Mourinho y los falsos riesgos

Mourinho y los falsos riesgos

El Real Madrid protagonizó una fabulosa remontada ante el City de la que Mourinho se vanaglorió posteriormente. No había motivo, pues la supuesta gallardía a la que adujo no fue deseada sino irremisible, tanto como sonrojante su arcaico planteamiento de salida.

Ayer, cuando el reloj quería marcar las 22:30, las agujas se empezaron a tambalear de estruendo. El ruido provenía del Santiago Bernabéu, un estadio que estallaba de rabia, gritaba y aplaudía con las manos aún ligeramente ensalivadas por estar preparadas para despedir a su equipo con una sonora pitada. Alguno, en el paso del pitido al aplauso, probablemente se mordiera un dedo. ¿La razón de los vítores? Una fabulosa remontada en cuestión de minutos ante todo un Manchester City.

Tal y como dijo Mourinho en rueda de prensa, y tiene toda la razón del mundo y más en este aspecto, el volteo del marcador provocó a la par que la citada alegría del respetable el "¡STOP!" en las rotativas nacionales. Cambio de planes, y paso en segundos del titular sentenciador a la portada apelando a lo divino del Real Madrid. "¡La décima, la décima!" proclaman enardecidos los que preparaban la guillotina para Mourinho, Cristiano, Higuaín, Mendes... -ah no, que este no juega- y compañía.

Pero hasta ahí llegan los aciertos del entrenador portugués en la tarde-noche de ayer martes 18 de septiembre. Uno y no más. Porque su alineación inicial sobrepasó con creces, y lo tenía difícil, la racanería más absoluta. Trivote con Essien y Khedira por delante de Xabi Alonso, lo cual puede ser recurso puntual pero nunca piedra angular en un partido de Champions League en tu propio estadio. Atentos a la visita al Camp Nou del día 7 de octubre, porque visto lo visto ayer, cuando tenga a todo un Barcelona delante quizás toque repescar a Helguera y dar descanso a Cristiano por una vez.

El equipo pagó el planteamiento cobarde, y ejerció un dominio demasiado estéril en los primeros 45 minutos. El técnico luso condenó a sus jugadores al pelotazo situando a Xabi Alonso casi como tercer central, lo que minimizaba su impacto, limitado al balón largo, arte en la que es especialista. Pero el tolosarra  no es mago, y alejado en demasía de la zona de influencia su juego se tornó previsible. Con dos perros de presa como Essien y Khedira por delante, ejerciendo ambos una presión muy vistosa pero poco efectiva y mostrándose totalmente romos con el balón en los pies, el Real Madrid se encomendó a las individualidades. Solo sorprendía cuando Cristiano Ronaldo, que abusó de la debilidad de Kompany, o Di María rompían al espacio en velocidad, pero faltaba un delantero, con Higuaín viviendo un episodio más en su eterno desamor con la Champions League.

Capítulo aparte merece Marcelo, que fue clave en el encuentro. El lateral brasileño, ya sin ningún género de dudas el mejor del momento -de los que juegan en la siniestra al menos-, tuvo una actuación majestuosa. Llegando desde atrás, combinando con Cristiano o con quien se le ofreciera, llegando, centrando, disparando y hasta marcando y con la mala. Pero los tres citados eran un oasis en un desierto de desesperación. Circulación de pelota lenta, mala e imprecisa, y repliegue defensivo paupérrimo y lento. Causa de ello fueron las ocasiones a la contra del City, y así llegó el gol que disparaba los primeros pitos.

No hicieron gran cosa los citizens, con un entrenador aún más cobarde que José Mourinho, pero que fue más práctico y no disimuló. Y en un contragolpe aprovechó un planteamiento arcaico de The special one. Pepe marchó a tapar a su par veinte metros en campo contrario, llegó tarde y dejó a su espalda un vasto césped por el que Touré y Dzeko camparon a sus anchas hasta que el bosnio llegó y batió a San Íker, ayer un poquito demonio. A buen seguro que Khedira o Essien podrían haber hecho más para detener el ataque que Alonso. Pero él no tiene la culpa de que le desubiquen.

Se abrieron entonces las hostilidades y Mou, como dicen hoy todos los medios, fue valiente. Pero lo fue porque no le quedó más remedio. Sacó a los tres genios que se dejó en el banquillo -a la sazón OzilBenzema Modric- y cambió la cara del equipo por completo. Ahora había pases, la pelota corría y los blancos dictaban el tempo del encuentro. Las llegadas antes embarulladas eran ahora clarividentes, y fruto de ello cayó el empate con el tanto de Marcelo. Todo se ponía de cara, mas un nuevo fallo defensivo castigaba la racanería con una derrota casi segura.

    

Pero 90 minutos en el Bernabéu son "molto longo", y vaya si lo fueron para el City. Benzema, cuyas prestaciones aumentan cuando el rival le aprieta y la situación es para hombres, marcó un golazo de delantero centro para dar un último estertor a los suyos, que de mano de Cristiano, quién si no, y con algo de fortuna lograban el 3-2.

La lectura del mundo del fútbol esta mañana cuando uno coge la prensa se me hace totalmente equivocada. La victoria no debe tapar las miserias de un equipo que viste un traje que le queda muy pequeño, por más que el modisto se empeñe en que le sienta como anillo al dedo. El Dios del fútbol le premió con una victoria que el portugués debería interpretar. Ayer valió con sacar a los buenos, pero el próximo día seguro que será tarde. Que no disfrace la remontada ni se intente apropiar de un éxito inmerecido, porque ayer fue valiente cuando no le quedó más remedio. Lo mejor, la victoria. Lo peor, que José Mourinho no habrá aprendido nada de ella.

Fotografía Essien: Defensacentral.com
Fotografía Marcelo: Teinteresa.es
Fotografía Cristiano Ronaldo: Reuters