Se estanca el proyecto del jeque
Carlos Tévez es la figura más reciente en estar a punto de fichar por el Paris Saint-Germain, cuyas negociaciones colapsan repentinamente. El equipo tiene recursos; su sede es una de las ciudades más queridas en el mundo, pero ¿por qué no terminan de llegar los jugadores?
El principal problema de este Paris Saint-Germain, más allá de ser un equipo construido de forma obligada –a manera de juego de computador-, es en donde compite. La Ligue 1 es una liga considerada más débil que las más atractivas, pero más fuertes que las menos vistosas. ¿Por qué ello sería un problema? Porque se sigue siendo parte de la élite –el lado positivo-, pero en los equipos que suelen salir rápido de los torneos continentales –el lado negativo-.
Y ¿quién culpa a los jugadores? Nadie estaría interesado en cambiar de aires si ello implica comenzar a jugar para el derrotado. No hay forma que todo el dinero que el jeque quiere invertir pueda corregir la principal falla del proyecto: estar en el momento incorrecto de desarrollo de la Ligue 1. Lo acertado hubiera sido invertir hace cuatro años, cuando Olympique Lyonnais seguía siendo una fuerza pujante del continente, o esperar un poco a que la liga terminara de caer en el Coeficiente UEFA, obligándole a reinventarse.
Carlos Tévez (Manchester City), Pato (AC Milan), David Beckham (Los Angeles Galaxy), Leandro Damiao (Sporting), Florent Malouda (Chelsea FC), Hulk (FC Porto), Demba Ba (Newcastle United), Christian Eriksen (Ajax Amsterdam), Daniele De Rossi (AS Roma), Alessandro del Piero (Juventus), Nani (Manchester United), Joao Pereira (Sporting), Keisuke Honda (CSKA Moskva), Maicon (Internazionale), Christopher Samba (Blackburn Rovers), Gregory van der Wiel (Ajax Amsterdam), Eden Hazard (OSC Lille) y Modibo Diakité (Lazio) fueron los contactados desde comienzos de esta temporada por el PSG como refuerzos. Junto a ellos, las negociaciones de dos ex milanistas pero en el banquillo, como Leonardo y Carlo Ancelotti, las cuales sí se dieron, forman parte de un proyecto que busca –a priori- convertir a los parisinos en una potencia del fútbol europeo.
Los jugadores simplemente no se atreven a vestir la casaca del Paris Saint Germain porque hay mucho en juego. No queda claro si sean capaces de ganar su liga (o su copa) doméstica, por lo que un buen papel en Europa está casi descartado de inmediato.
El dueño del plantel, así como el equipo al cual dirige, debería reconsiderar sus prioridades. No necesita una plantilla que valga cientos de millones de euros, si tiene a un equipo que simplemente no convence a quienes trata de persuadir. Más útil ahora sería comenzar a crear un equipo rentable, sobre todo considerando que los años en el que el Fair Play Financiero comience a tener efecto. Ya su estadio promedia mejor asistencia que el Olympique Marseille, quien ha sido el equipo con mayor asistencia promedio cada temporada desde 1999, pero su venta de mercancía aun deja mucho que desear, así como los ingresos por televisión.
Una vez convertido en una potencia de mercadeo, su imagen mejorará consiguientemente. De allí a poder fichar a los Tévez, de Rossis, Hondas, Maloudas del futuro solo hay rondas de negociación. El proyecto ha de reconcebirse.



