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El duelo que importa: Alemania vs. Holanda

Es momento de ahondar en la rivalidad que verdaderamente pone a hervir la sangre de Alemania entera, en lo que fútbol se refiere.

El duelo que importa: Alemania vs. Holanda
El gesto que provocó que Alemania comenzara a detestar a Holanda: Ronald Koeman "limpiándose" con la camiseta de Olaf Thon

El pasado reciente suele engañar a nuestra mente y nos hace creer cosas que no son. Que los jóvenes consideren a Lionel Messi como un jugador más habilidoso que Johan Crujff y a la par con Pelé y Diego Maradona refleja ello. También, nos ha hecho olvidar cosas que eran ciertas hasta hace una generación atrás. Los mitos que muchos creen sobre la grandeza de España; que Alemania siempre ha sido superior a Inglaterra; y que Holanda siempre ha sido la Naranja Mecánica. Hace falta aclarar el pasado neerlandés en el fútbol antes de entrar en los pormenores de una rivalidad mucho más amarga que la previamente analizada.

Hasta los años 70, Holanda era una de las selecciones de menor calidad en Europa. No clasificó a ningún Mundial después de 1938 y antes de 1974, y tenía un palmarés a la altura del de Luxemburgo. No era más que una de las pequeñas selecciones europeas que era paseada una y otra vez por sus oponentes. De hecho, el último encuentro entre alemanes y holandeses, previo a la final de 1974, terminó en un abultado 7:0 para los de blanco. Importante tener esto en mente cuando lidiando con la historia futbolística holandesa.

Ahora entrando al tema, la rivalidad entre ambos nació el mismo día que la final del Mundial 1974 se jugó aquella tarde muniquesa. Era el duelo entre las dos mejores selecciones del torneo, ambas con filosofías de juego completamente opuestas. Unos veían al deporte como un juego en el que todos subían y todos bajaban; aquellos que jugaban al hoy estilo conocido hoy día como Fútbol Total (o Total Voetball). Otros, los anfitriones, que eran más pragmáticos y contundentes que vistosos y creativos; aquellos apodados como los Panzer, por su fortaleza, rudeza y mortal precisión. Sin lugar a dudas, sería el choque estilístico y conceptual del fútbol: el fútbol como arte vs.  el fútbol como resultado. Como sabemos, el resultado fue un 2:1 para Alemania, quien remontó el partido tras encajar un gol en el comienzo. Acá es donde la historia comienza a jugar su parte para convertir a este encuentro entre selecciones en una de las rivalidades más amargas que hay en el fútbol.

Como de suponer, la gran raíz de la germanofobia holandesa es la Segunda Guerra Mundial, específicamente la ocupación de los Países Bajos. Es importante recordar eso, que Holanda fue ocupada, no invadida y mucho menos luchada. Por ende, los horrores de un frente de batalla no fueron presenciados en esta parte del continente. Hubo, por lo contrario, cooperación en muchas cosas, incluyendo la peor desgracia que ocurrió en la Guerra. Entonces, el país no vivió aquel trauma que el resto de los participantes sí vivió. Nunca hubo una épica lucha entre invadido e invasores, ni una fuerte resistencia civil, ni nada que dejase marcas palpables en la psique holandesa. Lo que sí quedó fue una sensación de despojo, de no poder quejarse ante tamaña arbitrariedad, ante el silencio cómplice de las mismas autoridades neerlandesas. Ese sería el trauma de la Guerra para Holanda.

“Los eventos de Múnich, 7 de julio, 1974 están grabados en el alma de los holandesas de la misma manera que Dallas, 22 de noviembre de 1963 lo está en las almas americanas. Sería obsceno sugerir una similitud entre la horrenda muerte del Presidente Kennedy y el perder solo un partido; pero en toda Holanda, hombres adultos lloraron el día que los holandeses perdieron el Mundial contra sus vecinos. Una encuesta de un canal de televisión que fue hecha conmemorando los 20 años de la final del ’74 reveló que todos los holandeses vivos para aquel entonces recuerdan exactamente dónde estaban y qué estaban haciendo el día de la derrota. “, escribió David Winner en su libro “Naranja Brillante: el genio neurótico del fútbol holandés”.  Allí mismo cita al dramaturgo Johan Timmer, quien estudió las consecuencias de dicho partido y que concluyó: “La derrota de 1974 es la tragedia más grande de Holanda en el siglo XX, apartando las inundaciones de 1953 y la Segunda Guerra Mundial”. El contexto de este duelo no puede perderse de vista para poder entender su magnitud.

Tampoco es de obviar la soberbia con la que Holanda se dispuso a jugar. En vez de concentrarse en definir el partido, se dedicaron a toquetear el balón de forma burlona delante de los alemanes. Por supuesto, una vez que los locales tuvieron el balón, cayeron dos goles que dejaron sin reacción a Holanda hasta finales del juego, cuando sí intentaron ganar el partido.

El equivalente en fama holandés al “Aus, Aus, Aus! Das Spiel ist Aus!“ de Herbert Zimmermann fue el „Zijn we er toch ingetuind!“ de Herman Kuiptopf, significando “Nos han engañado otra vez”. Esto levantó gran controversia, pues se asumió que Herman hacía referencia a la Segunda Guerra Mundial, y cómo Alemania terminó ocupando Holanda. El locutor ha negado a lo largo de su vida que se refería a la Guerra.

