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André Ayew pone ritmo de Cuartos de Final

Soporífero partido entre Olympique de Marsella e Inter de Milán que resolvió el jugador ghanés con un cabezazo a la salida de un córner en el descuento. Ranieri y los suyos al borde del KO europeo.

André Ayew pone ritmo de Cuartos de Final
O.Marsella
1
0
Inter Milán

Buscó resolver en casa y minimizar daños en Francia, tras una racha malísima de resultados en Febrero, eliminado de Copa, y humillado en liga por Lecce (1-0), Roma (4-0), Novara (0-1) y Bolonia (0-3). Pero por algo al Inter le conocen sarcasticamente en Italia como la “Beneamata”. Y es que a este Inter tan apegado a la desgracia históricamente, al segundo plano a pesar de los inmensos gastos de fortunas en fichajes, apenas le queda poco más que dar la cara en Europa, ante un liderato a 14 puntos.

En Marsella sacó su cara más aspera, más oscura. Quiso defender un resultado a cero, para jugarse todo a una carta en el Meazza, rodeado de los suyos. Y el Marsella parecía un complice, un alma caritativa apiadada de los neroazzurri hasta que a André Ayew le dió por hacer lo que mejor sabe, jugar al fútbol. Y casi le rompe la cara al Inter. Desde el primer minuto hasta el minuto 70, los dos equipos se olvidaron de jugar al fútbol y se dedicaron a especular.

Hubo pocas ocasiones durante todo el partido. El primer tiempo fue más animado, con los dos equipos con la intención de disparar, pero no de acertar en la meta contraria. Las llegadas eran tímidas más bien, pero al menos se veía intervenir a Steve Mandanda y a Julio César, que tampoco tuvieron que limpiarse mucho polvo de las camisetas en el descanso. Parecía el Inter muy buen conocedor del papel a desempeñar en el Velôdrome marsellés. Orden defensivo, rigor táctico, salidas hacia arriba con pocos hombres y líneas juntas, evitando lo máximo posible la fluidez y la velocidad en el juego del rival francés.

El Marsella vivía de que la lenta defensa del Inter, envejecida con tipos que superan de largo la treintena como Lucio, Samuel, Chivu o el eterno capitán Zanetti. Ni mucho menos es una crítica a jugadores que hace dos años se mostraron a un nivel supremo para llevar la Orejona a la parte azul y negra de la capital de la moda. Pero la edad no perdona, y los cuerpos pierden velocidad. La plomiza defensa italiana premiaba al Olympique con faltas y más faltas. Faltas botadas por Mathieu Valbuena o Benoit Cheyrou, que sembraban el pánico en los defensores interistas cada vez que el balón volaba cerca de la meta del brasileño Julio César.

El primer tiempo no dió para mucho más, y el descanso apagó los pocos ánimos que tenían marselleses e interistas. Apenas hubo ocasiones en los primeros 25 minutos del segundo acto del choque, con Marsella e Internazionale midiendo sus fuerzas. Una voz corría por sus conciencias, y decía muy clara “No perder”. Los dos equipos mataron el escaso ritmo del primer tiempo, y lo dejaron en un ir y venir de faltas, parones y poco fútbol, en el que lo más importante era llegar intacto y sin heridas a la vuelta en el Giuseppe Meazza. Tal era el espectaculo de ínfimo que Azpilicueta, Uno Di Noi (uno de los nuestros), era el mejor del partido (sin desmerecer al ex de Osasuna, ni mucho menos). Mostró buen nivel el ex capitán de la sub 21. ¿Se acordará Del Bosque de él?

Esa tregua ficticia aburrió. Tanto aburrió que el Inter de Ranieri se conformó con tirar una vez a la portería de Mandanda en el segundo tiempo. Mandanda la paró sin dificultades, y los hombres de Didier Deschamps se olvidaron de que tenían portero desde ese momento. Llegó el minuto 70 del encuentro, y André Ayew recordó que era africano, ghanés para más señas. Recordó ese espíritu indómito de África, la eterna rebeldia del que tiene poco que perder y mucho que ganar. Recordó que los valientes son los que sobreviven, y eso hizo, ser valiente y echarse a su equipo a la espalda.

Al ghanés no le tembló el pulso y dió un recital en el tramo final. Arrancó el show con un cabezazo que mandó fuera de los dominios de Julio César por poco, lo siguió con otro cabezazo flojo, abajo, cuando estaba sólo frente a Julio César. No se rindió, era el motor del Marsella, puso marcheta hacia cuartos de final y guardó el número final para el descuento.

En una jugada individual suya, metió la diagonal hacia dentro desde la izquierda, y tan zurdo como inverosimil, sacó un extraño disparo que complicó la existencia a Julio César, que tuvo que sacar a córner el remate envenenado del hijo de Abedí Pelé. Y en el córner arribó la locura en Marsella. Centró Valbuena, Ayew le ganó la posición al defensor italiano, y remató picado hacia el segundo palo. Julio César hizo la estatua, y el ghanés llevó al frenesí a la ciudad mediterránea con ese gol que bien puede valer el pase a cuartos de final.

Marsella sueña con volver al escenario donde una vez fue Campeón de Europa ante el Milán, a Munich. Y el jugador ghanés puso en el descuento la primera piedra, en un partido que nadie recordará por su brillo ni por su juego, pero que puede marcar el comienzo de un hito para el club marsellés. Ranieri, tras la mala racha y la mala imagen interista, queda en el filo de la navaja. El Inter se ve obligado a remontar en casa. El Meazza hablará en tres semanas.

Ficha técnica:
O.Marsella: Mandanda; Azpilicueta (Fanni, m.80), Nkoulou, Diawara, Morel; Diarra, Cheyrou (Kaboré, m.84); Amalfitano, Valbuena, A.Ayew; Brandao (J. Ayew, m.73)
Inter Milán: Julio César; Maicon (Nagamoto, m.46), Lucio, Samuel, Chivu; Zanetti, Cambiasso, Stankovic; Sneijder; Forlán, Zarate (Obi, m.63)
GOLES: 1-0, m.93, André Ayew.
ÁRBITRO: Cüneyt Çakir (TUR), Mostró tarjeta amarilla a los marselleses Diawara y Obi y a los interistas Stankovic, Chivu, y Zarate.
INCIDENCIAS: Partido de Ida de los Octavos de Final de la UEFA Champions League. Encuentro disputado en el Stade Velôdrome de Marsella ante 42.000 espectadores
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