La delgada línea que separa el heroísmo del desprecio

Fue elevado a categoría de semidiós tras conseguir el primer puesto de la fase de grupos, después de que consideraran que su elección como seleccionador era un error. Los elogios que ha recibido Hodgson al superar a Francia en el Grupo D llegaron excesivamente pronto. Los medios de comunicación locales consideraban imposible que Inglaterra cuajara un buen papel. Y así fue. El seleccionador planteó un estilo mezquino y poco vistoso. Pero obtuvo éxito para llegar hasta los cuartos de final de la Eurocopa y evitar a España. Cayó con merecimiento contra Italia, presa de su posesión y a expensas de un contraataque que matara el partido pero que nunca llegó. Ashley Young o el estado de forma física de Scott Parker han sido las decepciones del combinado de Los Tres Leones durante el torneo.

La delgada línea que separa el heroísmo del desprecio
La delgada línea que separa el heroísmo del desprecio

Contaba un proverbio africano que lo que el viejo ve estando sentado, no lo percibe el joven que está de pie. Con 64 años, la elección de Roy Hodgson como seleccionador fue una de las más discutidas durante el mes de abril y mayo. En parte, con razones argumentadas, como por ejemplo su escaso éxito cosechado con equipos grandes como Inter de Milan y Liverpool o sus planteamientos más acordes para equipos pequeños y que no cuentan con la presión de una selección o de un equipo obligado a triunfar. Por otro lado, menos fundamentadas como que era demasiado mayor para un puesto como el de seleccionador. Fue por esta condición de veteranía por la que la FA optó por elegir a Hodgson, aparte de las condiciones económicas que dificultaban la contratación de Harry Redknapp, con contrato en vigor por aquel momento con el Tottenham Hotspur.

La participación de Inglaterra en la Eurocopa es un éxito. O al menos debería de serlo si somos honestos. Hace un mes nadie apostaba por la clasificación para cuartos de final. Aún menos si aventuramos que iba a ser como primera de grupo, superando a Francia y empatando a uno en el partido inaugural del grupo. Todo a pedir de boca. Sin embargo, es necesario hacer autocrítica y buscar explicaciones de los por qués del juego desplegado o la caída contra Italia en tanda de penaltis.

Sin ideas de juego

El resumen es claro y conciso. Inglaterra no quiso jugar. Ni en la fase de grupos ni durante los cuartos de final. Renunció a cualquier idea de hacer pasar el balón por el centro del campo, de abrir a los extremos, de buscar el balón aéreo con Carroll como referencia, de intentar en algún momento tener la posesión... Su juego no tenía una idea, era la anti-idea. Se dejaba llevar por cómo se desarrollaba el guión del partido. Dejaron buenas sensaciones en los 20 primeros minutos contra Francia, con Oxlade-Chamberlain como revulsivo por banda o los quince primeros contra Italia, donde dejaron algún destello de asociación entre Cole, Young, Gerrard y Rooney. Pero fue tan solo un espejismo de cualquier atisbo de esperanza en el atrevimiento de Inglaterra…

Fiel a un estilo, el único que conoce, disponía siempre de un 4-4-2. Era muy previsible, se negaba a las sorpresas Hodgson actuaba en función del compás que marcase su rival. Fiel a un estilo, el único que conoce, disponía siempre de un 4-4-2, con un punta haciendo de enganche, con Ashley Young de extremo para que entre en diagonal por el medio y con Milner en la otra banda para elaborar tareas de contención. Nada de nada. No ayudó para nada el papel que Hodgson dio a Gerrard y Parker. SI bien es verdad que la plaga de lesionas ha sido un gran inconveniente para Inglaterra, no ayuda retrasar la posición del mediocentro del Liverpool en el campo.

Era muy previsible. Se negaba a las sorpresas. La única que pareció no darse cuenta fue Suecia, que remontó un partido que tenía perdido para acabar encajando dos goles en 10 minutos. Su cadencia en las sustituciones era siempre la misma. Milner era el primer sacrificado para dar entrada a un extremo veloz por banda para buscar el partido en los últimos minutos. Sin un plan ofensivo, era imposible obtener la victoria de forma clara mediante la superioridad. La fatiga de Parker y Gerrard, golpeados por las inclemencias físicas, dictaban el resto de las sustituciones, al igual que en la delantera, donde Welbeck y Carroll se repartían los minutos.

La renuncia al balón

Las estadísticas muestran la debilidad de Inglaterra como selección con respecto a los demás participantes en la Eurocopa. Es la última en todo. Es la selección con menos disparos de las ocho que pasaron a los cuartos de final, la que menos pases ha hilvanado, la que menos disparos a puerta ha tenido y sobre todo, la que menos posesión ha tenido. Tan solo contra Suecia ha sido el único encuentro donde Inglaterra obtuvo mayor posesión (52%) que su rival. En el resto, datos desconcertantes como el 68% de Italia o el 60% de Francia.

