El Liverpool recupera la magia
La victoria contra el Wolverhampton fue total. Los “reds” no sólo golearon, sino que impusieron su juego durante gran parte del encuentro. Carroll abrió el marcador y recupero su mejor versión, mientras que Bellamy y Kuyt sellaron la victoria.
Tras la doble gesta conseguida durante las eliminatorias coperas, el Liverpool regresaba a la liga con la moral renovada. Sin embargo, la vida en la Premier es dura y en el Molineux les esperaba un infierno. El Wolverhampton necesitaba los tres puntos y para evadirse de la zona de peligro era impensable ceder un ápice ante los chicos de Dalglish.
Con una mueca de perro, los “Wolves” comenzaron el partido. Desde el primer momento el equipo de Mcarthy presionó sin piedad a las lineas enemigas. Los locales saben que el descenso está cerca y deben luchar para evitarlo. Pero los “reds” no lo permitieron. Gracias a un incombustible Bellamy, el Liverpool gestó desde su campo vibrantes jugadas que minaron poco a poco la estructurada defensa rival. Los de Dalglish se movían libres por el césped, recurriendo a la velocidad para asaltar el fortín enemigo. Sin embargo, algo fallaba en la propuesta visitante. Aunque el Liverpool derribaba una y otra vez las líneas de su oponente, el marcador seguía a cero. Los “reds” necesitan un puro goleador que haga temblar a las defensas contrarias con su sola presencia en el área, pero de momento sólo tienen a Carroll.
Mientras que el Liverpool se desvivía en recubrir de centros el área de Hennessey, el Wolverhampton comenzó a enseñar los dientes. Los locales arrinconaron a los jugadores “reds” y machacaron la moral de Reina con una constante presencia en el área. De hecho, el meta español se ganó el sueldo con una determinante acción que salvó a su equipo. En el 11 de la primera, Edwards surgió entre un mar rojo de defensas y remató en carrera un pase que dejó hecha polvo la zaga de Dalglish. Pero Reina cumplió con su parte y detuvo con seguirdad el disparo.
De improvisto, el volcán que se gestaba dentro del campo estalló de repente. La energía que ambos conjuntos albergaban en secreto resurgió brutalmente trasformada ahora en un éxtasis de fútbol británico. De todos sitios surgieron ocasiones. Agger la tuvo tras un saque de córner pero su poderoso remate encontró un pie de Hennessey, en el rechace, José Enrique cantaba victoria cuando Jonhson apareció bajo palos y acabó con el sueño. En el 28, un alarde aéreo de Fletcher permitió al delantero helar por un instate la sangre de los aficionados “reds” allí presentes; en el 36, Bellamy machacaba cara a cara al meta galés pero su cuerpo salvó el tanto; y apenas tres minutos después, sólo el destino evitó que un misil de Kightly viese puerta cuando todo el estadio estallaba de júbilo. Pero ninguno se rindió facilmente. Fue una lucha vibrante de dos gigantes cuerpo a cuerpo.
Sin embargo, como ocurre con cualquier tempestad, poco a poco fue amainando. Los equipos cayeron en un despropósito de faltas y errores que empobreció el juego. Afortunadamente, el descanso llegó pronto.
Cuando los segundos 45 minutos comenzaron, uno de los equipo saltó distinto. El Liverpool resurgió tras el parón obligado, y esta vez, se hizo con el encuentro. Ya no asustaron a los de Dalglish los fieros dientes de los "Wolves", los de Mersey cerraron la correa y escarmentaron al perro.
En el minuto 50, Andy Carroll, que hasta ese instante había sido un cúmulo de sombras, se reencontró con el gol. En un inofensivo saque de banda, la privilegiada vista de Charlie Adam vislumbró a lo lejos un grito desesperado que rogaba por el balón. Adam fintó a la derecha y con una aritmética parábola que recorrió a placer la portería de Hennessey, la puso perfecta en la bota de Carroll. La defensa fue un perfecto admirador del magnífico pase, y el meta, un mero actor secundario. Nada pudo hacerse, fue perfecto.
Pero el abismo del descenso volvió a las mentes locales y los “Wolves” se lanzaron a muerte para intentar evitarlo. Espoleados por la aguijoneante figura que les esperaba implacable, Jarvis y Kighly zarandearon al Liverpool intentando infligir el máximo daño, pero los “reds” fueron inmunes. Ajenos a la agonía local, los jugadores de Dalglish recordaron tiempos gloriosos y decidieron repetirlos con asombroso éxito.
Justo cuando el Wolverhampton a punto estaba de romper la muralla erigida sobre Reina, el Liverpool asestó el K.O definitivo. Con la mente puesta arriba, las líneas locales desprotegieron la retaguardia, y cuando el reloj marcaba el 60, Bellamy dictó la sentencia. El galés se abrió hueco hasta la fontral del área, se acomodó con cuidado el balón a la diestra y, como una chispa, soltó un latigazo que dejó en nada la estirada del meta. La moral del Wolverhampton se vino abajo.
Los visitantes se hicieron con el partido algo antes del ajustado golazo, pero con el 0-2 se confirmó lo evidente: el Liverpool recuperó la magia. De repente, todo lo que no había funcionado hasta el momento se solucionó por sí solo. Ya nadie se quejaba de un mal pase, todos defendían sin cuartel e incluso Carroll demostró lo que vale. El delantero luchó, saltó y ganó todo balón que circulaba por sus botas, y al fin, pareció atisbarse por qué los “reds” pagaron 35 millones de libras por él hace apenas un año.
Incluso el Liverpool volvió a gustarse. Mientras que las fieles voces de Mersey se alzaban victoriosas, Kuyt encontró el hueco para batir a Hennessey (min. 70). Como antes, un medido pase de Adam facilitó el tanto, pero eso a nadie le importaba, la calida victoria llenaba de nuevo el espíritu "red"; mientras que en las gradas, un ensordecedor “You Never Walk Alone” ocultaba la sangría de aficionados que se negaba a admitirlo: el Liverpool había vencido.
Pero si una cosa quedó clara ayer fue que con estas victorias se consiguen campeonatos. Tales enfrentamientos sólo se superan con garra y estilo, imponiéndose sobre el rival hasta salir con los tres puntos; justo lo que hizo el Liverpool. Sin embargo, tal vez ya sea tarde para el conjunto de Mersey, y aunque ahora saben de lo que son capaces, Dalglish y sus chicos deberán esperar otro año para luchar por la Premier.




