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Dean Windass: una vida regateando a la suerte y a la desdicha

Una trayectoria profesional que se debate entre el sacrificio y la lucha para con sus equipos a la par de su rudeza sobre el campo, donde emuló a Vinnie Jones agarrando de los testículos a un rival o siendo amonestado tres ocasiones consecutivas con tarjeta roja en un mismo partido cuando vestía la elástica del Aberdeen. Se trata de Dean Windass, un delantero horondo a la vez de hábil, que era capaz de erigirse como héroe y villano al mismo tiempo. El alcohol, un divorcio y la sensación de no seguir ligado al mundo del fútbol estuvieron cerca de arrebatarle la vida hace unas semanas.

Dean Windass: una vida regateando a la suerte y a la desdicha
Dean Windass: una vida regateando a la suerte y a la desdicha

“Yo no soy una leyenda. No me gusta que utilicen esa palabra cuando hay soldados luchando en Irak por nuestro país. Solo soy un futbolista al que se le paga mucho dinero por hacer lo que más me gusta”, respondió Dean Windass cuando el ayuntamiento de la localidad de Hull quiso conmemorarle como leyenda tras un gol que valió la promoción de los ‘Tigers’ a la Premier League en 2008. Años más tarde, en enero de 2012, Windass reconocía en público que intentó suicidarse por problemas personales, debido al alcohol y la depresión por el fútbol y el divorcio con su mujer.

La infancia de Dean Windass (Hull, Yorkshire, abril 1969) no fue para nada sencilla. A la edad de 13 años, tuvo que hacer frente a la separación de sus padres, John y Deeren Windass. Aficionado al criquet y al hockey, Dean comenzó jugando al fútbol en el North Ferriby United, un conjunto no profesional mientras asistía al Boothferry Park, antiguo estadio del Hull City, el equipo de su ciudad. A día de hoy, el Boothferry Park es algo menos que un campo para el pasto, con la maleza sobre el césped y con pintadas en el exterior. Los hierbajos pueblan las gradas que sobreviven a la demolición. Poco queda de aquel estadio que vio debutar en 1991 a Dean Windass con la camiseta de los ‘Tigers’, a la edad de 22 años, mientras desempeñaba otros oficios como el de  peón de construcción o el del embalaje de guisantes congelados en una fábrica. Su posición, a su llegada, estaba aún por aclarar: comenzó de mediocentro, pero más tarde, por exigencias del guión, fue reconvertido hacia el puesto de delantero. Un ariete peleón, trabajador, que se zafaba del defensa a base de empeño y esfuerzo y con un olfato goleador que fue puliendo temporada a temporada y que se agudizaba cuanto más exigente e importante era la cita.

"Solo soy un futbolista al que se le paga mucho dinero por hacer lo que más me gusta"

Un terapeuta deportivo, un ascenso y un circuito de ejercicios para recuperar la forma

La suerte sonreía a Windass. No solo en lo futbolístico, tras el debut con el Hull City. También en lo personal. Dean contraía matrimonio en 1993  con Helen, una esposa con la que tuvo dos hijos, Josh y Jordania.  Los 57 goles que anotó en las 4 temporadas con los ‘Tigers’ le llevaron a fichar por el Aberdeen, que desembolsó 750.000 libras por él. En Escocia fue forjando su fama de polémico, de rebelde contra las autoridades de seguridad. Con el Aberdeen se dio a conocer más por su comportamiento en el campo que por sus actuaciones.

En un partido de liga contra el Dundee United, el árbitro le mostró tres tarjetas rojas en el mismo partido: una por juego sucio, otra por insultar al árbitro y la última por descargar su furia contra el banderín del córner. Las autoridades deportivas tomaron nota del suceso y decidieron sancionar al delantero con 6 partidos fuera de los terrenos de juego. A raíz de esto, la participación de Windass se fue diluyendo. Cuentan que tuvo que contratar un terapeuta deportivo para calmar su carácter y su genio fuera y dentro del campo. De él se dice que golpeaba las paredes hasta que le sangrasen los nudillos, además de que se hacía pis en la cama por las noches. En 1998 firma por el Oxford United, donde no pudo evitar el descenso.