Solamente contra Suecia tuvo más posesión. Italia y Francia le robaron el balón con más de un 60% de posesión “No miro las estadísticas de posesión porque no lo considero tan importante. No te dice si un equipo es bueno o si es malo”, declaró Hodgson tras ser eliminado por penaltis contra Italia. El conformismo se ha instalado dentro del vestuario de Inglaterra. Se autoconvencieron de que tener la posesión del esférico, quizás, no era su fuerte y que para eso mejor renunciar a ella y jugar otras bazas que surtieran mayor efecto. Tenía mimbres para hacerlo pero renegó de la posibilidad.

Contra Italia llegó la cumbre del conformismo. La selección dirigida por Prandelli disparó en 36 ocasiones, con tan solo 8 tiros entre los tres palos. Por el contrario Inglaterra lo hizo en 8 ocasiones y solo uno de ellos fue atajado por Buffon. Además, Italia dispuso de 833 pases en todo el partid por los 364 de Inglaterra.

Si algo se le puede achacar a Hodgson es la racanería de su estilo.  Un planteamiento mezquino, pero que obtiene el resultado esperado. Como máxima expresión encuentra el éxito del Chelsea en Europa. Puede que no sea estimulante de ver, incluso resulta tedioso de aguantar. Sin embargo, los Tres Leones hicieron su trabajo, más del que se esperaba incluso.

El derrumbamiento de los referentes

Con la sanción de Rooney en los dos primeros partidos, se antojaba necesario que aparecieran los héroes secundarios, más anónimos cuando figuran los primeros espadas pero vitales para el triunfo del equipo. Es el caso de Ashley Young o Scott Parker, que han protagonizado una Eurocopa más bien silenciosa. En el caso del extremo del Manchester United estuvo gris, desaparecido, muy apático. Se consideraba que iba a ser uno de los pilares de Inglaterra pero su rendimiento ha dejado mucho que desear. Para más inri, cierra su ínfima Eurocopa fallando uno de los penaltis en la tanda contra Italia. Un torneo para olvidar pronto y resarcirse en futuros compromisos.

Las bajas de Barry y Cahill, el tardío regreso de Rooney o la ausencia de Wilshere, sumados a la ínfima participación de Ashley Young y Parker, las claves de no llegar más lejos En el caso del mediocentro inglés, su temporada con el Tottenham Hotspur era su aval, e incluso había jugado como capitán con Fabio Capello en la dirección. Adquirió una relevante importancia en el esquema de Inglaterra. Era el buque de mano, el encargado de dar una salida al balón, ofreciéndose al defensa y distribuyendo el esférico limpiamente hacia los extremos. Sin embargo, su participación en la Eurocopa ha dejado bastante que desear. No ha demostrado sus dotes de manos, ha estado pasivo en la elaboración del juego y las dolencias físicas han jugado en su contra.

Realmente, las posibilidades de Inglaterra con los jugadores que cuenta han superado las expectativas con creces. Jugadores que llegaban en plena forma como Gareth Barry o Gary Cahill, el peligro de Frank Lampard o la magia de Jack Wilshere han descendido el nivel de competitividad del grupo de cara a la Eurocopa. Además, el mes de vacaciones de Wayne Rooney ha ocasionado que el delantero del Manchester United no estuviera tan fino como se podía esperar de él, por lo que su rendimiento ha sido por debajo de su nivel.

¿Y ahora qué?

La Inglaterra de Roy Hodgson es un proyecto recién comenzado. No tenía base ninguna, marcado por las prisas, sin tiempo de casar la idea del seleccionador en el grupo ni tiempo para entrenar juntos y establecer unión dentro del vestuario. Han cumplido. Notablemente. El juego puede ser poco estético, algo indiscutible, pero ha competido hasta llegar a cuartos de final, cayendo por la tanda de penaltis y encajando únicamente tres goles en 4 partidos. Una nota muy positiva.

El juego puede ser poco estético, algo indiscutible, pero ha competido hasta llegar a cuartos de final, cayendo por la tanda de penaltis Con los pocos mimbres, con un vestuario limitado, con la polémica trascendiendo desde el primer día, Hodgson ha sabido barajar todas las cartas de las que ha dispuesto. Incluso con Gary Neville en el vestuario, que hace 9 meses y sin estar dentro del vestuario, daba por hecho de que Inglaterra haría el ridículo presentándose a la Eurocopa. Hodgson, un hombre solitario en su sueño por llevar a Inglaterra.

A Hodgson aún le quedan cuatro años más de contrato. Le han dado plenos poderes para reestructurar a la selección, tiempo para encontrar el camino. Eliminados de la Eurocopa, clasificarse para el Mundial Brasil 2014 es el nuevo objetivo de la selección inglesa. Tendrá que batirse el cobre encuadrado en el grupo con Ucrania, Moldavia, Montenegro, Polonia y San Marino. Comienza el nuevo camino. Con o sin Hodgson.