Mestalla y su excesiva exigencia
Para algunos, la afición del Valencia Club de Fútbol es una de las que nunca falla a su equipo. Para otros, es una grada que está expectante para pitar a su entrenador.
La afición valencianista ha vuelto a estar de actualidad desde el pasado sábado, día 14 de enero, cuando el Valencia perdió en casa el partido que le enfrentó a la Real Sociedad. Un gol de Griezmann en el minuto 55 desató la ira de la parroquia. Además, en el entrenamiento posterior a la derrota, varias personas se presentaron en la ciudad deportiva de Paterna para pedirle explicaciones sobre el planteamiento y las rotaciones a un Unai Emery que lleva aguantando quejas desde su llegada. Algo que, desgraciadamente, es más que normal en Valencia.
Pero quizás, y en mi opinión, el problema de la grada de Mestalla reside en una división interna de opiniones. Unos que abogan por el mantenimiento de un proyecto y de un entrenador que cumple los objetivos, pero que no termina de sacar todo de una plantilla más que decente. Y otros, la gran mayoría, que viven anclados en una época triunfal de la que solo queda Albelda. Una época triunfal liderada por Rafa Benítez, un entrenador que sufrió los pitos de una grada que al final tuvo que claudicar. Eso sí, siempre tenía tiempo para silbar a su presidente, en su momento Jaume Ortí, cada verano en las ediciones del Trofeo Taronja. Esta parte de la afición sigue pensando que su Valencia continúa siendo el mejor equipo del Mundo, como lo fue tras conseguir la Supercopa de Europa frente al Oporto portugués.
Por tanto, si a un club lo consideras el mejor del Mundo le exiges todo, como tal. Es decir, conseguir títulos, llegar lejos en Europa y luchar por cualquier competición. Así, los entrenadores que han pasado por el banquillo valencianista han soportado y soportan pitos y exigencias exageradas que se alejan de los objetivos marcados por la cúpula directiva. Hasta Héctor Cúper tuvo que sufrir el acoso de la parroquia che pese a llevar al Valencia a dos finales consecutivas de la Liga de Campeones.
¿Qué quiere Mestalla?
Las quejas de una afición siempre van dirigidas cuando los objetivos no se cumplen. O cuando se empieza mal una temporada y se continúa peor. Pero la grada valencianista ha silbado a sus jugadores cuando han jugado mal, pero se conseguían los objetivos. Como en la época de Quique Sánchez Flores, que su juego rácano se impuso a su capacidad de llevar al Valencia a la Champions. Tras una derrota en Sevilla, Quique dejó de ser entrenador valencianista dejando al club cuarto en Liga. Y llegó Koeman, que se llevó la Copa del Rey pero también la ira de los valencianistas por hacer que el Valencia luchara por la permanencia.
Tras la salida del holandés aterrizó Unai Emery. El vasco llegó como segundo plato ya que Marcelino García Toral era el entrenador que quería la directiva, pero dejó plantado al Valencia. Y con poco tiempo, el de Hondarribia se jugó la Supercopa de España ante el Real Madrid, perdiendo el título en la vuelta en el Bernabéu. Pero a partir de ahí, el Valencia Club de Fútbol ha estado siempre en Europa, cumpliendo los objetivos y dando un juego más vistoso. Algo que siempre ha demandado la afición, pero también se ha llevado y se lleva los pitos. Lógicos son los enfados cuando el equipo tiene unos altibajos como los que tiene, o cuando se relaja, pero los resultados están ahí. Por tanto, la pregunta que retumba en mi cerebro desde hace años es, ¿qué quiere Mestalla?
Unai Emery. Objetivos contra ambición
El caso que toca esta temporada es el de Emery. El técnico vasco ha cumplido con los objetivos que tanto Manuel Llorente como Braulio Vázquez le han puesto cada verano. Es decir, conseguir la clasificación para la Champions y llegar lo más lejos posible. La temporada pasada fue la mejor de las de Unai como técnico valencianista dejando a su rival por el tercer puesto, el Villarreal, a nueve puntos y goleándolo en Mestalla. Pero este año hay un peldaño más. La directiva le reclama, internamente, al de Hondarribia un título para renovar. La Liga está cada vez más lejos, pero todo es posible. La Europa League está muy complicada por todos los equipos que cayeron eliminados en la Liga de Campeones.
Por tanto, la competición más asequible, a priori, es la Copa del Rey. Esta noche, ante el Levante, el Valencia se juega el primer asalto por las semifinales del torneo doméstico. Sobre el papel, los blanquinegros son favoritos para pasar la eliminatoria y disfrutar de unas semifinales. Pero Mestalla jugará un papel fundamental. Si se llena y van todos a una, el juego del equipo local puede fluir y ser una fiesta. Pero si el Levante consigue dar el golpe inicial, todo se puede torcer. Y ojo con este Levante, que la ilusión que tiene en este torneo es abismal. Algo muy importante que se suma a la calidad y a la ambición de unos jugadores que se dejan la piel domingo tras domingo. Esta noche se verá quien se lleva el partido en Mestalla y como responde la afición.
Si el equipo de la capital del Turia no consigue el pase a las semifinales, algo muy extraño debe de pasar para que Emery renueve y continúe una temporada más en Valencia. Quizás, la ambición valencianista tire por la borda el ya típico “cumplimos los objetivos”. Pero como todo en la vida, todo es posible. Y en Valencia, más.




