Roberto Di Matteo, el dios de la medicina de Abramovich

El técnico del Chelsea encarna en la realidad a Asclepio, dios de la medicina de la mitología griega. El conjunto de Londres estaba desahuciado en marzo tras la dimisión de André Villas-Boas. Abramovich colocó a Di Matteo como técnico interino. Dos meses después, el italo-suizo brinda al magnate ruso el sueño con el que fantaseaba desde hace nueve años.

Roberto Di Matteo, el dios de la medicina de Abramovich
Roberto Di Matteo, el dios de la medicina de Abramovich

Llegó sin cartel ni expectativas. El Chelsea despedía a André Villas-Boas después de nueve meses (de julio a marzo) al frente de una plantilla que dio más ruido por sus rumores de desmembración en el vestuario que por sus tardes de gloria en Stamford Bridge. Abramovich buscaba un técnico acorde al sueño que quería dar forma desde hace nueve años. Un entrenador de Champions League. Sonaron muchos nombres pero recurrió a Roberto Di Matteo, ayudante técnico del luso, para adquirir el puesto de entrenador interino hasta junio.

El Chelsea era una plantilla que se arrastraba por los campos de Inglaterra. También por Europa, donde su juego en San Paolo en los octavos de final de la Champions League fue un auténtico fiasco.  Un año más se le escapaba el sueño a Abramovich, que veía imposible dar la vuelta al marcador en Stamford Bridge contra el Nápoles. Pero Di Matteo obró el milagro.

Sin ruido, a escondidas y asumiendo todas las críticas que hacían de su dirección del equipo. De esta manera llegó hasta la final de Munich, sin ser mejor que su rival en la eliminatoria, pero haciendo de su fútbol la mayor obra de practicidad jamás vista. Con los mimbres que tenía era casi imposible considerarle favorito en la Champions League. Ni siquiera darle un mínimo de opciones para llegar hasta la final. Jugó con lo que tenía, con lo que pudo. Pero la lección que ha dejado el Chelsea ganando la Champions League, contra todo pronóstico, es que el fútbol tiene un amplio abanico de estilos y de cultura con la que demuestra la riqueza de la diversidad.

Di Matteo encarna a Asclepio

Abramovich encontró la medicina que necesitaba la plantilla. Desanimada, apática, sin esperanzas en sí mismos y con la desmotivación de estar dirigidos por un técnico que no les agradaba. La vieja guardia mandó y el propietario del club escuchó las protestas.

Di Matteo ha sabido unir al vestuario. Los aficionados del Chelsea y los jugadores han conseguido idolatrarle. Son los únicos. La idea de juego no es bien acogida por el resto, pero a Abramovich no le importa. Le pidió ganar y no entretener. Y eso hizo. En apenas dos meses y medio, el Chelsea ha ganado la FA Cup y la Champions League en diez días.

El técnico del Chelsea representa en la realidad a Asclepio, dios de la medicina en la mitología griega. Fue concebido a raíz de la unión del dios Apolo y de la mortal Coronis, dando lugar a un semidios. A Asclepio le instruyó el centauro Quirón en las artes de la medicina y la caza, ante la atenta mirada de Apolo y Atenea, quienes se ocuparon de su educación.

Roberto Di Matteo también ha necesitado un cursillo urgente de aprendizaje. Llegaba con la única experiencia de sentarse en el banquillo del West Bromwich Albion, del que fue despedido tras sumar una gran racha de partidos sin conocer la victoria. Ya en el Chelsea, se llegaron a burlar de hasta como John Terry mandaba más que él desde el banquillo. En vez de sumirse en la miseria, en bajar los brazos y sentirse inferior, Di Matteo tomó las enseñanzas como propia para adiestrarse en las sombras y en las dificultades.

Como Asclepio, Di Matteo demostró ser un hombre con determinadas habilidades. No era un prodigio táctico, ni siquiera triunfa por sus ideales a la hora de colocar a sus jugadores sobre el campo. Pero es astuto y domina las técnicas que maneja. Sabe de sus debilidades y a raíz de éstas, edifica el plan de ataque del Chelsea. Igual que Asclepio, que desde joven dominó el arte de la resurrección, devolviendo la vida a un gran números de personas, como a Hipólito (hijo de Teseo, héroe del Ática).

El rayo de Zeus

Di Matteo obró el milagro de Munich. Abramovich necesitaba de un antídoto para buscar la reacción de sus jugadores. No solo lo encontró, sino que se lo confiscó al Bayern de Munich, que se envenenó con el aguijón de Drogba - el escorpión del Chelsea en la final – sin tener el fármaco que le eliminase de las venas la toxina.  

La victoria del Chelsea en la Champions League es tildada de milagro, conseguido con Di Matteo en el banquillo. Toda una proeza a guardar. La peor final de una Champions League con mayor emoción jamás vista en la historia. Sin ser los favoritos, han superado todas las adversidades habidas y por haber. El titubeo recae en las formas con las que se ha conseguido. No practicó un bello fútbol pero ha demostrado la gran competitividad de un equipo destinado al fracaso desde el comienzo de la temporada. Una plantilla desahuciada que ha sabido reinventarse en apenas unos meses. Es el triunfo a la capacidad de competición. El premio por no bajar los brazos cuando la sociedad deportiva presionaba para que lo hicieran.

Horas después de proclamarse campeón, aún resisten las críticas cuestionando las formas de ganar sin jugar bien del Chelsea. Siguen recibiendo críticas pero la Champions League de la temporada 2011-2012 está grabada con el nombre del equipo de Roberto Di Matteo. Ha aguantado y está  gestionando a la perfección todas las críticas. Con una sonrisa en la cara, mientras los ojos rasgan sus facciones, presume de título. Al igual que Asclepio, que siguió resucitando muertos a pesar de los avisos del dios Zeus, que no estaba conforme con la resurrección de los mortales al temer que se complicase el orden del mundo.

Los conocimientos de medicina de Asclepio le hacían un hombre venerado y respetado. Zeus no aguantó más y mató a Asclepio con su rayo cuando éste resucitó a Hipólito en Trecén. No compartía la idea de que un semidios jugara delante de los mortales con los poderes de los dioses. Ahora, a Abramovich se le plantea la misma diatriba que a Zeus. Tiene la potestad para decidir libremente el futuro de Roberto Di Matteo. Nueve años después le ha brindado el título que entrenadores como Mourinho, Scolari o Ancelotti no pudieron darle. Al contrario que Asclepio, Di Matteo no era venerado nada más que por sus propios jugadores. El desenlace forma parte de las decisiones de Abramovich, que tendrá que valorar si darle vida al mito, o en cambio, matar de un rayo al técnico campeón de la Champions League.