Temas del momento:
Connect with facebook

Casillas y Cesc evitan la catástrofe en la lotería de los penaltis ante una Portugal combativa

España y Portugal se citaban en unas semifinales históricas de la Eurocopa. Se repetía el duelo del Mundial de Sudáfrica, pero esta vez España fue otra, al igual que Portugal. La igualdad se estableció en el partido, el cual desembocó en una prórroga y en unos penaltis que decidieron el partido. Al igual que ante Italia hace cuatro años, se llegó con 0-0 a los penaltis. Xabi falló el primero, pero Casillas y el larguero evitaron la catástrofe y Cesc, emulando su lanzamiento ante Buffon, dio la victoria y el billete a tan ansiada final.

Casillas y Cesc evitan la catástrofe en la lotería de los penaltis ante una Portugal combativa
Portugal (2)
0 0
España (4)
Portugal (2): Portugal: Rui Patricio; Joao Pereira, Bruno Alves, Pepe, Fabio Coentrao; Meireles (Varela, m. 112), Miguel Veloso (Custodio, m. 105), Moutinho; Nani, Hugo Almeida (Nelson Oliveira, m. 76) y Cristiano Ronaldo.
España (4): España: Casillas; Arbeloa, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets, Xabi Alonso; Silva (Navas, m. 60), Xavi (Pedro, m. 87), Iniesta; y Negredo (Cesc, m. 54).
MARCADOR: Penaltis: 0-0: Xabi Alonso, para Rui Patricio. 0-0: Moutinho, para Casillas. 0-1: Iniesta, gol. 1-1: Pepe, gol. 1-2: Piqué, gol. 2-2: Nani, gol. 2-3: Sergio Ramos, gol. 2-3: Bruno Alves, al larguero. 2-4: Cesc, gol.
ÁRBITRO: Árbitro: Cuneyt Cakir (Turquía). Amonestó a los españoles Sergio Ramos (m. 40), Sergio Busquets (m. 60), Arbeloa (m. 83) y Xabi Alonso (m. 112) y a los portugueses Pepe (m. 61), Joao Pereira (m. 64), Bruno Alves (m. 85) y Veloso (m. 90).
INCIDENCIAS: Semifinal de la Eurocopa en el Donbass Arena, en Donetsk. Alrededor de 48.000 aficionados.

España no perdía en una fase final en un gran campeonato desde el Mundial de Alemania, donde una Francia comandada por un sublime Zidane derrotó en octavos a su vecino. Casillas prolongaba su imbatibilidad de forma pretérita hasta límites inalcanzables y España caminaba con paso insolente a la par que imparable hacia una nueva Eurocopa. El paradigma, la situación de Portugal y su vertiente que toma tintes futbolísticos similares a los de la ‘Roja’. Era una semifinal ibérica, donde se repetía el duelo vivido hace dos años en Sudáfrica, en unos octavos de final.

Con una preparación más que conocida, con un ritual perfectamente sabido por el aficionado al fútbol, Cristiano Ronaldo se preparaba para lanzar una falta lateral que podía ocasionar la primera ocasión del partido para Portugal, después de que Arbeloa hubiese mandado el balón por encima del larguero desde la frontal. Tres pasos, cogió de forma abusiva aire y dio un pase lateral. Sabía que tenía que ser el protagonista del partido y a él no le importaba. Temblaba el aficionado español, conocedor del golpeo del portugués. Pero su lanzamiento no tuvo el efecto deseado y se estrelló en una barrera poblada por tres jugadores.

Negredo, máxima sorpresa

Ni Cesc, ni Torres, ni Llorente ni Pedro. Fue Negredo la elección de Del Bosque

Del Bosque había apostado por Álvaro Negredo en detrimento de jugadores como Cesc, Torres, Llorente o Pedro. Era la sorpresa del partido. Nadie esperaba su titularidad y a pesar de que el gusto de Del Bosque por el delantero vallecano era conocido por todos, ni mucho menos se confiaba en su titularidad. Pero dio los galones al goleador sevillista, a pesar de que su inexperiencia podía ser un factor determinante en una semifinal de una Eurocopa. Las dimensiones eran enormes.

