Nace la leyenda
Brasil rindió ayer homenaje a su último héroe. El estadio de Pacaembú lleno hasta la bandera disfrutó con su ídolo en el día de su despedida, tan solo fueron 15 minutos en los que no faltaron emoción y melancolía pero al llegar al periodo de descanso el fútbol de Ronaldo terminó para siempre.
No era el mejor partido, ni el mejor estadio, ni tan siquiera un rival como merecía la ocasión, pero ayer Ronaldo, el fenómeno, disputó sus últimos minutos sobre un terreno de juego, 15 minutos que supieron a gloria a todos los que amamos este deporte, y sobretodo a los que él nos hizo felices tantas y tantas veces durante su carrera deportiva. No le faltaron ocasiones de gol, todos jugaron para él mientras estuvo en el campo, Neymar, Robinho, todos intentaban ser artífices de la última asistencia para el astro, de lograr que se despidiera haciendo lo que más le gustaba, marcar goles, pero el portero de Rumanía, Tatarusani, aguafiestas inesperado en el día de ayer, no estaba muy por la labor.
Los minutos disputados ayer no fueron más que una prolongación de lo que ha sido el final de su carrera, un continuo querer y no poder. La enfermedad que le provoca el sobrepeso no le ha permitido en los últimos años alcanzar un nivel óptimo para un jugador de élite, no tengo la menor duda que sin ese lastre hubiera vuelto a deslumbrar como antaño, a recuperarse y volver a anotar goles como siempre, pero no ha podido ser. Se va el más grande de las últimas decadas, un ejemplo de superación en todas las facetas y por encima de todo una grandísima persona.
En el descanso del partido se despidió de todos, micrófono en mano y acompañado de sus hijos. El estadio de Pacaembú puesto en pie aplaudió durante varios minutos al delantero que más alegrias ha dado a su país estos años. La vuelta al campo fué emotiva, Ronaldo, que no dudó en ponerse al cuello una bandera brasileña lanzada desde la grada no podía contener la emoción, "me siento muy orgulloso de ser brasileño". Al finalizar la vuelta se dirigió al centro del campo y dedicó sus últimas palabras a los allí presentes: "antes de nada, pido perdón por no haber logrado meter ninguna de las 3 ocasiones que he tenido" entre sonrisas, "gracias a todos los que me habeís apoyado en lo bueno y en lo malo durante todos estos años", "nos veremos pronto pero fuera de los terrenos de juego, hasta siempre".
Así se apagó la llama. Ronaldo abandonó el campo con una ovación atronadora y dejó paso a los recuerdos, el gol maradoniano ante el Compostela, las malditas lesiones que tantas veces castigaron a sus rodillas, los mundiales, los tan añorados mundiales que ganó, y sobretodo sus goles, los goles del 9. Se terminó la carrera del jugador. Ahora nace la leyenda.
HASTA SIEMPRE FENÓMENO



