El desastre ruso

El desastre ruso

El carácter frío y frágil de la combinado, la nula capacidad de reacción de Advocaat y de sus futbolistas y otros condicionantes internos han precipitado la caída de una selección que había puesto muchas expectativas en esta Eurocopa y deberá regenerarse para reverdecer viejos laureles

Rusia llegó a la Eurocopa como el gran candidato para liderar el grupo A, a priori el menos exigente de los cuatro que conformaban la primera ronda de la competición. La victoria del partido inaugural frente a República Checa por 4-1 acrecentó todavía más el favoritismo del combinado de Advocaat. Con todo a su favor para lograr el pase y con media Europa enamorada del fútbol preciosista ruso, la antigua selección ex soviética echó por la borda sus opciones de clasificación.

Dzagoev, brilló con luz propia antes los checos. Tras el primer partido, la Eurocopa se presentaba como una magnífica oportunidad para que el genio del CSKA pudiera reivindicarse de forma definitiva tras una temporada algo desafortunada por las lesiones, su inconstancia y el mal papel de su equipo. Además, arrancaba la competición destacando en la faceta goleadora, una de sus asignaturas pendientes. La luz de Dzagoev fue apagándose en la segunda y tercera jornada de la Euro, confirmando que la actuación del equipo, y la suya en particular, en el día inaugural fue una ilusión. Rusia tiene talento de sobras para clasificarse entre las ocho, e incluso cuatro, mejores del continente, pero el combinado oriental es excesivamente frágil para mantener un nivel regular. No por casualidad cayeron los rusos en la primera ronda, fueron muchos los condicionantes que terminaron por precipitar la caída de la selección.

Identidad de la inconstancia

Rusia es una selección enormemente irregular. Frente a Polonia se hizo patente la debilidad del combinado de Advocaat y la metarmorfosis que sufre el juego del conjunto cuando las cosas vienen mal dadas. En general, los rusos sufren con las defensas cerradas por su estilo asociativo y de balón al espacio. Aún con ello, Arshavin y compañía tienen talento suficiente para abrir cualquier zaga. Hasta el 1-0 ante los anfitriones, los ex soviéticos no desplegaron su toque. Con el dominio de la posesión para el rival, totalmente estéril, los polacos, bien plantados en el verde, maniataron el ataque ruso y solamente un tanto a balón parado permitió al combinado de Advocaat mostrarse en su mejor versión, que duró no más de diez minutos. Cuando el público y el rival, con más corazón que juego, apretó, Rusia fue barrida.

El carácter frío de los jugadores acrecienta las crisis de fútbol de un equipo que a menudo carece de espíritu para sobreponerse a las adversidades. Para que se repita un hito como el de la Eurocopa 2008, en la que Rusia fue semifinalista y enamoró al viejo continente, deben alinearse todas las constelaciones. La fragilidad y irregularidad es tal, que no debería sorprender en exceso la caída rusa. Tras la eliminación en la fase de clasificación del Mundial 2010, el combinado nacional volvió asemejarse al de la última Euro. Aún con ello y pese a las altas expectativas generadas en el país para la competición de Polonia y Ucraina, los partidos amistosos previos no auguraban una actuación dorada de los vecinos de los anfitriones.

La mentalidad rusa es muy peculiar. Fueron un imperio potente, siempre estuvieron entre los grandes países y civilizaciones, pero en el siglo XX sufrieron mucho. Las dos Guerras Mundiales, Stalin, el comunismo y su caída fueron dañando al hombre ruso, su identidad, personalidad y mentalidad. Los ciudadanos sintieron como la vida les quitaba el crédito otorgado en los años anteriores. Con este panorama llegó un tal Vladimir Putin al poder, ex agente de la KGB y mandatario del gigante Gazprom. Con la llegada de Putin la dignidad, la confianza en su país y en si mismo, creció en el pueblo ruso. El espíritu desconfiado, a veces desapasionado y frío de la identidad rusa también se hace patente en el juego de la selección.

21 años de la caída de la URRS, Rusia llegaba a la Eurocopa de su vecino con mucha confianza. El primer partido fue el que llevo al equipo y a la afición a la euforia. Los jugadores no encontraron su sitio en un grupo fácil. Se vieron superiores, perdieron cualquier motivación, ya que se veían en los cuartos de final. No toda la culpa es suya. Todo el país vivo en una burbuja desde el 4-1 a la República Checa. Esto conllevó a jugar sin garra ni emoción, un suicidio en un torneo tan corto.

El caso Arshavin

Arshavin es el paradigma ideal de la montaña rusa que es el fútbol de la selección. La clase del genio del Petrovsky es indudable, su estilo y el de la selección permanece pese a las derrotas pero, como Rusia, Arshavin necesita sentirse cómodo y levantarse con el pie derecho para ofrecer su mejor versión. Este tipo, que le costó 15 millones a uno de los mejores clubes del mundo y capaz de meter cuatro goles en un partido al Liverpool al poco de su llegada a Londres, que terminó por perder la confianza de Wenger y salir por la puerta de atrás del Arsenal; este tipo tan frío e inconstante, es el capitán de la selección Rusia.