Paulo Bento por su parte no se acomodó en la crítica y continuó fiel a su estilo, alineando la alineación que acostumbraba durante todo el campeonato. No renunció al trivote compuesto por Veloso, Moutinho y Meireles, lugar donde más se fijaban las críticas hacia una selección que había cambiado respecto al pasado Mundial.

Portugal, al contrario que lo que dictaba el guion establecido durante la Eurocopa, no por ser rival de España se amilanó y, como prometió Paulo Bento en rueda de prensa, “iban a intentar tener el balón”. Conociendo y sabiendo que la posibilidad de arrebatarle el cuero por completo era utópico, buscó dañar al combinado de Del Bosque con punzadas incesantes auspiciadas por Bento y lideradas por veloces y raudos jugadores como Cristiano Ronaldo o Nani. Además, el apoyo de dos laterales técnicos como son Pereira y Coentrao en las dos bandas provocaba que el miedo acrecentase en la defensa española. Llegó el turno de una pareja que prometía liderar la zaga de una de las mejores selecciones del mundo.

Ramos y Piqué debían imponerse como los caudillos de una parcela muy activa como era la zona de tres cuartos española, que al igual que la portuguesa, estaba sufriendo el avance rival. Y cumplieron su misión, al menos en unos primeros compases del partido marcados por el nerviosismo del árbitro que, con el fin de imponer su ley y orden, salió a la palestra la ansiedad para dar pie a un sinfín de faltas pitadas sin sentido y errores de bulto por parte del colegiado.

Cerca del final de la primera parte, las pocas ocasiones reinaban en su máximo esplendor y la desazón del juego de los pupilos de Del Bosque provocaban que el nivel de optimismo disminuyese a la par que la confianza lusa siguiese ‘in crescendo’. Portugal caminaba hacia su objetivo: ahogar la salida de balón de España provocando que tuviese que tirar de verticalidad, quizá en demasía.

Para finalizar el primer acto de los dos que se iban a exponer, España dispondría de una falta para aprovecharse de la altura de sus centrales. Xabi Alonso sacó en largo buscando a Ramos en una jugada más que ensayada. El central del Real Madrid entró en contacto con el balón con la intención de encontrar a un compañero dispuesto a rematar la faena, sin éxito. El fin tocó la trompeta y el empate reinaba en el estadio de Donetsk.

Mismo guion, misma tónica

Empezó la segunda parte y la igualdad comenzó a ser extrema. La superioridad con la que se presentaba España antes de iniciar el partido y que el cuero echase a rodar se desvaneció dando lugar a una homogeneidad en la supremacía del partido.

Poco a poco se desmelenaba Portugal llegando a tener varias ocasiones que podrían haber cambiado el transcurso de la historia, pero no estuvieron acertados los futbolistas ofensivos lusos. Pero España, incapaz de mantener el balón en sus pies y de tranquilizar y domar el cuero, se encontraba en una encrucijada. Del Bosque, conocedor de que su selección estaba en un momento crítico y que urgía un antídoto, preso del pánico pero sabio y rectificador, dio entrada a Cesc para retirar a Negredo, jugador que no pudo dotar a su selección de sus dotes futbolísticas y sí de su nerviosismo desmedido.

Navas entró sin una referencia fija. Era Cesc el falso nueve

La tónica transcurridos los primeros quince minutos continuaba siendo semejante a la de la primera mitad. Incontrolable, el balón pasaba de un bando a otro con una facilidad pasmosa. Felicidad para unos porque su estilo se estaba imponiendo y descontento en el otro lado porque el balón no descansaba en las botas de los jugadores que portaban la casaca roja. Y en este clima de tensión propia de una semifinal de una Eurocopa, Del Bosque volvía a mover ficha, esta vez dando entrada a Jesús Navas retirando a Silva, extenuado por un esfuerzo excesivo teniendo en cuenta la temporada efectuada por el canario. La duda era si la entrada del jugador del Sevilla iba a tener una trascendencia capital, ya que no había ningún delantero en el once español y que Llorente, con unas sensaciones de enfado y de ganas de saltar al campo, comprobaba como su equipo urgía su entrada. En la primera jugada protagonizada por Navas, se vio cómo se necesitaba a un delantero corpulento capaz de rematar el centro del de los Palacios.

