Garrido destituido tras la derrota ante el Mirandés
Hubiese podido ser el pasado fin de semana o el próximo, pero ha sido la derrota de esta noche ante el Mirandés por 0 a 2 la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de Fernando Roig
Se podría hacer una crónica del partido al uso, repasando detalladamente los lances del encuentro y destilando entre líneas una valoración más profunda, o reservando el párrafo final para sembrar una pregunta o conclusión que abriera el debate, pero sería una crónica más, un mero ejercicio descriptivo que viendo las consecuencias posteriores hubiese quedado estéril en un periodismo cada vez más esclavo de la inmediatez.
Para comprender las causas de la derrota de hoy, basta con leer las crónicas anteriores, ya que esta noche se han reproducido todos y cada uno de los errores que han llevado al Villarreal a su actual situación. Pero hoy ha habido un agravante. La destrucción anímica de un equipo, de un club, víctima de su autocomplaciencia.
Porque por muy mal que pueda hacerlo un técnico, el Villarreal se enfrentaba a un conjunto de segunda b, que con todo el respeto del mundo, no tiene a priori jugadores con la calidad de un rival que este año ha disputado la Champions League.
Los jugadores del Submarino han perdido la confianza en su ya ex entrenador y lo que puede ser más grave, la confianza en sí mismos. Podríamos analizar mil y un condicionantes y circumstancias que han rodeado al equipo esta temporada, y todas serían ciertas.
Las lesiones han lastrado al equipo. Rossi, el buque insignia del Submarino roto para toda la temporada, pero antes, Cazorla se vendió y con su marcha se rompió el centro del campo. Con Capdevila se fue algo más que un lateral campeón de Europa y del mundo y los refuerzos no han estado acertados.
Garrido ha llegado hasta donde ha sabido. Todos los handicaps se lo han ido poniendo más y más díficil y no ha sabido reaccionar a tiempo. No ha tenido las ideas claras ni el equipo para ejecutar alguna en concreto. El fútbol actual nos demuestra que la clave del éxito es tener una idea fija y construir un proyecto entorno a esa concepción. El ideal era jugar al toque y combinar. A día de hoy, el único que puede jugar de ese modo es Borja Valero, pero con solo un hombre no se puede.
Presión y juego directo, ha sido el plan b con el que el entrenador de Puzol pretendía eludir los problemas. No hay jugador del Submarino capaz de dar un pase de 40 o 50 metros para lanzar una contra.
Y con este panorama la moral del equipo por los suelos. Dicen los historiadores del fútbol que Helenio Herrera era capaz de motivar durante una semana a su jugador más lento para que pudiera marcar al delantero más rápido del rival.
Al Villarreal ahora le hace falta un hombre así en el banquillo, un técnico que tenga la habilidad de recuperar a sus hombres, y que sobretodo tenga una idea clara de que quiere con el equipo y trabaje y trabaje para aplicarla lo mejor posible. No es un imposible, el Levante hasta la fecha es un ejemplo.




