El minuto que cambió nuestra historia
No hace mucho soñábamos con pasar de cuartos y por fin romper tantos años de desdichas, mala suerte y sueños rotos. El presente de la selección española está marcado por los recientes éxitos obtenidos a base de apostar por un juego combinativo que levanta admiración. El camino hasta estos días de gloria duró décadas, sin embargo el momento crucial apenas duró un minuto.
La mayoría de nosotros ante la pregunta de que gol de la selección española nos ha emocionado, hemos gritado o vamos a recordar para siempre diríamos sin duda que el marcado por Iniesta ante Holanda en Johannesburgo. Otros quizás señalarían el de Torres frente Alemania en la Eurocopa de 2008. Los habrá que nos hablen del gol de Hierro frente a Dinamarca en Sevilla que nos clasificó para el Mundial de Estados Unidos y los más veteranos tendrían sin duda recuerdos del de Marcelino frente a la URSS en la Euro del 64. Sin embargo en el verano de 2008 se marcó el que marcaría el futuro de España, fue en una tanda de penaltys, en el Prater vienés.
España es una de las selecciones con más tradición de Europa a la hora de participar en grandes torneos, combinando grandes actuaciones con prontas eliminaciones, momentos memorables e imágenes imborrables, pero hasta no hace demasiado eran más las lágrimas que las sonrisas. Cardeñosa ante Brasil, Eloy en México, Julio Salinas y Pagliuca, Zubizarreta con Nigeria, Raúl y Barthez, Clemente e Iñaki Sáez con sus ideas, por nombrar algunos, eran momentos y nombres que recordábamos todos cuando se acercaba un campeonato de Europa o del Mundo. Pese a que los españoles siempre nos hemos venido arriba cuando arrancaban esta clase de torneos, en el momento clave, cuando la diferéncia entre estar y no estar, de pasar o no pasar, de que entre o no entre llegaba, por Al Ghandour, por mala suerte, por fuera de juego, por un codazo, por fallar a porteria vacía, por todo, siempre acababámos haciendo la maleta.
El 22 de junio de 2008 y con un equipo que pese a generar muchas dudas en la fase de clasificación y tener un entrenador odiado por muchos y adorado por otros tantos, la selección española volvió a vivir ese momento tan conocido y temido por todos. Tras una primera fase perfecta en la Eurocopa de Austria y Suiza ganando los 3 partidos, Italia nos esperaba en cuartos, venían con el logo de la FIFA de campeones del mundo en el pecho y sus cuatro estrellas. El partido terminó con empate a cero tras una prórroga donde a pesar de merecer marcar la pelota no quiso entrar. Era el momento clave y de nuevo la fortuna no estaba con nosotros.
Tanda de penaltys. Casillas y Buffon erigidos en héroes habían parado ya 1 lanzamiento cada uno. Turno para Di Natale que buscaba igualar a 3 el tanteo tras parar el guardameta italiano el lanzamiento de Güiza. Y paró Casillas. El madrileño volvía a poner por unos instantes nuestra memoria en color, nos ponía a un gol de por fin poder gritar tras tantos años que España podía. Y allí apareció Cesc, segundos después de que su capitán hiciese la mitad del trabajo el tenía el destino de España en sus botas. "Demuestralo ya" se le leyó entre labios tomando carrerilla. En ese mismo instante, golpeando el balón al fondo de las redes, España se hizo grande, la selección dió el paso para ser lo que es hoy, se quitó de encima los complejos y demostró ser la madre del mejor fútbol del planeta.
Por fin en el momento clave, en el punto de no retorno nos volvíamos con una sonrisa, 24 años después y con muchas lágrimas en el camino, empezando a forjar desde ese día, ese minuto en que nos hicimos mayores las páginas más bonitas de la história del nuestro fútbol. Lo que pasó después es bien conocido, exhibición frente a Rusia en semifinales y victória frente a Alemania en la final. Pero fue aquel 22 de junio, aquel minuto, esa parada y ese gol los que marcaron el camino. Aquel día empezó a asomarse en la camiseta una punta que dos años más tarde serían cinco formando una estrella.