Nerviosismo e igualdad extrema

Cero a cero y el corazón aumentaba sus pulsaciones. Menos de 20 minutos y Cristiano Ronaldo tenía la posibilidad de marcar en una falta lejana que se situaba a 30 metros de la portería. Repitiendo el proceso de la falta anterior, se colocó para finalmente golpear escribiendo su sello en el lanzamiento. El balón tenía un destino predeterminado, pero a Cristiano le fallaron mínimamente los cálculos y se marchó de forma ligera por encima del larguero. Portugal dominaba a su forma. A Vicente del Bosque se le observaba cariacontecido intentando guardar las formas, sin dejar de mostrar una imagen diferente a la acostumbrada.

A falta de diez minutos, Paulo Bento comenzó a engranar la máquina de los cambios y con una sustitución que no sorprendía a nadie, daba entrada a Oliveira para dotar a su selección de algo más de dinamismo y actividad en el campo español. Hugo Almeida era el damnificado.

Los últimos diez minutos de los noventa reglamentarios fueron un sufrimiento desmedido para ambas selecciones. Especialmente para la española que veía como Cristiano Ronaldo se erigía como líder de un combinado que soñaba con la final como ya hiciese en 2004. Pero el delantero no estuvo del todo fino en sus lanzamientos de falta ni tampoco en la jugada más clara del partido. Después de una falta sacada por Xabi que había sido despejada por Bruno Alves, se produjo un contraataque de cuatro portugueses frente a tres españoles. El cuero llegó a los pies del atlas de Portugal, de Cristiano Ronaldo. En un intento por finiquitar el partido y obtener el billete, intentó batir con un fuerte disparo a Casillas, atento en todas las acciones. Pero como tantas otras ocasiones, el esférico se marchó directamente a la grada, desilusionado por no poder acabar en noventa minutos en ninguno de los dos marcos de Rui Patricio o de Casillas.

Prórroga. El físico se imponía a la técnica

El partido culminaba con el mismo guion. El empate predominó y la prórroga era la continuación de un agobio que no cesaba de aumentar. Navas y Pedro - que había entrado por Xavi en los últimos instantes de la segunda mitad- eran los más activos tratando de implantar seguridad en el ataque español.

El cansancio se hacía evidente y la dureza lusa se prolongaba hasta la extenuación. Se acercaba al límite de lo ilegal. Tirando paralelismos, el partido se asemejaba con el de la final del pasado Mundial en especial por la dureza que se trataba a los jugadores de España, pero no por la sensación de superioridad, que en Donetsk no se instauró. Igualdad más que merecida.

Portugal poco a poco veía nítida la posibilidad de llegar a los penaltis debido a que la presión establecida en el partido propiciaba que el cansancio provocase que las piernas pesasen y la sensación de un partido eterno se manifestaba en algunos jugadores. Poco a poco España se hacía con el control del partido.

Jordi Alba estaba obteniendo su doctorado

Hilvanando pases y tirando paredes y diagonales el balón acabó en los pies de Iniesta dentro del área, lugar desconocido para la selección española. Su remate fue parado por un Rui Patricio inteligente y bien colocado. Jordi Alba era el creador de una jugada que a punto estuvo de marcar el primero en la primera parte de la prórroga. En esta Eurocopa está realizando un máster en el lateral izquierdo y hoy estaba obteniendo el doctorado. Para concluirla, Ramos, en una profesión desconocida para el central, probó suerte con un disparo de falta. Lanzamiento propio de su compañero en el Real Madrid y rival hoy Cristiano Ronaldo, estuvo cerca de encontrar la escuadra de Rui Patricio.

En el Donbass Arena Cuneyt Cakir estaba ante uno de los partidos más complicados de su carrera como árbitro. Y no lo estaba cumpliendo como era debido. Aun quedaban quince minutos y el nerviosismo, si antes era extremo, ahora alcanzaba límites desconocidos para la inteligencia y la ciencia.

Sergio Ramos era el gran protagonista del partido con una excelsa actuación

La antítesis de la actuación del árbitro era la de la participación de Sergio Ramos en el partido. Se estaba imponiendo como el mejor del encuentro y estaba sosteniendo a una selección con escasas ideas. Ante Ramos estaba Cristiano Ronaldo, otra bestia inmune a la presión. Era un duelo magnífico que hasta el minuto 110 estaba siendo vencido por Sergio Ramos, excelso en la marca, veloz en el corte e inteligente en la colocación.

