El Liverpool destroza al Brighton con una goleada de escándalo
Los de Dalglish acabaron con las “gaviotas” gracias a seis goles que hundieron al equipo de Gustavo Poyet. El Brighton plantó cara durante la primera mitad, pero en la segunda, los continuos errores de la zaga sentenciaron el resultado.
La FA es una competición especial, de hecho es el torneo más antiguo de la historía futbolística. En Inglaterra lo saben, en Anfield la respetan y ayer, el Liverpool y el Brighton la honraron con una goleada.
El conjunto del renacido Gutavo Poyet visitaba el feudo “red” con la pesada losa de no haberse clasificado para cuartos desde 1987, mientras que los de Dalglish han convertido su estadio en un verdadero fortín. Esta temporada, los de Mersey no han perdido en sus dominios en ninguna de las tres competiciones (9 empates, 6 victorias).
Mientras las ensordecedores voces que abarrotaban Anfield cantaban orgullosas los compases de su legendario himno, Liverpool y Brighton cumplían con los formalismos iniciales. Pero ajeno a la impasibilidad que los saludos protocolarios suelen tener, el partido comenzó con un endiablado ritmo digno de la copa. Apenas llevaban 5 minutos de partido cuando Skrtel, rápido y certero al primer palo, conectó con la testa un balón que enfureció los espíritus de los miles de corazones “reds” allí presentes.
El gol no sólo anuló cualquier atisbo de presión que pudiese tener el Liverpool, sino que fue capaz de convertir a los de Dalglish en una fiera incontrolable. Es cierto que “las gaviotas” no desprestigiaron a Anfield con un juego típico de pelotazos, pero el ritmo de los “reds” fue demasiado para los chicos de Poyet.
Guiados por la clarividente técnica de Adam, los locales comandaron el control del esférico y se abalanzaron con criterio calculado sobre la meta de Brezovan. Con las espaldas cubiertas gracias Gerrard, el escocés distribuyó a las bandas, buscó por el centro y dotó de calma el juego de su equipo. Fue el mejor durante la primera parte.
Pero la FA es engañosa y cualquier partido puede complicarse. En el minuto 17, Lua Lua enmudeció la algarabía de las gradas con un impresionante misil que surcó medio campo. El congoleño preparó la carga, centró la mirilla y batió a Reina con un disparo raso y ajustado al palo en el que los reflejos del español fueron inútiles. El Brighton recuperó el partido.
Ante tal situación los de Dalglish se vinieron arriba. La reacción, encabezada por la batuta centrocampista de Adam y Gerrard, atrapó a las “gaviotas”. Bien fuese por la banda, con Downing y José Enrique, o por el centro, con la eléctrica magia de Suárez, los “reds” se acercaron sin miramientos a la meta rival. En su mente no había otra cosa que el esquivo gol y al final, lo consiguieron.
Con el reloj huyendo hacia los vestuarios, una embarullada jugada en el área del Brighton trajo consigo la feliz recompensa para el Liverpool. Pero hasta el gol, la cosa tuvo su aquel: un despeje horrible de Brezovan puso el balón en el mismo corazón del área pequeña, allí, la calidad de Suárez fue suficiente para hacerlo descender con un insuperable control, pero su tiro fue detenido por el meta. El rechace lo encontró Jonhson, y elevándose sobre la zaga con poderío demostrado, cabeceó sin piedad hacia las mallas. El balón pudo introducirse sin más en la portería, pero no lo hizo, el misterioso azar lo llevó hasta las piernas de Bridcutt, que incapaz de evitarlo, marcó en propia. Fue una jugada caótica y llena de impropósitos, pero el Liverpool se adelantó con mérito, gracias a ella.
El segundo tiempo comenzó como un volcán en erupción: enérgico, poderoso y con un ritmo incontrolable. Los de Dalglish salieron dispuestos a sentenciar y no dudaron en atacar sin piedad a la endeble defensa visitante. Downing, desde la banda, superó una y otra vez la pusilánime zaga rival; Carroll, más participativo que nunca, se movió ágil y siempre con peligro; mientras que Suárez, con la magia que acompaña al uruguayo, volvió locos a los contrarios con controles y quiebros dignos sólo de los genios. El Liverpool destrozó al Brighton.
Ante tal cúmulo de despropósitos, los "reds" no dudaron en aprovechar la favorable situación. Movidos por el éxtasis que sólo una superioridad de tal calibre provoca, los jugadores de Dalglish buscaron el gol para satisfacer a Anfield. El ataque "red" disparó una y otra vez, hasta que la defensa del Brighton finalmente sucumbió ante la presión. En el minuto 70, Steven Gerrard se zafó de su marca y robó habilmente un balón que parecía fácil para la zaga. Si perder un instante encaró a Breozan, quebró al meta y disparó, prácticamente sin ángulo. El peligro parecía salvado, pues era Bridcutt quien acudía a evitarlo, sin embargo, ocurrió todo lo contrario. El central recibió otro revés del destino e introdujo por segunda vez el balón en su propia portería.
Inmerso en continuo bucle de fallos, y apenas pasados unos minutos tras el gol de Gerrard, el Brighton halló de nuevo la desdicha. Esta vez, fue un centro de Downing quien provocó el fallo, Dunk controló con el pecho y, cegado por su atribulada mente, dio un toque con la rodilla que hizo inevitable el tanto en propia. Esta vez no hubo celebración; el Brighton cayó a los infiernos.
Los minutos finales fueron realmente demenciales. En el 80, el orgullo visitante se salvó a duras penas gracias a Brezovan, el mejor de su equipo, que logró detener un penalti a Suárez; un minuto más tarde, Kuyt rompía el larguero con un testarazo y en el 84, Suárez marcó el gol definitivo. El uruguayo cerró el marcador con un remate a placer desde la línea misma de puerta, tras recibir un pase cabeceado de Carroll.
Anfield no esperó el pitido para empezar a cantar. Atrás quedaban ya los oscuros devenires de palabras poco acertadas, pues en el estadio, todos animaban con entusiasmo a un equipo que ayer, sí jugó al fútbol. El Liverpool se clasificó para la siguiente ronda de la copa FA gracias a una mentalidad valiente y atrevida, creando ocasiones y sin permitir cualquier atisbo de debilidad, una actitud similar con la que hace unos años conquistó Europa. Tal vez, por eso Anfield está orgulloso.




