La aventura del Chelsea en Munich: la historia de Ulises y el cíclope Polifemo

Si Homero narraba en “La Odisea” cómo Ulises llegaba hasta Ítaca tras la Guerra de Troya, el Chelsea encuentra su propio paralelismo con su regreso hasta Londres tras proclamarse campeón de la Champions League en Munich. Didier Drogba, personificando al héroe griego al ser elegido mejor jugador de la final.

La aventura del Chelsea en Munich: la historia de Ulises y el cíclope Polifemo
La aventura del Chelsea en Munich: la historia de Ulises y el cíclope Polifemo

En La Odisea, Homero narraba un poema épico griego compuesto por 24 cantos donde describía como era el regreso de Ulises hasta Ítaca tras la Guerra de Troya. La mitología siempre ha tenido un resquicio donde poder contar las fábulas tradicionales en las historias que el fútbol brinda en un guión de noventa minutos.

Contaba el poeta griego las dificultades a las que Ulises tuvo que hacer frente antes de llegar a la isla de los Cíclopes. El héroe llegó a Cícones y mató a todos los habitantes de Ísmaro, a excepción del sacerdote Marón, que les regaló doce vasijas llenas de vino en señal de agradecimiento. La batalla dejó a la expedición de Ulises con 72 hombres menos antes de llegar a la isla de los Cíclopes. El Chelsea encuentra la analogía en su camino hacia Munich. Con Villas-Boas despedido, Abramovich recurría a Roberto Di Matteo para encarrilar la eliminatoria contra el Nápoles. El técnico italo-suizo, sin experiencia en los banquillos, ganó los octavos de final contra el Nápoles y los cuartos de final contra el Benfica, sin haber sido mejor en ninguno de los duelos. En las semifinales, el Camp Nou esperaba con el Barça como favorito. De allí salió con bajas (Ivanovic, Terry o Ramires entre los sancionados para la final), al igual que Ulises, pero consiguió remar hasta la orilla para llegar a Munich.

Desembarcaba el Chelsea en el Allianz Arena con Drogba y Lampard como referentes pero sin ser favoritos, papel que dejó en manos del Bayern de Munich. Si Ulises cometía el error de entrar en la cueva del cíclope Polifemo al llegar a la isla de los Cíclopes, la UEFA escogía el Allianz Arena, el campo del Bayern de Munich, como sede para acoger la final de la Champions League. El Chelsea, en territorio hostil.

Polifemo, gigante de más de dos metros, con un solo ojo y de áspero temperamento, apresó en su cueva a Ulises y sus hombres (que robaron el queso y la leche que criaban las ovejas del cíclope) obstruyendo la salida con una pesada roca que tan solo podía mover él mismo. El Chelsea repetía el guión que protagonizó durante las eliminatorias que ha ido avanzando en la Champions League. En ninguna fue mejor que su rival. Pero consiguió superar sus debilidades jugando sus bazas. El eterno dilema de ganar sin jugar bien. Agazapado y esperando los estoques del Bayern de Munich. Así era el juego del Chelsea. Roberto Di Matteo no cambiaba su modelo y era fiel al planteamiento que le llevó hasta Munich. El Chelsea quedó encerrado en la cueva del Bayern de Munich. Allí, acurrucado y a expensas de su rival, aguantaba los embistes.

Drogba es el Ulises del Chelsea. El héroe griego aparece retratado en La Odisea como un hombre astuto, de una tremenda inteligencia y con el espíritu de líder corriendo por sus venas. A Ulises se le ocurrió salir de la cueva de Polifemo emborrachándole con las doce vasijas de vino que le regalaron. El cíclope cayó de espaldas, ebrio por el sabor de la uva, mientras le preguntaba por su nombre. “Preguntaste, cíclope, cuál era mi nombre glorioso y a decírtelo voy. Ese nombre es nadie. Nadie. Mi padre y mi madre me llamaron de siempre y también mis amigos”, le susurraba al oído Ulises, mientras cogía una estaca de olivo prendida en llamas para clavársela en el único ojo que tenía Polifemo. Drogba emuló a Ulises. Cegó la luz del Bayern de Munich en la final con un gol de cabeza a través de un saque de esquina donde Boatenga fallaba en la marca y empujaba a Drogba para conseguir un mayor impulso al conectar con el esférico. Era el primer córner del Chelsea por los dieciséis que había lanzado hasta el momento los de Baviera. No se habían pronunciado durante la final pero Drogba tomó la palabra. A falta de escasos minutos para el final, el costamarfileño forzaba la prórroga mientras el equipo de Heynckes reculaba atrás y perdía protagonismo, incluso fallando un penalti lanzado por Robben.

Polífemo, ciego por la estaca de olivo, gritaba hasta llamar la atención del resto de los cíclopes, que estaban fuera de la cueva. Ellos preguntaban qué ocurría. “Nadie me mata de dolor”, gruñía, al tiempo que los gigantes se marchaban desconcertados, pensando que Zeus le habría castigado por algo en lo que obrase mal. La suerte se volvía aliar de cara al Chelsea. No merecía un triunfo en la final, pero la insistencia le acercaba el título. Aprovechaba Di Matteo para explotar su banquillo, con mejores galas que el del Bayern de Munich, sin apenas recursos por las sanciones. Heynckes no daba con la tecla para reactivar a su equipo. Mientras que Mario Gómez no lograba encontrar su ubicación en el área del Chelsea, Ribery acusaba la fatiga y Robben se desconcentró con el penalti fallado.

El Chelsea aguantaba el resultado y forzaba los penaltis. La reminiscencia les llevaba hasta Moscú, donde erraron en la tanda de penaltis contra el Manchester United. La tensión se cernía sobre el cielo de Munich. Y no podía empezar peor para el Chelsea. Mata fallaba el primer penalti mientras que el Bayern Munich tomaba la delantera. En los dos últimos lanzamientos, los muniqueses fallaban sus dos últimas penas máximas para que el Ulises del Chelsea marcara el tanto definitivo, lo que a la postre fue el título de la Champions League para el conjunto de Roberto Di Matteo.

El Chelsea había logrado encontrar la misma salida que Ulises y sus hombres hallaron al ocultarse entre la lana de las ovejas de Polifemo cuando éste quitó la roca para sacarlas a pastar. Mientras, los griegos se jactaban de la torpeza de Polifemo al tiempo que embarcaban en el barco que les llevaría hasta Ítaca. Polifemo, enfurecido, lanzó rocas para hundir al barco, pero ninguna lo derrumbó. Pidió ayuda a Poseidón, su padre, para que no llegaran nunca a su destino final.

Al igual que Ulises, el Chelsea tardó en llegar hasta donde quería. Decía Calderón de la Barca que “afortunado es el hombre que sabe esperar”. Abramovich ha tardado nueve años en conseguir su sueño. Le ha costado más de mil millones de euros, entre fichajes, sueldos, finiquitos y la contratación de ocho entrenadores. La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, algo a lo que amar y alguna cosa que esperar. Abramovich pagó en 2003 algo más de 140 millones de libras para borrar la deuda del club y convertirse en propietario, con un único objetivo en su cabeza. Ha tardado, pero lo ha conseguido. Ha sabido tener la paciencia necesaria. Al igual que Ulises, el héroe griego de La Odisea