No fue hasta un año después, en 1999, cuando fichó por el Bradford City cuando se vio una de las mejores versiones de Windass sobre un campo de fútbol en una temporada. Si con el Oxford City había logrado bajar de categoría, la suerte volvió a aliarse con él. Después de 77 años en Championship, Windass y sus compañeros lograron el ascenso a la Premier League en la misma temporada que ‘Deano’ llegó al equipo. El club incrementó su sueldo hasta el millón de libras, lo que le hizo comprometerse con el equipo. En vez de irse de vacaciones como el resto de sus compañeros, Windass se quedó en Bradford para trabajar sus cualidades técnicas y físicas. El premio bien lo merecía. No todos los años se conseguía un ascenso a la máxima categoría del fútbol inglés y la reputación de sentirse respetado dentro del terreno de juego le llevó a regirse por la profesionalidad. Tuvo recompensa: logró ser el máximo goleador del club en la categoría con 10 goles y evitando el descenso en la última jornada.

Contrató un terapeuta deportivo para controlar sus arrebatos: se pegaba contra la pared hasta que sangrasen sus nudillos y se meaba en la cama

En 2001 fichó por el Middelsbrough y más tarde por el Sheffield United, donde no demostró su mejor versión. Como venía siendo común en su carrera, alternaba luces y sombras en su juego. No contó como pieza importante desde el inicio y una lesión de espalda tampoco le ayudó para consolidarse dentro del vestuario. A Windass le diseñaron un régimen de ejercicios propios por su propia esposa, que pertenecía al cuerpo de Policia de Humberside, lo que ayudó a mejorar su físico.

El regreso del hijo pródigo

Nada como estar en casa. Siempre es positivo volver al lugar donde mejor te recuerdan, donde se experimentó las mejores sensaciones. Y eso es lo que pensó ‘Deano’ cuando el Bradford City volvió a llamar a su puerta en 2003. Si ya de por si fue importante en su anterior etapa por sus goles, Windass volvió a recordar su faceta anotando más de 60 goles. Sin embargo, y como hiciera con el Aberdeen, su carácter volvió a quedar retratado con un suceso que le salpicó de lleno.

El año 2006 fue de los más oscuros para Dean. Las jugarretas de Vinnie Jones a sus rivales parecieron pasar factura en las artimañas de Windass, que quiso emular al inglés y también agarró de los testículos a Finnigan John, un rival del Cheltenham Town, que se revolvió y pegó a Windass. El técnico del Cheltenham no podía dar cuenta de lo ocurrido: “Hablé con Dean sobre lo que pasó y me dijo que formaba parte del juego. ¿Parte del juego? Pienso que su comportamiento rozó la homesexualidad”.

Agarró de los testículos a un rival y esperó a un árbitro en el aparcamiento a la salide de un partido. Fue sancionado con un total de 11 partidos

No fue el único incidente de un Windass más preocupado de atemorizar rivales que de reventar redes. Fue suspendido con cinco partidos de sanción por insultar al árbitro Darren Drysdale, tras un empate contra el Brentford. ‘Deano’ esperó en el aparcamiento del estadio a que saliese el árbitro para quedarse a gusto tras las decisiones del colegiado en el encuentro. Más tarde, recibiría amenazas de muerte tras intimidar  con un “tackling” con los dos pies por delante a Neil Young, jugador del Bournemouth.

Héroe del ascenso ‘Tiger’

Su temporada con el Bradford City no era la que se esperaba. Poco se vio de aquel Windass goleador de su primera etapa. El Hull City volvió a llamar a su puerta y el ahorro salarial que suponía para el Bradford City obligó a aceptar la oferta a préstamo que hacían los ‘Tigers’ por él, para que más tarde el Hull City decidiese efectuar la opción de compra tras varias negociaciones entre ambos equipos para determinar la valía de su traspaso. En junio de 2007, se oficializó como nuevo ‘Tiger’, en marzo de 2008 hizo su aparición número 700 de su carrera y en mayo de ese mismo año marcó su gol número 200 en Inglaterra. Un gol de suma importancia ya que el Hull City peleaba por el ascenso a la Premier League. Era la ida de las semifinales del play-off y fue un aperitivo de lo que finalmente haría ‘Deano’.

Windass marcó su gol 200 en la semifinal de los playoffs. Era el aperitivo de lo que sucedería en la final...

