Temas del momento:
Connect with facebook

Damien Duff: la última chispa de la bala de Ballyboden

El jugador de Éire y el Fulham Damien Duff está ante una oportunidad única: demostrar su valía en la Eurocopa, uno de los grandes torneos de selecciones que el irlandés disputará, pese a sus 33 años de edad, por primera vez. Duff disputó un gran evento con la selección por última vez en 2002, por aquel entonces era un contrastado extremo de la Premier en las filas del Blackburn Rovers. Era el inicio de una carrera que le ha llevado por distintos lugares de Inglaterra, sus galopadas por banda han causado sensación entre todos los aficionados aunque, como es lógico, los años pasan factura. Esta será uno de los últimos coletazos de un jugador con una notable carrera.

Damien Duff: la última chispa de la bala de Ballyboden
Duff, en un partido ante Georgia en 2009. Fuente:Phil Cole/Getty Images

Es uno de los clásicos de la Premier League. La liga inglesa ha ido evolucionando con el paso del tiempo, los jugadores extranjeros son muy abundantes en una competición cada vez más global. El mundo entero se identifica con equipos que tienen en sus filas a jugadores de lugares tan dispares como Omán, Costa de Marfil o Australia. Es la grandeza de una competición que, pese a todo, destila pureza, tradición y cultura futbolística. No obstante, el cambio de tendencia respecto a las nacionalidades, no conlleva que la esencia del fútbol inglés desaparezca... La garra, el esfuerzo, la dureza, el juego directo se mantienen inalterables en un fútbol que se practica a una velocidad de vértigo. Hay jugadores que no pueden adaptarse a eso, otros quieren pausar el fútbol y son de gran ayuda para equipos que quieren ser "más continentales" en su sentido táctico y su forma de hacer las cosas (Manchester United, Arsenal, Manchester City). Optan por jugadores españoles, técnicos italianos y, en definitiva, extranjeros que implanten su forma de  ver el fútbol. Hay otros jugadores que se encuentran como pez en el agua en la Premier, especies en peligro de extinción que seguramente no encontrarían oxígeno si salieran de las Islas, hombres cuya visión del juego se vería emborronada mediante conceptos, tácticas y costumbres ajenas a ellos. El jugador de banda, pegado a la línea de cal, trabajador, bregado en mil batallas, no exento de técnica, que corre los 90 minutos, arriba y abajo, acumulando distancia en su cuentakilómetros particular persiste de forma irreductible ante el invasor. Los años pasan, y él perdura, pese a haber perdido cualidades físicas, depurando sus últimas gotas de técnica en una competición que se va despidiendo poco a poco a hombres como él. Esa es para mí la definición de Damien Duff, un extremo que ha levantado de sus asientos a aficionados de toda Inglaterra durante más de 10 años, una de las brújulas que ha dirigido a la selección irlandesa junto a otros hombres como Shay Given o Robbie Keane. Esta será posiblemente una de sus últimas etapas, quizá no será titular, pero no cabe duda de que su experiencia será muy valiosa si Irlanda se juega algo sobre el terreno de juego.

Inicios en el Blackburn, tocó el cielo en el Chelsea

Nacido en Ballyboden, aficionado del Celtic, club por el que nunca jugó, pasó por las filas de varios equipos de colegio en Dublín antes de desembarcar en Inglaterra. El Blackburn Rovers fue su primer destino en suelo inglés, era el año 1996 y tenía toda una carrera por delante. Fue nombrado hombre del partido en su primer encuentro con los "Rovers", pero el futuro del equipo no era demasiado prometedor. Bajaron a segunda al año siguiente del debut de Duff, pero el irlandés no es un hombre que se rinda fácilmente. Permaneció en el equipo y colaboró a ascenderlo en 2001, después de más de 80 partidos con el equipo y 10 goles, el jugador solo contaba con 22 años, pero ya acumulaba mucha experiencia. Su velocidad, facilidad por el regate y desborde fueron claves para un equipo que fue campeón en 1995, con jugadores como Chris Sutton o Alan Shearer, pero que ahora debía luchar con uñas y dientes para permanecer en la máxima categoría. Lejos de luchar por el descenso, los Rovers quedaron en posiciones europeas en su regreso a la Premier. Sus actuaciones le llevaron a ser convocado para el Mundial de Corea y Japón del 2002, el buen torneo de la selección que perdió por penalties en octavos de final ante España después de un partido muy igualada, levantó el interés por Duff. El Rovers firmó por cuatro años más al escurridizo extremo irlandés, pese a su unión contractual, Duff permaneció en el equipo de Ewood Park una temporada más, tuvo problemas con lesiones, pero aún así fue el máximo goleador del equipo con 11 goles: el Chelsea ya estaba al acecho.

