenas 16 años, atendiendo a la llamada de Héctor Cúper, por aquel entonces seleccionador georgiano. La precocidad del joven talento.

La Federación rusa persuadió pero se mostró firme: "Soy georgiano y voy a jugar con la selección de mi país"

Sin embargo, Ananidze estuvo cerca de no representar al país que le vio nacer. En 2009 el Spartak de Moscú posó sus ojos sobre él, tras defender la camiseta del Dinamo de Tbilisi (jugó con 12 años) y del Dinamo de Kiev. Tenía 16 años y Valery Karpin, técnico del club moscovita, lo subió al primer equipo después de bajar un día al campo de entrenamiento de los juveniles. No dudó y lo hizo debutar inmediatamente en Copa contra el Krasnodar. No defraudó. Anotó su primer gol en Rusia y más tarde se convirtió en el futbolista más joven de la historia de la RPL en marcar un tanto (17 años y ocho días). Un inicio espléndido, hasta tal punto que las necesidades obligaron a Karpin a persuadir al joven jugador.

Las reglas de competición en la RPL son claras. La Federación limita las plazas a los jugadores extranjeros con el fin de fomentar el producto nacional y presumir de los jugadores nacionales. Por esa razón ubica el límite única y exclusivamente en seis jugadores foráneos elegibles en un mismo once. El Spartak de Moscú rebasaba ese número y Karpin vio la oportunidad ideal de proponer a Ananizde la conversión en “legionario”, tal y como se conocen a los jugadores rusos en la RPL. Su respuesta, clara, concisa y rotunda: “Yo he hecho mi elección. Soy georgiano y voy a jugar con la selección de mi país”.

Prodigiosa técnica

Con el paso del tiempo, Jano Ananidze se ha hecho a sí mismo jugador. Su rol en la selección de Georgia consiste en ubicarse la zona de la mediapunta, justo por detrás de la referencia de ataque, con total libertad para campar por el campo. Es el cerebro, el guía, por el que pasa el balón para derrochar creatividad e ingenio. Posee una técnica envidiable, fino y elegante en contacto con el balón.  Su juventud no le impide echarse el equipo a las espaldas y se ofrece para recibir el esférico cuando la circulación y la distribución se obstruyen.

No obstante, tiene una tara que resolver aún. Su mayor carencia es el físico. Con apenas 170 centímetros de altura y poco más de 60 kilos de peso, Ananidze pierde en la batalla cuerpo a cuerpo. Sabe resolver las situaciones críticas, tal como dio a conocer Karpin: “Jano puede caer como una pluma después de un tackling, pero puede vencer a sus oponentes con la capacidad de pensar con rápidez y con su habilidad de balón”. Evita su debilidad con movimientos ágiles y rápidos para crearse su propia libertad.