La creciente soberbia española

En esto del fútbol, cada vez es más frecuente escuchar y leer comentarios, valoraciones u opiniones desde el mundo del periodismo deportivo de nuestro país totalmente impregnados de soberbia.

La creciente soberbia española
La creciente soberbia española

En la tarde del viernes ha comenzado la Eurocopa de Naciones 2012. El partido inaugural, el Grecia-Polonia, se saldó con empate a 1, pero este Servidor no pudo ver la última media hora de partido, ya que tuvo que hacer un viaje.

Tras el empate de la selección helena anotado por Salpingidos, el encuentro se puso muy interesante, así que, como buen amante del fútbol, tomé la lógica e impulsiva decisión de encender el aparato de radio del coche para estar al tanto de cómo finalizaba dicho partido inaugural. Y para ello sintonicé una célebre cadena de ámbito estatal, tampoco tengo muchas más para elegir, debido a la ‘pluralidad’ que reina en la distribución de antenas radiofónicas.

El caso es que durante la media hora que tuve que disfrutar de la emoción del final del encuentro y, a su vez, padecer los comentarios de tanto ‘periolistillo’, escuché un comentario que me pareció inapropiado y, a su vez, bastante soberbio: qué bien juega España.

Es obvio que España no estaba disputando en ese momento ningún encuentro, por lo que dicha declaración solo tenía una intención: ridiculizar a los dos equipos que estaban jugando el partido, Grecia y Polonia, y su manera de entender el fútbol, exaltando el estilo de España y estableciéndolo como patrón comparativo, para quedar a la altura del betún a helenos y polacos.

Pero no fue el único comentario en esa dirección, ya que hubo varios, incluso al final algún iluminado se atrevió a bromear con súplicas al árbitro de que no añadiera minutos para prolongar lo que ellos, continuamente, calificaban de ‘tostón’, ‘bacalá infame’ u otras perlas que solo daban a entender una opinión muy simplona y barata: los griegos y polacos no saben jugar al fútbol. Pero tampoco sabía jugar a fútbol el Chelsea, que fue dibujado en la prensa española como ‘el antifútbol’, ni tantos otros equipos, pero la Copa de Europa está en Londres, pese a que nuestros líderes de opinión hayan debido de olvidarlo. No obstante, cabe destacar que las opiniones vertidas durante la emisión que estoy citando no son, ni mucho menos, un caso aislado ni propio de ese medio de comunicación.

Esta actitud denota varias cosas. La primera de ellas es una cerrazón a la hora de entender el fútbol. Seguramente la mayor parte de esos periodistas españoles que, como si de una secta se tratara, defienden como única, legítima y suprema manera de entender el fútbol aquella que busca la posesión y el juego de ataque, no hayan dado una patada a un bote en las últimas décadas, pero da igual, solo existe una forma de ver el fútbol, y todo lo que se salga de ahí es el ‘antifútbol’. Como si los equipos y selecciones se distribuyeran en ‘buenos’ y ‘malos’ de esta película.

También denota unos niveles de prepotencia y soberbia incalculables, ya que las comparaciones con España y su estilo son constantes, machaconas y se repiten más que las morcillas. Un patriotismo exacerbado que sacan a la hora de hablar de fútbol, pero que niegan en otro tipo de circunstancias, no vaya a ser que te puedan tachar de ‘facha’. Pero en el fútbol ser ‘facha’ parece política de Estado. El juego de la selección es una oda al deporte del balompié, es, como diría Platón (que era griego, por cierto) la idea de fútbol. España es al fútbol lo que el canon de Praxítieles (también griego) lo fue a la escultura clásica (también griega). Y los demás son unos simples desgraciados que nos envidian y que, ¡Oh, Pobrecicos!, juegan a fútbol muy mal.

¿Tan difícil es respetar que cada equipo es como es, que cada selección juega como juega y que hay diferentes maneras de plantear los partidos? Parece que sí.

Esta casta periodística habla de las selecciones, llamémoslas no glamourosas o políticamente incorrectas, con un continuo y molesto tono de sarcasmo, que denota que tienen el respeto donde la espalda pierde su nombre. Así lo hacían en las competiciones europeas de clubes, donde desde todas partes se daba por hecho una final española en la Champions League, que terminaron disputando Bayern y Chelsea; y otra en la Europa League, donde no se coló el Sporting de Lisboa de milagro.

Tal vez no le venga mal a esta secta de iluminados balompédicos que alguien les recuerde ciertas cosas. Yo, desde mi humilde voz, voy a tratar de hacerlo. Queridos analistas, el fútbol no nació en 2008. Es más, tampoco nació en España. Ah, y se me olvidaba, en el fútbol gana el que más goles mete en la puerta contraria, y no el que se decora con más filigranas o tiene más posesión de balón o más llegadas al área.

Tampoco está de más hacer un poco de memoria y recordar que no siempre fuimos grandes campeones, ni dominadores del fútbol mundial ni europeo. Hubo un tiempo en el que España era ‘el pupas’ de los torneos internacionales, con la continua maldición de los cuartos, los perjuicios arbitrales y la mala suerte.

A más de uno se le ha subido la estrella del mundial a la cabeza y parece haber olvidado muchas cosas en pro de una soberbia futbolera que empieza a caracterizar a este país y que, como español que soy y orgulloso de ello me siento, me avergüenza de manera considerable.

Aunque viendo la tasa de paro, la prima de riesgo, la deuda y los deberes que nos mandan desde Bruselas, creo que soberbia, la justa.

Me gustaría que la próxima vez que encendiera la radio para escuchar un partido entre selecciones terrenales y no galácticas, escuchara comentaristas narrando el partido, desde el respeto, y analizando rigurosamente y con seriedad a los equipos. Creo que animar a tu selección y amar a tu país es perfectamente compatible con respetar a los demás. Pero a veces siento que soy el único que lo piensa.