Navas tuvo probablemente la ocasión más clara del partido. Dentro del área cazó un balón e intentó superar a Rui Patricio pero la mezcolanza de la agonía por marcar y una temple insólita en el portero luso evitaron el gol español. En el siguiente minuto, Pedro se quedó solo ante el guardameta del equipo de Paulo Bento, pero el intento de quedarse absolutamente solo con un recorte sobre el central conllevó el despeje de un zaguero. Quedaban cinco minutos.

Penaltis. El final más trágico para una de las dos selecciones

Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo querían arreglar cuentas pendientes en los penaltis

La desembocadura del partido poco a poco se veía más próxima. Los penaltis se avistaban en el horizonte. Los portugueses, encantados de ello. El desgaste físico le estaba pasando factura sobremanera. Ningún jugador español quería bajo ningún concepto la definición del partido en la pena máxima. Pero ese fue el final a pesar de los continuos ataques de la selección de España, que comprobaba como con uñas y dientes se defendía de las estocadas vecinas.

Las caras de los veintidós jugadores eran un poema. Los cuerpos técnicos de los respectivos equipos, con un pulso que mostraba como estaban de nervios, organizaban los cinco lanzadores. Los jugadores se abrazaban a su portero, conscientes de que solo ellos les podía salvar. Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos tenían cuentas pendientes. Ambos lanzaban. Un billete, dos pretendientes, diez lanzamientos. España lanzaba primero después de que Casillas ganase el sorteo ante Cristiano Ronaldo.

España, emulando a la historia. La tanda de penaltis ante Italia se volvió a repetir

Los lanzadores: Xabi, Moutinho, Iniesta, Pepe, Piqué, Nani, Ramos, Bruno Alves y Cesc Fábregas. Cristiano se quedó sin tirar al ser el quinto

 

Xabi Alonso era el primero en lanzar. Con una tranquilidad característica suya parecía que lo tenía controlado. Buscó el palo derecho y Rui Patricio se lo adivinó con un paradón. Pero Moutinho no acertó y Casillas, con su condición de santo, detuvo el lanzamiento del mediocentro portugués. Era el turno de Iniesta. No se puso nervioso y engañó a Rui Patricio. Primer gol de España. Al disparo ahora Pepe. Al contrario de lo que todo el mundo pensaba, el lanzamiento de Pepe fue colocado a la derecha de Casillas, que le adivinó las intenciones pero no pudo detener el cuero. Ahora le tocaba a Piqué, que al igual que Pepe, superó al portero lanzando al mismo lado. El central se imponía en la tanda de penaltis. Nani tenía que empatar la ronda. Utilizando paradinha, colocó el cuero en la escuadra derecha y Casillas se tiró al otro lado. En el cuarto penalti era el turno de Ramos. Emulando a Pirlo, realizó la panenka cuando nadie se esperaba esa forma de lanzamiento. Muchos se temían otro fallo al igual que ante el Bayern de Múnich en el Santiago Bernabéu, pero con una sensación de victoria, celebró el gol como nunca lo había hecho. Bruno Alves era el cuarto central que lanzaba. El larguero se destrozó cualquier sueño que tuviese. Cesc, al igual que ante Italia en la Eurocopa de 2008, le tocaba lanzar el penalti decisivo. Con el mismo ritual, de forma tranquila, besó el balón y lo colocó con mimos en el punto de penalti. Rui Patricio le adivinó el lanzamiento, pero su golpeo fue tan perfecto que fue inalcanzable para el meta luso. Se estrelló en el palo y se metió en la portería, para la alegría de todo el aficionado español que estaba viendo el partido. 

 

España, a la final. Alemania o Italia, el rival 

Tras el pase a la final de forma agónica y después de un partido donde Portugal ha podido marcar, ahora España esperará rival. Italia y Alemania se disputarán un puesto en la final para enfrentarse ante España el próximo domingo. Puede ser clave el tener un día de descanso. La selección de Del Bosque se queda a tan solo un paso de la gloria y de completar un hito desconocido hasta entonces: la consecución de una Eurocopa, un Mundial y otra Eurocopa.