Entonces, si las consecuencias fueron tan graves para uno de los involucrados tras solo un partido, esto no podía dejar de ser algo digno de tomar en cuenta para futuros choques. El siguiente gran encuentro entre ambos sería en el siguiente Mundial, cuando empataron a dos goles, sin que pasaran mayores incidentes. Luego, en la Euro 1980 terminó en un apretado y entretenido 3:2 a favor de la selección nacional alemana. El siguiente choque en partidos oficiales, sería en la Euro 1988 jugada en Alemania. El partido pasaría a la historia como uno de los más forcejeados y disputados en el torneo. Tras la humillación de perder como locales, hubo un añadido que convirtió a esta rivalidad hasta el momento deportiva, en una con tintes de patriotismo y ganas de ofender al otro. Ronald Koeman intercambió camisetas con Olaf Thon y luego simuló limpiarse el trasero con ella, en el medio del campo de un estadio aun lleno de alemanes. Por supuesto, la reacción de la prensa y la sociedad alemana no se hicieron esperar, y así nació el odio entre ambas partes. Lógicamente, el siguiente choque de 1990 sería el más explosivo.

En el juego entre ambas naciones en Milán, ciudad en la que tres holandeses y tres alemanes jugaban para el AC Milán y el Internazionale respectivamente, se vivió un partido tenso desde el comienzo. El clímax del juego llegaría con el escupitajo de Rijkaard a Rudi Völler. Ambos jugadores fueron expulsados por el árbitro. La victoria alemana significó vencer su primer gran obstáculo para conseguir su tercer Mundial. Holanda tendría que conformarse con un quinceavo puesto.

La fealdad en la rivalidad entre ambos conjuntos simplemente siguió escalando en los años subsiguientes. Los enfrentamientos entre hooligans alemanes y holandeses en la frontera de ambos países eran comunes, los ataques en prensa de parte de periódicos de ambas naciones frecuentaban, por mencionar algunas características de esta amarga rivalidad. Describiendo la enemistad, David Winner dice lo siguiente: “Para este momento, las autoridades holandeses estaban buscando solucionar el daño hecho. En su alocución navideña de 1995, la Reina Beatriz se sintió obligada a recordarles a los holandeses que la Segunda Guerra Mundial había sido un período oscuro, en el que muchas cosas tenebrosas ocurrieron, incluyendo a la cooperación con los nazis, así como la resistencia a ellos. Ese mismo año, se disculpó en el Knesset israelí por la conducta de los holandeses con respecto a los judíos durante el Holocausto.

Para finales de los 90, intelectuales holandeses ya venían sintiendo desconcierto con respecto a las actitudes anti-germanas. El guionista friso, Bouke Oldenhof, lo dijo de forma particularmente fuerte: La gente usa a la guerra como una forma de legitimar moralmente una cosa muy delicada; quizás la misma emoción que sentían los alemanes por los judíos, por decirlo de manera tosca. El odio futbolístico hacia los alemanes ha existido por solo diez, quizás veinte años y no tiene nada que ver con la guerra. Dicen que sí, pero es mentira. Hace más de 50 años que terminó la guerra. Los alemanes tienen muchos más problemas con la guerra que nosotros. Nací veinte años después de la guerra, así que ¿por qué debería sentir algo en contra de los alemanes? Siempre odias a tu hermano mayor. Los frisos tenemos algo de bronca con los de Amsterdam. Y la gente de Holanda Occidental tienen esa misma sensación con los alemanes”.

Sin lugar a duda, esta rivalidad ha terminado permeando en mucho más que resultados deportivos. Hoy en día, si bien los ánimos se han calmado, sigue habiendo fuerte rivalidad entre ambos conjuntos. Particularmente los alemanes, quienes no ganan un título desde 1996 –la sequía más larga de la historia de la selección desde que ganaron el Mundial 1954-, sienten la necesidad de humillar a los holandeses. También, en la opinión pública neerlandesa, el sentimiento anti-alemán ha disminuido. La fuerte presencia de técnicos y jugadores en la Bundesliga ha ayudado a abrir puertas de diálogo entre fanáticos de ambos países. De hecho, ocho de los convocados de Holanda para el partido ante Alemania el 15.11.2011 jugaron o juegan en la máxima liga teutona, así como tres de los jugadores titulares del venidero encuentro entre ambas selecciones.

Habiendo pasado lo peor, quedó solamente la reacción alemana al amargo y ofensivo revanchismo histórico de los holandeses. Hoy, cuando son insultados por alemanes, no tienen que hacer más que aceptarlo, tras dos décadas de recordarles a los germanos un tema tan delicado en Alemania como la Segunda Guerra Mundial. Una cita que puede resumir por qué aun se siente tanto el tema de la Guerra y Hitler en Alemania fue dejada por el ex embajador alemán en Gran Bretaña, Thomas Matusek, en el 2005: “La vergüenza y culpa que los alemanes confrontan diariamente, de forma más severa y obsesiva que quizás cualquier otra nación del mundo, no es la vergüenza y culpa de perder una guerra, sino la vergüenza y pena de haber comenzado una”.