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Fútbol sin tregua

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La Premier nunca decepciona. Pueden salir partidos broncos y disputados, duelos de poderosos contraataques en los que futbolistas se convierten en velocistas por noventa minutos, choques de técnica depurada y encuentros que tienen todo lo anterior. El Chelsea-United de hoy es de los últimos. La intención de blues y red devils fue, desde el pitido inicial, salir a por el partido: defensas adelantadas, presión arriba y transiciones rápidas. El United mereció el gol en los primeros compases, en los que las ocasiones de gol se sucedían una tras otra. Pero los londinenses golpearon primero. Una buena jugada de Daniel Sturridge, después de un clamoroso desajuste de la zaga red, propició el gol de Evans en propia puerta. No sería el primer error defensivo ni el único autogol de la noche.

Cuando el público de Stamford Bridge apuraba la pinta de cerveza que todo entreacto británico requiere, los locales dejaban claro que querían más y la defensa del United volvía a dejar constancia de su bloqueo inicial. Juan Mata, experto como pocos en sacar petróleo cerca del área rival, engancha un centro de Torres desde la derecha y anota un golazo con su zurda. Empujados por los suyos y aún estupefactos por el noqueo defensivo de los de Ferguson, los de Londres querían más. Y lo tendrían poco después, cuando un gran remate de David Luiz –acaso el jugador más irregular del campeonato inglés–, se topaba con la espalda de Ferdinand que cambiaba la trayectoria del balón y desbarataba las escasas opciones de parada de De Gea. El tercer gol del Chelsea lucía exagerado en el electrónico: la cara de sorpresa de Vilas Boas le delataba. ¿Quién esperaba un correctivo así al segundo clasificado? Pero el Chelsea carburaba a ratos y nada parecía amenazar la victoria local. Buenas noticias para citizens y spurs en su pugna por el título y muy malas para sus otros vecinos capitalinos, los gunners, que no conseguían recortar puntos a un Chelsea envalentonado y lanzado a por la cuarta plaza. Sin embargo, los blues se relajaron y regalaron la posesión de balón al United, revolucionado por la entrada de Chicharito. Rooney aprovechaba dos penas máximas –la primera, clara, y la segunda mucho más rigurosa– y recortaba distancias en el 58 y en el 69. La nieve se derretía en la cubierta de Stamford Bridge, pero la afición local parecía más congelada que nunca: cuando el United aprieta, lo hace de verdad.

La entrada de Romeu en sustitución de un Sturridge desaparecido en la segunda parte, era la fiel expresión del miedo del técnico portugués, que optaba por un centro del campo muy poblado y algún fogonazo a la contra. Dos de estos chispazos, ambos a cargo de un mejorado Torres -su colaboración en el gol de Mata es indiscutible- ponían en jaque la remontada red, que llegaría cuando menos lo merecía. Chicharito, un cazagoles al más puro estilo Raúl, no desaprovechaba un centro medido del incombustible Giggs y anotaba el empate con un soberbio cabezazo. Y aquí llega la fase más interesante del partido, en la que intervienen actores hasta el momento secundarios: el mito de Scholes, que sigue asistiendo como nadie a arietes rápidos –Hernández y Rooney–, el vértigo del recién entrado Park y la habilidad de De Gea bajo los palos, que desbarató dos buenas ocasiones del Chelsea en los minutos finales y gana crédito en su lucha por la titularidad. De este cóctel final ambos equipos salieron igual que llegaron: reparto de puntos que a ninguno sirve pero que deleita al espectador neutral, satisfecho tras 90 minutos de fútbol sin tregua.

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