Trepanación: cirugía en la Prehistoria
Imagen extraída de PlanetaSapiens

En muchas ocasiones, la arqueología proporciona descubrimientos sorprendentes que nos acerca un poco a las civilizaciones antiguas y hace preguntarse qué se sabe realmente del pasado. De hecho hay descubrimientos que ponen en duda la más pura lógica. Uno de los descubrimientos más sorprendentes en la arqueología de campo puede ser la trepanación.

¿Qué es la trepanación?

La trepanación consiste en una operación en el cráneo de un individuo donde se le realiza unos orificios. En algunos yacimientos arqueológicos de época prehistórica, en torno a hace 8.000 años, han aparecido restos humanos con este tipo de operación. Una actividad que se realizaba con el individuo vivo. La arqueología destaca este hecho como uno de las primeras operaciones quirúrgicas de la Historia de la Humanidad. Pese a que contamos con estas evidencias arqueológicas, se desconoce con exactitud la razón por la que se realizaban estas operaciones durante la prehistoria. Algunas teorías destacan que podían pretender liberar presión del cerebro provocada por algún golpe o fractura, para “curar” dolores de cabeza o para sanar epilepsias.

Primeras evidencias de la trepanación

En 1865 un arqueólogo francés encontró mientras excavaba una tumba de época prehistórica, un cráneo con una perforación sobre la nuca. Al lado del cráneo encontró un trozo de hueso que encajaba perfectamente con el agujero de la nuca y además parecía que había sido pulido por uno de sus lados. Esto le hizo reflexionar y pensar que quizás podía tratarse de una especie de implante rudimentario para tapar el agujero pero era una idea casi imposible tratándose de un individuo de la Edad de Piedra.

Sin embargo, tras ser analizado, resultó que ese trozo de hueso no había sido pulido sino que se había regenerado de manera natural. Resultó que el hueso formaba parte del cráneo del propio individuo. Es decir, se le había cortado y se le había colocado nuevamente. Posteriormente, el trozo de hueso se regeneró en el cráneo del individuo para volver a cerrarse. Una conclusión tan sorprendente que fue ignorada por la comunidad científica.

Años más tarde, en 1960 Kathleen Kenyon, durante sus excavaciones en Próximo Oriente, descubrió un grupo de esqueletos del siglo VI a.C. con agujeros en sus cráneos que aparecían parcialmente cicatrizados. Ante tales evidencias, al final la arqueología aceptó estas evidencias como una de las operaciones quirúrgicas más antiguas pese a que no dejaba de ser sorprendente.

Lo más curioso de este tipo de operaciones en la prehistoria es que algunas personas que se sometían a esta operación sobrevivían. Se han encontrado muchos cráneos con estos agujeros a medio cicatrizar. El cuerpo humano regenera el hueso o la herida de manera natural, pero esto sólo puede ser posible con el ser humano vivo ya que si está muerto, las células no se regeneran.

No hay muchas evidencias del material que utilizaban. En época prehistórica, en las fechas más antiguas debieron usar, como no podía ser de otra manera, material lítico. El tesoro arqueológico que representa Pompeya ha dejado una gran variedad de instrumental quirúrgico con todo tipo de cuchillas, fórceps, y tenazas de muy variada utilidad. Lo que resulta llamativo son unos trozos de metal que servirían para tapar la herida abierta a modo de implantes.

Una actividad, la trepanación, que muestra las sorpresas que la arqueología puede ofrecer del pasado.

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