Didier Drogba, el tótem del Chelsea

Didier Drogba, el tótem del Chelsea

El delantero costamarfileño ha sido el héroe del equipo dirigido por Roberto Di Matteo en la final de la Champions League. Munich no tuvo más remedio que rendirse a sus pies. Marcó un gol, cometió un penalti que falló Robben y anotó la quinta pena máxima del Chelsea. Avisaba en la previa de que no era un actor, por sus famosos piscinazos, pero mintió al mostrarse como el verdadero protagonista de la obra. Ha cumplido el sueño de Abramovich el mismo año que termina contrato con el Chelsea. Se ha ganado por mérito propio jugar donde quiera

En la previa, los focos no se centraban en él. Mucho menos antes y durante el gol de Thomas Müller. La condición de anfitrión hacía favorito a los locales. El Bayern de Munich jugaba en su casa, el Allianz Arena, mientras que el Chelsea pasaba a un segundo plano. Di Matteo había conducido al Chelsea a la final que menos han merecido en la última década. El resbalón de Terry, el gol fantasma de Luís García, el arbitraje de Ovrebo, las eliminatorias con el Barça… El fútbol tenía una cuenta pendiente con el Chelsea y Didier Drogba se enfundó el traje de cobrador del frac para atesorar la deuda a pagar.

Nadie esperaba verle en la final de la Champions League de Munich. Si la Historia es un devenir impredecible, no es para menos un deporte como el fútbol, inagotable fuente de narración de historias no sujetas a guiones y ataduras. El Chelsea iniciaba en julio un proyecto ambicioso basado en la renovación de su plantilla con Villas-Boas a la cabeza. Meses más tarde, la fractura del vestuario con el técnico, sumado a una idea de juego que no casó con la plantilla, acababa con el mandato del luso en el Chelsea. ¿Qué se podía esperar de un equipo desahuciado en marzo? Di Matteo cogió las riendas del equipo e imprimió un gen ganador asumiendo su papel de conjunto inferior. Menospreciaron sus habilidades pero se mentalizaron en la posibilidad de acallar las lenguas que les retiraban de la acción antes de tiempo.

La tesis casa con la figura que representa Didier Drogba. El costamarfileño es el emblema del Chelsea desde que firmara en 2004 por 24 millones de libras. No tuvo una vida fácil pues con cinco años de edad abandonó Abiyán para adaptarse a Francia. No pudo hacerlo y volvió tres años después a su país natal para mejorar su juego en un parking cercano a su casa.

Un estudiante de económicas sin vida familiar

No tardó en regresar a Francia. Sus padres perdieron el trabajo en Costa de Marfil y emigraron para reunirse con su tío. Estudiaba contabilidad en la universidad mientras compaginaba los estudios con el fútbol. El Le Mans militaba en la Ligue 2 y confió en él. Desde aquel momento, Drogba se convirtió en un chico problemático con muchas dificultades en su vida. Aparecieron las primeras lesiones, que afectaron al rendimiento en sus estudios.  Al entrenar y estudiar, no tenía tiempo para ver a su familia, perdiendo el vínculo emocional diario.

Tuvieron paciencia desde el club, consciente del potencial que tenía. Drogba cumplía 21 años y su vida le planteó la diatriba de elegir entre ser futbolista profesional o licenciarse como contable. Lo tenía claro: debutó con el primer equipo y firmó su primer contrato profesional. Ese mismo año, en Costa de Marfil se producía un golpe militar. La vida de Drogba cambiaba en todos los aspectos. Siendo aún un adolescente, obtuvo la madurez muy pronto casándose con su esposa Alla y teniendo a su hijo Isaac. Fue el punto de inflexión en su carrera, lo que hizo darse cuenta de lo seria que es la vida.

Los números de Drogba en Le Mans dejaban que desear. ¿Dónde estaba aquel potencial que vieron en él? Le vendieron por 80 mil libras al Guingamp, donde tampoco mejoró sus cifras. Una vez más tuvieron paciencia con él y en esta ocasión supo agradecerla. Marcó 17 goles en 34 partidos. No había marcha atrás. Los grandes equipos franceses llamaron a su puerta.

