Clásicos Vavel: 'La Dolce Vita' (1960)

Fiestas, elegancia y lujo se dan cita en la "ciudad eterna" mientras que el periodista Marcello Rubini busca incansablemente a una diva de la gran pantalla entre copas de champán y los suburbios romanos. Un gran clásico atemporal con varios premios que la respaldan.

Clásicos Vavel: 'La Dolce Vita' (1960)
Foto (sin efecto): Revistareplicante

Fellini, director polifacetico y "monstruo sacro" del cine italiano, vuelve a crear un mundo propio, ácido y alejado del neorrealismo del que tanto bebe el cine de su generación con La Dolce Vita. Nominada a cuatro Oscar, entre ellos mejor director y mejor guión original y ganadora de la Palma De Oro en el Festival de Cannes en 1960, La Dolce Vita mezcla la decadencia, la frivolidad y la imágen de lujo de la corrupta aristocracia de la Roma de los años 60 .

El director es capaz de sacrificar en cierto modo la línea narrativa para ofrecernos imágenes que quedarán gravadas en nustres retinas y se convertirán en un hito generacional, imágenes tan potentes que pasarán a ser postales del itinerario pop de nuestra cultura visual haciendo que la figura de Anita Ekberg dentro de la Fontana de Trevi, en pleno corazón de la ciudad, siga siendo una imágen fácilmente reconocida y no menos venerada en el mundo del cine.

Marcello (Marcello Mastroiani), un periodista en busca de una primera plana, vaga de fiesta en fiesta, codeándose con una sociedad romana que lo hastía y carece de ningún interés ante sus ojos. Pero todo cambian con la repentina aparición de Sylvia (Anita Ekberg), una reconocida actriz de la gran patalla a la que Marcelo comienza a perseguir en pos de una gran noticia. Una gran noche en Roma, entre fiestas de la "jet set" y suburbios, casas de mala reputación y entornos característicos del norte de Roma que ejercerán de telón de fondo en la que parece que será la historia de cómo Marcello va plantando cara a su anestasiada existencia.

La falta de desición de Marcello, que quere dejar su trabajo como columnista para ser novelista será otro de los puntos de la película que podemos asociar a esa falta de ineterés que parece tener la burguesía moderna y que Marcello extrapolará a su vida amorosa, en la que será imcapaz de elegir entre su amante, una sofisticada mujer con la manteniene una breve relación esporádica y la actriz sueca, Sylvia, a la que ha estado persiguiendo por toda la famosa Vía Veneto, en el que encontrará varios personajes que serán representaciones claras de los diferentes estamentos de la sociedad romana.

Todo ello empeorará con el suicidio de su amigo, el intelectual Steiner, que acabará con su vida y la de sus hijos, destrozando la apariencia de perfección y normalidad que este le reportaba a Marcello y empujándolo a una vida de fiesta y vacío existencial que tendrán su culpen en un simbólico pasaje del personaje en la playa.

Dividida en capitulos y con un argumento muy voluble, La Dolce Vita muestra la caricatura de unos años turbulentos en una sociedad complicada, que trata de aceptar las nuevas corrientes de una modernidad que se ofrece totalmente incompatible con sus férreas tradiciones, que no es capaz de acabar de operar de una manera nueva al verse totalmente anclada a elementos propios a la cultura italiana como la iglesia.

Obra maestra consolidada en poco tiempo a pesar del revuelo y el rechazo de muchos sectores, La Dolce Vita será considera el punto de inflexión que marcará la división entre dos etapas claramente diferencias dentro del cine de Fellini, que abandonará el neorrealismo en el que se había forjado su carrera para abrazar un nuevo estilo, totalmente simbolista, que llenará su cine de poderosas metáforas visuales, como el final de esta película.

No ajena a la censura, La Dolce Vita, no entrará en España hasta 1980 ya que había sido catalogada de obscena por el diario de El Vaticano, L 'Osservatore Romano

Este film será tiltado de un barroquismo excesivo por sus diversas y, en ocasiones, complejas metáforas que lo elevarán a obra de culto dentro de los circuitos más intelenctuales de la época pero que lo harán  padecer el rechazo del gran público por su mordacidad y su explicita intención de mostrar la "cara b" de un mundo en el que, ciertamente, no es oro todo lo que reluce.