Después de un verano de duras negociaciones, rumores de fichar por el Manchester United,etc. el irlandés firmó por el conjunto de Stamford Bridge por una cifra cercana a los 20 millones de libras. Claudio Ranieri era el entrenador y el equipo no cumplió con las expectativas del propietario Roman Abramovich, Duff tuvo problemas con lesiones pero consiguió disputar 37 partidos y anotar 6 tantos. La llegada de Mourinho y Robben al año siguiente prometían cerrarle muchas puertas; una lesión del holandés le abrió las puertas en el once titular durante muchos partidos. El juego de Mourinho ayudó también al estilo de Duff, el irlandés se encontraba muy bien en un sistema que primaba el contraataque, el juego de bandas y la entrada de hombres de segunda línea con posibilidades de anotar. En el Chelsea llegó uno de los highlights de la carrera del de Ballyboden. Era el partido de vuelta de los octavos de la Champions y el Barça había vencido en la ida por 2-1. Los de Mourinho necesitaban una remontada. El partido no había podido empezar mejor, los goles de Gudjohnsen y Lampard habían puesto un marcador más que favorable para los blues. La puntilla la puso Duff, en una jugada rápida se desmarcó y recibió un gran pase en profundidad, corrió como hizo tantas veces y definió a la perfección ante Víctor Valdés, era el 3-0 y Duff era uno de los protagonistas en un equipo puntero de Europa. Quizá fue el techo de un jugador que tuvo demasiada mala suerte con las lesiones, estas le lastraron en exceso en una de las mejores facetas de su juego: la velocidad. Al año siguiente disputaría su tercera y última temporada como Blue, tuvo minutos y apareció en 39 partidos, solo anotó 3 goles y acabó vendido en el Newcastle, engullido por una máquina de comprar y vender jugadores llamada Chelsea.

Newcastle, decadencia y segunda juventud

El Newcastle era un "nuevo rico", fichaba a muchos jugadores interesantes y esperaba colocarse en las posiciones de gloria que disfrutó bajo el mando de Kevin Keegan y Kenny Dalglish. Owen, Duff o Martins fueron algunos de los jugadores de los que se esperaba mucho, pero que no pudieron llevar al club al siguiente nivel que ansiaban. Después de temporadas con lesiones que le mantuvieron en el dique seco cuatro meses, de jugar como lateral izquierdo bajo el mando de Alan Shearer y de no dar el nivel esperado, el equipo bajó a la Championship. Si Duff vivió en 3 años en el Chelsea el ascenso del club a las élites europeas, sus tres años en Newcastle le hicieron ver como uno de los clubes emblema de la Premier League descendía a las catacumbas, a un lugar inapropiado para un equipo con una afición como la que llena Saint James Park cada fin de semana. Para más inri, el equipo descendió con un gol en propia puerta de Duff en la última jornada ante el Aston Villa, no consiguieron remontar. El irlandés duró un partido en la Championship, en el que se despidió de los magpies con un gol, su siguiente destino fue el Fulham, club con el que ha proseguido hasta la actualidad. La carrera de Duff ha tenido muchos contrastes, en este caso, el irlandés pasó de disputar la segunda división inglesa a formar parte de un conjunto que llegó a la final de Europa League de la mano del actual seleccionador inglés Roy Hodgson. El Fulham dejó en el camino a equipos como la Juventus, el Werder Bremen o el Shakhtar Donetsk, aunque acabó cayendo con el Atlético de Madrid 1-2 en la final de Hamburgo. Duff disputó 14 partidos en Europa League, y acabó teniendo 50 apariciones con la camiseta de los Cottagers, 9 goles fueron la producción del extremo, que ya no contaba quizá con la punta de velocidad que le hizo volar por la banda de Ewood Park o Stamford Bridge, pero cuya calidad y precisión en los centros hacían de él una arma decisiva. En esta última temporada, ha vuelto a participar en Europa con el equipo, esta vez ha disputado 14 partidos y ha anotado 3 goles, aunque esta vez cayeron en la fase de grupos al quedar terceros.

La Eurocopa de Polonia y Ucrania será la última oportunidad de Duff de mostrar su repertorio a nivel internacional. "Hace diez años estuve en un Mundial, era muy joven y no valoraba este tipo de cosas. Ahora, después de tantos años a la deriva, valoro mucho disputar una competición como esta" afirma el extremo del Fulham. Su equipo no es favorito ni mucho menos en un grupo que incluye a los dos últimos campeones del mundo (España e Italia) y a una Croacia muy sólida. Con su experiencia y sus ganas de triunfar en su última gran cita, Damien Duff puede destilar las últimas gotas de su fútbol y ayudar a Irlanda a recorrer el camino hacia una digna incursión en la Eurocopa o, incluso, hasta los cuartos de final. Viejas glorias como él, Keane, Given, junto a jóvenes como McClean, McGeady o Doyle son las bazas de una Irlanda que quiere sorprender o dar una buena imagen en su primer torneo europeo en más de 20 años.