De Marsella a Londres

El equipo del Velodrome pagaba menos de cinco millones de euros por él. Mejoró su cuenta goleadora un año más y fue elegido jugador del año en la Ligue 1. No tardó en volar fuera de Francia. En Londres, un magnate ruso llamado Abramovich se hacía con la propiedad del Chelsea. Buscaba jóvenes jugadores que consiguieran su sueño: la Champions League.

El Chelsea pagó 24 millones de libras para incorporarlo a sus filas. Abramovich no tenía escrúpulos en tirar de chequera para construir un equipo de ensueño. No había un tope económico si el fin era edificar el mejor equipo de Europa. La grada de Stamford Bridge tuvo que esperar tres partidos para ver a Drogba en acción, donde anotó su primer gol. Desde esa temporada, Drogba se ha encargado de dar lecciones vistiendo la camiseta del Chelsea durante ocho años.

Desde el primer año, la Premier League se ha rendido a sus pies. No ha quedado más remedio. Es el ejemplo de trabajo y entrega, de lucha y coraje, de persistencia e inteligencia. Con la camiseta del Chelsea ha marcado más de 150 goles en más de 330 partidos. Los ha habido de todos colores. El rey del ébano ha demostrado que es imparable cada vez que encara la portería. Dos veces máximo goleadores en la Premier League (2007 y 2010), único jugador que ha marcado en cuatro finales de la FA Cup o Jugador Africano en dos años. Son algunos de los haberes que posee el mito.

El efecto contrario a la gaseosa

La última temporada de Didier Drogba con el Chelsea, tal y como estipula su contrato con la entidad, ha sido la menos acorde a su rendimiento anual desde que se convirtiera en jugador ‘Blue’. Su inicio dejó que desear. Sus cifras goleadores son las más pobres desde que fichase por el Olympique de Marsella. No había una explicación a su forma. No se podía pensar que el posible último año de Drogba en el Chelsea acabaría escribiendo estas líneas…

No lo iba a permitir. Drogba se puso el mono de obra y desde que Di Matteo agarrase el mando del equipo se vio una versión distinta. De menos a más durante la temporada. Su participación en la semifinal en el Camp Nou fue vital. Presionó, molestó, incordió y sacó de quicio a la defensa. La mejor versión en toda la temporada. Su leyenda se iba acrecentando aún más.

En su cabeza tenía una misión. El Chelsea había recibido interminables críticas durante todo el año y no iba a permitir cerrar su período de esa manera. Cuando los rivales o enemigos te presionan incansablemente, la reacción que pueden ocasionar en ti, puede ser tan impredecible incluso para nosotros mismos. Drogba sacó fuerzas de flaqueza y guió al Chelsea a conseguir la FA Cup. Días después, la final de la Champions League en Munich esperaba.

La gloria de los héroes

Nunca intentes predecir lo que ocurrirá en un partido de fútbol, porque los partidos, al igual que los hombres, son impredecibles. El Chelsea se anulaba por si mismo ante el Bayern de Munich. En ataque, Drogba era una isla. No conseguía tener el balón. El desenlace podría ser trágico, aún más, tras el gol de Thomas Müller. Pero un potente testarazo a la salida de un córner ponía las tablas e inflaba el orgullo del guerrero.

“No soy un actor”, decía Drogba en la previa, acusado por piscinero. Aunque lo negase por activa y por pasiva, demostró ser el protagonista de la obra. ¿Quién mejor que él? Llamarle leyenda se quedaría corto. Representa el tótem del club. Es un hombre poco desarrollado por la naturaleza. Jugadores como él escasean. Es el emblema protector de la tribu. ¿El futuro? Tan solo él lo sabe. Termina contrato con el Chelsea el mismo año que permite a Abramovich cumplir su sueño. Se especula con una posible salida a Turquía o a China. El éxito no se logra sólo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, de método y de organización. Se ha ganado por mérito propio jugar donde quiera. Tiene 34 años y la libertad de elección. La pelota está sobre su tejado.