Arshavin: "El desencanto de los aficionados por la eliminación no es problema de los jugadores"

Malafeev, Ignashevich, Anyukov, Shirokov o Denisov son los pesos pesados del vestuario ruso, y los que realmente permiten que Arshavin, un virtuoso sin estabilidad en su fútbol, pueda brillar. Precisamente, el todavía jugador del Arsenal, afirmó después de la presente Eurocopa que el “desencanto de los aficionados por la eliminación y la frustración de las expectativas del pueblo ruso” no es su problema. La poca sensibilidad del futbolista y la falta de capacidad de autocrítica del astro ruso ha hecho que Viacheslav Koloskov, mito del fútbol soviético y miembro de la FIFA, haya declarado que Arshavin no merece portar el brazalete de capitán.

Trascendencia y ausencia de Zyryanov

El jugador de 34 años posiblemente haya jugado su último gran torneo con la selección. Precisamente en este último campeonato del futbolista se ha visto su verdadera importancia en el juego del equipo. Shirokov, Arshavin, Kerzhakov o incluso Dzagoev se postulaban como las grandes bazas del equipo comandado por Dick Advocaat. Pero en gran medida, Rusia se perdió por la ausencia de la clarividencia de Zyryanov. La selección perdió el último pase e imaginación. Glushakov fue su sustituto. Mostró coraje y ganas, pero le faltó el pase y la verticalidad de la que dota al conjunto Zyryanov. Glushakov se asemeja más a Shirokov. Su labor siempre en la sombra y su gran trabajo, le han convertido en uno de los jugadores más decisivos en lo bueno y en lo malo.

La responsabilidad de Advocaat

Pese a los muchos condicionantes que puedan añadirse al fracaso de la selección, Rusia cayó en el terreno de juego. Ni el cansancio de los futbolistas tras año y medio de PLR, ni las altas expectativas del público tienen tanta trascendencia como lo que sucedería en el rectángulo de juego.

Advocaat vio como su colega Santos le daba un repaso táctico y vencía el partido desde el banquillo. Aquello era previsible. Después del encuentro rápido, eléctrico y atractivo contra la Republica Checa, Polonia, frente a Rusia, decidió juntar líneas, cubrir espacios y no permitir las transiciones rusas. Fue todo un éxito. El técnico del combinado oriental no ofreció soluciones a la encerrona polaca y se conformó con el empate. Ante Grecia, todavía se acrecentaron más los problemas de la selección para sobrepasar las líneas rivales y desde el banco no hubo el ingenio para sobrepasar las adversidades que planteaba un equipo con mucho equipo pero francamente inferior a Rusia.

Rusia no supo reaccionar. Advocaat no supo reaccionar. El entrenador dio entrada a Progrebnyak y Pavlyuchenko en la segunda parte. Aquello hacía presagiar que a falta de toque, los rusos apostarían por un fútbol más directo. En media hora, el equipo solamente colgó un balón al área. Con dos tanques arriba, el equipo siguió intentándolo por el centro y con fútbol de asociación, topándose una vez tras otra con el muro heleno. Los jugadores se encomendaron de la falta de ambición, decisiones y frialdad de Advocaat y nunca supieron engancharse al partido. La actuación frente a Grecia es el gran paradigma de la tragedia rusa en la Eurocopa.

La falta de gol del equipo, en parte también es imputable al técnico. Kerzhakov, es un buen delantero, que a lo largo de la Eurocopa ha ofrecido mucho trabajo con caídas a bandas y presión a la zaga rival. Aún con ello, el jugador del Zenit de San Petersburgo, pese haber anotado 22 goles en la pasada PLR, no se destaca por su capacidad anotadora. La falta de gol de Kerzha, quién disparó 12 veces y ninguna de ellas a puerta a lo largo de la Euro, ha penalizado mucho el fútbol del equipo.

La solidez planteada por el seleccionador griego desconectó el fútbol de asociación ruso. Advocaat no supo reaccionar

Es responsabilidad de Advocaat que el equipo no anote más desde fuera del área. La selección de Rusia ha metido solamente cuatro goles desde fuera del área en los 24 partidos en los que el holandés ha dirigido el combinado ex soviético. De los cuatro, dos fueron de rebote y uno por despiste del meta danés Sorensen. El que queda, lo metió Bilyaletdinov frente a Andorra. Que jugadores como Shirokov (9 goles en la pasada PLR), Zyryanov e incluso Arshavin, no lo intenten desde lejos no es comprensible y menos atendiendo que en los dos últimos encuentros, Rusia tuvo muchos problemas para llegar con claridad a tres cuartos de campo rival. Esta falta de iniciativa si es imputable a Advocaat.

Con todo, Rusia debe quedarse con el fútbol del primer partido que evocó a aquella selección que apenas hace cuatro años fue semifinalista europea y con el estilo preciosista del conjunto. El partido frente a Polonia fue el momento clave. El conformismo (o la falta de aptitud de Advocaat) hicieron que el equipo no reaccionará y se conformará con el empate. Polonia mostró el camino a Grecia, que maniató a los rusos. La irregularidad y la poca capacidad de reacción del equipo, lo peor de la selección, terminó por condenar a los ex soviéticos.

De cara al futuro, el combinado ruso debe regenerar-se. Los Arshavin, Malafeev, Shirokov, Zyryanov, base de esta selección ya superan la treintena. Jugadores como Ozdoev, Glushakov, Kokorin, Kannunnikov o Dzyuba deben dar el relevo a la vieja guardia Rusia. Dzagoev debe tener la trascendencia de Arshavin y Denisov y Akinfeev tomar el poder del vestuario. Solo con la mediación de jugadores como ellos, este proceso de reconstrucción podrá terminar con éxito.