La histórica renuncia papal

La renuncia de Joseph Ratzinger ha conmocionado al mundo generando todo tipo de reacciones y la abrumadora cobertura de una prensa que ha capitalizado la línea editorial del día con un anuncio histórico del que encontramos su precedente más inmediato seis siglos atrás.

La histórica renuncia papal
Foto: http://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_Gregorio_XII

La renuncia de Benedicto XVI ha causado gran sorpresa y conmoción mundial generando todo tipo de reacciones y copando las portadas de la prensa. Joseph Ratzinger sorprendió con una renuncia amparada en su incapacidad emocional y física para seguir ejerciendo su labor con las fuerzas necesarias como para seguir siendo digno sucesor del pescador de Galilea. Pero este tipo de decisiones siempre quedan sujetas a otro tipo de interpretaciones políticas, pues el pontificado del papa alemán no se ha caracterizado precisamente por ser una balsa de aceite.

Ratzinger ha tenido que lidiar con varios escándalos que han golpeado a la Iglesia durante los casi ocho años de su mandato papal, resultando especialmente delicado el caso destapado de abusos sexuales a menores por clérigos que removieron las estructuras de la Iglesia en varios países. Escándalo tras el que el pontífice tuvo que pedir perdón en nombre de la Iglesia y declarar que habría tolerancia cero con los delincuentes. Si a ello sumamos el escándalo "Vatileaks", la traición de su ex mayordomo Paolo Gabriele, el 'shock' mediático generado con la publicación de los documentos filtrados por “Paoletto” en el libro "Sua Santita", quizás podamos comprender un poco más la decisión del sumo pontífice.

Para un hombre de una edad considerable y una salud delicada, para un ser humano al que se le ha reconocido una acusada capacidad intelectual, quizás represente demasiado afrontar su tarea espiritual con la firmeza e intransigencia que mostró en cambio para otros temas, como su cruzada contra la libertad de opción sexual y los métodos anticonceptivos. En fin son las contradicciones de una Madre Iglesia anclada en el pasado y aferrada al clavo ardiendo de una  presunta moralidad que debería encontrar primero entre sus propias estancias humanas, que no divinas.

Quizás por ello el Papa, que jamás se equivoca, que al renunciar denota la inteligencia de aquel que mostrando debilidad física evita enviar un mensaje de decadencia, y que de haber continuado con su precaria salud habría sido considerado como un gesto de abnegación, juega con las cartas marcadas de una tarea e historia que mucho me temo jamás fue espiritual sino absolutamente política.

El Cisma de Occidente

No en vano, solo basta echar un vistazo a la historia pontificia para percatarse de ello, sin ir más lejos en la búsqueda histórica de la última renuncia papal, nos topamos con un cisma que sacudió y retrató la débil condición humana de la Iglesia seiscientos años atrás. Hablamos del cisma de occidente, uno de los sucesos más lamentables de la historia del cristianismo. Acontecido entre 1378 y 1429, es la historia de una división, un cisma que retrató la encarnizada lucha por el poder llevada a cabo tras el fallecimiento en 1378 de Gregorio XI, que había trasladado a Roma la sede papal desde Aviñón. El enfrentamiento entre la curia romana y un grupo de cardenales disidentes tras la elección como sucesor del italiano Urbano VI. Papa no reconocido por los disidentes que reaccionaron eligiendo al cardenal Roberto de Ginebra (Clemente VII) y estableciendo de nuevo su sede papal en Aviñón.

Urbano VI frente a Clemente VII, excomulgados el uno al otro y un Cisma abierto que provocó una profunda escisión en la Iglesia católica, en la que unos juraban “obediencia” a Aviñón y otros a Roma. Por el lado romano Urbano VI, su sucesor Bonifacio IX, quien ocupó el cargo entre los años 1389 y 1404, y el de éste, Gregorio XII (1406-1415). Y por los cardenales escindidos con sede en Aviñón, Clemente VII, y su sucesor, Pedro de Luna, que tomó el nombre de Benedicto XIII. Un pulso por el poder al que se quiso poner fin con el concilio de Pisa de 1409, en el que se depuso a los dos papas reinantes y se eligió como sumo pontífice a Alejandro V. Una solución que lejos de resolver el poco edificante pulso por el poder de las dos obediencias de la Iglesia, sumó una tercera más a las ya dos existentes, pues ni en Roma ni en Aviñón comulgaron con la abdicación, dando como resultado la disparatada realidad de tres antipapas electos.

Finalmente este juego de tronos papales encontró sus vías de solución tras la intervención del por entonces emperador alemán Segismundo, que consiguió convocar el concilio ecuménico de Constanza. Un concilio universal que dilucidó la profunda crisis de la Iglesia con la huida y posterior entrada en prisión de Juan XXIII (sucesor de Alejandro V), la renuncia de Gregorio XII y la deposición de Benedicto XIII, acusado de hereje y último de los tres papas electos que continuaba en sus trece. Un desenlace que dio como resultado la elección un 11 de noviembre de 1417 de Odo Colonna, (Martín V), como único y legítimo pescador de Galilea hasta el año 1431.

Renuncias precedentes

Por todo ello y respetando esta decisión que ha conmocionado al mundo, permítanme que ponga al menos en cuestión las razones humanas y tenga profundamente en cuenta las razones políticas, pues tras las renuncias del Papa Clemente I (del 88 al 97) quien al tener noticias de su destierro renunció a favor de Evaristo, del Papa Ponciano (230 al 235) que presionado por dos facciones eclesiásticas que se disputaban el poder, dejó su cargo a favor del Papa Antero, del Papa Celestino V, que aduciendo razones personales y espirituales renunció en favor de Bonifacio VIII y la ya expuesta de Gregorio XII, mucho me temo que la historia de estos pescadores de almas quedó hace siglos sepultada en el mar de Galilea, donde un pescador de hombres quiso revolucionar su mundo con un bello mensaje malinterpretado desde hace siglos por un puñado de peces sin alma que convirtieron a la Iglesia en un mero instrumento del poder político.