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Auschwitz-Birckenau: una visita que hace reflexionar

Una delegación de miembros de la Federación Alemana de Fútbol visitó hoy el campo de concentración de Auschwitz-Birckenau, como parte de la campaña en contra del racismo, antisemitismo y xenofobia que UEFA y la DFB llevan a cabo.

Auschwitz-Birckenau: una visita que hace reflexionar
Resulta difícil sonreír en un lugar que causó tanta miseria. Imagen cortesía de Picture Alliance (vía kicker)

Fue un día lúgubre, en un lugar tenebroso acompañado de un muy acorde clima lluvioso. Joachim Löw, Oliver Bierhoff, Miroslav Klose, Philipp Lahm y Lukas Podolski, junto a oficiales de la Federación Alemana de Fútbol, paseaban en el infame campo de concentración de Auschwitz-Birckenau, uno de los escenarios más sangrientos e inhumanos de la Segunda Guerra Mundial. La razón de ser de esta visita requiere una explicación del contexto.

La Alemania moderna goza de la bendición de ser una sociedad multicultural, compuesta en casi el 20% por ciudadanos provenientes de otras naciones. Desde la minoría más populosa, la turca, hasta pequeñas colonias de expatriados de todos los rincones del mundo, incluyendo latinoamericanos y españoles, la diversidad suele reinar en las calles de los principales centros poblados de la nación con mayor cantidad de habitantes de Europa. Sin ir muy lejos, Berlín, capital de la República Federal, alberga a la tercera comunidad turca más grande del mundo; sólo detrás de Istambul y Ankara.

El pasado ha dejado una huella muy profunda en la psique de la nación entera. Cualquier referencia a lo ocurrido durante los años de la guerra genera de forma inmediata incomodidad en los alemanes. La juventud, estando ya a varias generaciones de lo ocurrido, han tomado una actitud que muchos historiadores consideran más apropiada. Entienden que lo ocurrido fue desgarrador, pero más es el énfasis en evitar que algo así vuelva a ocurrir que en reflexionar sobre algo tan deprimente.

UEFA, órgano superior del fútbol europeo, por su parte, lidera una campaña en contra del racismo que muchos tildan de inquebrantable. Es la principal bandera del actual presidente, Michel Platini, quien ha promovido reformas en los códigos de disciplina y las leyes que rigen al fútbol para que las sansiones por discriminar a una persona por su color de piel, credo o país de origen sean más pesadas y mejor cumplidas. En las naciones más desarrolladas del continente, la implementación de dichas leyes ha sido relativamente sencilla. De por sí, varias naciones -Alemania,Francia y el Reino Unido, principalmente- venían llevando a cabo proyectos para fomentar la tolerancia en la sociedad.

El problema yace más en manos de países con menor capacidad de respuesta al tema, o con menor trayectoria en la lucha en contra de la discriminación, donde trámites burocráticos y a veces, la falta de voluntad política de llevar a cabo dichos cambios, suelen retrasar la aplicación de las medidas más novedosas de UEFA. Entre estos países se encuentran los dos anfitriones de la Euro 2012: Polonia y Ucrania. 

Curiosamente, son dos de las naciones que más han sufrido por discriminación en la historia moderna. Varsovia y Cracovia debieron soportar ver a su población judía ser acomodada en los infames guetos, donde esperarían a ser deportados a campos de concentración. Por su lado, Ucrania vio morir a muchos de sus ciudadanos a causa de rifles soviéticos, en uno de los exterminios más grandes (algunos estiman que murieron más ucranianos bajo manos soviéticas que judíos bajo manos nazis) y más olvidados de la historia.

Sin embargo, ello parece haberse olvidado hace algunas décadas, pues la violencia en los estadios es una de conducta homofóbica y xenofóbica. Los ultras hace saludos romanos, gritan cánticos sobre la supremacía racial y acosan a miembros de otras etnias. Uno de los principales temores de no sólo UEFA, sino de la prensa internacional, así como de las personas que tienen pensado ir a la Euro, es que esa reputación sea más verdad que ficción. Sumado a problemas políticos en Ucrania, que han puesto a toda la Unión Europea en contra de la decisión de otorgarles el privilegio de ser un país sede, la presión ha llegado a los jugadores.

En este escenario, y un día tras haber jugado ante Israel, curiosamente, la delegación alemana hizo presencia en uno de los campos de concentración. Como de esperarse, el ánimo fue espeso y difícil de llevar para quienes asistieron. Poco o nada hablaron entre sí los jugadores, dos de los cuales nacieron en Polonia. Las críticas de la prensa deportiva en vísperas a la visita rozaban en lo insensible, incluso; argumentando que era más importante estarse preparando para el torneo que estar asistiendo a actos de carácter político.

Philipp Lahm, capitán de la selección alemana, había adelantado que se visitaría Auschwitz en una entrevista bastante atípica para un jugador de fútbol con la revista Focus. El énfasis fue en la política, en Yulia Timoshenko, en la conciencia social y política que se le ha de exigir a los futbolistas y sus dirigentes, así como de la censura y los regímenes totalitarios. Lahm decía que no veía nada de malo en ir a visitar a un lugar donde buena parte de la historia moderna alemana fue escrita. Que, al igual que las sesiones de entrenamiento, este tipo de actos tenían su propia importancia. Al fin y al cabo, la violencia y la discriminación racial y étnica siguen siendo un problema en nuestras sociedades cada vez más cosmopólitas. 

"Con esta visita, queremos enviar el mensaje que un capítulo tan oscuro en nuestra historia nunca pasará al olvido y nunca volverá a ocurrir", dijo Oliver Bierhoff, director general de la DFB. Para un país con motivos lo suficientemente obvios para querer estar en la vanguardia de la lucha en contra de la discriminación, es menester cumplir con estos actos y vivir con el legado de sus acciones.