La final para el ascenso enfrentaba al Bristol City y al Hull City. Tan solo podía quedar uno. Windass tenía una espina clavada. “Voy a jugar un papel importante”, se decía a sí mismo antes del partido. “Voy a marcar para conseguir el ascenso a la Premier League”, se repetía. En una contra bien lanzada, Windass continuaba la carrera de sus compañeros para quedarse en la frontal, a la espera de un rechace. El guión de la jugada cambió y ‘Deano’, paciente, vio como el balón se acercaba a él desde el flanco izquierdo. Templado, manso y a media altura. No lo dudó. Windass impactó el balón con una soberbia volea, que se coló en las mallas del guardameta del Bristol. Su gol número 201 en Inglaterra. ‘Deano’ corrió por todo el campo, con lágrimas bajo sus ojos y los brazos levantados en una acción que hacía creer que quería abrazar a todo Wembley, de pie para celebrar el gol de un jugador pasado de kilos, con un aspecto de jugador torpón y de 39 años de edad.

Al igual que hiciese con el Bradford City, aquel gol, aquel solitario gol que cerró el marcador con un 1-0, supuso el ascenso del Hull City a la máxima categoría tras 104 años sin poder consumarlo.

Cuesta abajo y sin frenos

A la temporada siguiente, aquel héroe que devolvió la gloria a los ‘Tigers’ no pudo ser partícipe de tan ansiado sueño. Rozando la cuarentena, su utilidad se fue diluyendo con el paso del tiempo. Tampoco le ayudó el incidente con Marlon King, compañero con el que compartía vestuario, donde se pelearon, ebrios y a altas horas de la madrugada, en un casino de Scarborough. “No fue una pelea, tan solo duró uno o dos minutos”, confesaba el director del casino. El propio Windass restó importancia al suceso: “Habéis hecho de un vaso de agua una tormenta”.

Tras haber sido el artífice de la hazaña, Windass se cansó de esperar las oportunidades y abandonó la disciplina. Desde entonces, hasta en un total de cuatro equipos han contado con su participación, con más pena que gloria, y sin dar rienda suelta a los vestigios que le auparon a ser un goleador de citas importantes.

La depresión de no saber adaptarse a las circunstancias llevó a Windass a intentar suicidarse. Desde aquel gol que valio un ascenso, ‘Deano’ vivía más de los recuerdos que de la actualidad. El añorar tiempos pasados le sumió en una depresión que, a día de hoy, aún no ha terminado de recuperarse. Ni siquiera ser comentarista para Sky Sports le ha valido para sentirse cerca del deporte rey. “He llorado todos los días durante los últimos dos años desde que me retiré. La gente de fuera del fútbol cree que lo tenemos todo, pero yo estaba en un agujero del que no sabía cómo salir. Sólo hace una semana toqué fondo y decidí acabar con todo”, aseguró en una entrevista para People.

 

"He llorado todos los días durante los últimos dos años desde que me retiré. La gente de fuera del fútbol cree que lo tenemos todo"

Windass relata en un sobrecogedor relato como intentó poner fin a su vida: “La primera vez intenté 'pillarme' una sobredosis y cuando eso no funcionó, traté de ahorcarme. Me sentí tan solo que creía que no tenía nada por lo que vivir. Tenía la necesidad de contarlo porque forma parte del proceso de curación”.

A su inactividad deportiva, se le sumó sus graves problemas de alcoholismo, del que decía que una cerveza era la solución para los problemas y que además reconoció haber ingerido en alguna que otra ocasión 15 litros de cerveza al día, la muerte de su padre, problemas económicos y la separación de su esposa, con la que estuvo 18 años casado. Helen, que recientemente se separó de él y que forma parte de una de sus frustraciones, tachó su actitud de “egoísta”. “Siempre hay alguien peor que tu, todo el mundo tiene problemas en su vida”, le recriminó. “Estuve muy molesta cuando me enteré de la noticia. Yo no lloré por él. Le llamé y me gritaba que ya no tenía nada más que hacer en la vida. Ha perdido su cabeza”, matiza Helen Windass, madre de dos hijos de Dean.

A día de hoy, Dean Windass tiene en su horizonte recuperarse anímicamente de su depresión con ayuda de especialistas. En todo momento le han ofrecido ayuda terapéutica a base de medicamentos y asistencia médica para controlar sus arrebatos de carácter. Una vida que mezcla la suerte y la desdicha, desde sanciones por comportamiento antideportivo hasta goles que bien valen un ascenso. Una persona no puede escoger las circunstancias que le ocurren, sin embargo, si es capaz de escoger sus pensamientos para darle forma a sus circunstancias.

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