El Genoa regala tres puntos al Chievo

El Chievo Verona se llevó la victoria del campo del Genoa (0-1) haciendo lo justo, aprovechándose de la falta de iniciativa de los locales, que ni supieron ni aparentemente quisieron hacer nada por puntuar. El único tanto del encuentro, obra de Théréau, llegó gracias a un error de marcaje de la defensa genovesa en uno de los escasos acercamientos con peligro del conjunto visitante, que se limitó a controlar el partido manteniendo el orden en el centro del campo. Al Genoa le entraron las prisas en los últimos minutos, pero los nervios y la falta de precisión impidieron alcanzar un empate que habría sido inmerecido.

El Genoa regala tres puntos al Chievo
Genoa
0
1
Chievo
Genoa: Frey; Rossi, Granqvist, Kaladze; Jankovic, Biondini, Veloso (Zé Eduardo, min. 64), Kucka (Belluschi, min. 76), Constant; Palacio, Sculli (Jorquera, min. 80).
Chievo: Sorrentino; Sardo, Andreolli, Acerbi, Dramè; Rigoni, Luciano (Vacek, min. 76), Bradley, Cruzado (Frey, min. 77); Pellissier, Théréau (Paloschi, min. 81).
MARCADOR: 0-1, min. 30, Théréau.
ÁRBITRO: Guida. Amonestó a Kaladze, Biondini y Sculli (Genoa) y a Andreolli, Dramè, Bradley, Théréau y Rigoni (Chievo).
INCIDENCIAS: Partido de la jornada 24 de la Serie A. Menos de 20.000 espectadores en el estadio Luigi Ferraris de Génova.

Fue el enfrentamiento entre ligures y veroneses uno de los pocos partidos que se salvaron del desbarajuste de esta semana y conservaron el horario "tradicional" de las tres de la tarde. Que vendrá muy bien a los chinos que contemplen el espectáculo por la tele, pero ahuyenta de los estadios al público local, el que día a día sostiene la pasión por sus equipos, el sistemáticamente maltratado por clubes, federaciones y demás estamentos. Las curve (en este caso la Nord) nunca fallan, pero es descorazonador ver las demás tribunas vacías en un campo tan bello como el Ferraris.

Los jugadores se debieron contagiar del frío de la grada y brindaron un arranque de partido que, con toda probabilidad, no se recordará en los libros de historia, salvo quizás por uno de los tiros libres peor lanzados de los últimos tiempos por parte de Jankovic, que se fue más de 10 metros a la izquierda de la portería de Sorrentino. El despertador tardó media hora en sonar, cuando el Chievo aplicó con éxito la más clásica de las fórmulas: pase en profundidad, carrera y buen centro de Pellissier, y Théréau libre de marca empuja sin dificultad. Es la consecuencia frecuente de planteamientos tan engañosos como el 3-5-2 que planteó Pasquale Marino: en teoría va al ataque, pero en la práctica satura y atasca el centro del campo con ese engendro llamado "trivote" y deja mil huecos en retaguardia.

Más interés tenía el Chievo en ampliar la distancia que el Genoa en alcanzar el empate. Se notaba, más que en las ocasiones, en el estilo de juego, intenso hasta sobrepasar en ocasiones la línea de la brusquedad. Los amarillos se fueron al descanso con cuatro tarjetas del mismo color, y alguna otra que le perdonaron; los locales, sólo con una, cuando Sculli se revolvió de mala manera después de llevarse una coz de Andreolli. Parecía esta la única forma de meter en el partido a los grifoni, que en los últimos minutos de la primera mitad comenzaron a apretar, aunque sin el convencimiento ni la habilidad suficiente para igualar las cosas.

Tras el descanso el Genoa lo intentó, justo es reconocerlo. Pero, dimitido Palacio y bien replegada la defensa veronesa, los rojiazules no tenían más posibilidad de ataque que el balón largo con esperanza de cazar despistada a la zaga y enganchar un remate. Casi les sale bien dos veces durante el primer cuarto de hora, pero el primer cabezazo de Kucka se fue lamiendo el poste y el siguiente chut de Jankovic se encontró la mano milagrosa de Sorrentino.

El balón, sin embargo, seguía siendo del Chievo, muy superior en el centro del campo. Jugaban con fuego los hombres de Di Carlo, pues aun dominando el fútbol no conseguían acercarse lo suficiente a Frey para cerrar el marcador. El Genoa, viendo la batalla perdida, trató de darle la vuelta a la situación amontonando gente arriba. Se fue un improductivo Veloso, entró el no mucho más eficaz Zé Eduardo. Se fue el peleón Kucka, entró Belluschi. Se fue otro casi desapercibido, Sculli, entró Jorquera. Los dos últimos, a falta de apenas 15 minutos, sin apenas tiempo de demostrar de qué son capaces. 

Porque, como suele ocurrir, al Genoa le entraron las prisas a última hora, cuando veía que el reloj se le echaba encima y un discreto pero ordenado Chievo se iba a llevar los tres puntos de su casa. El Genoa, como los malos estudiantes, quiso aprobar con el arreón final, con el repaso de antes del examen. Está más que demostrado que esa técnica sólo funciona bajo tres supuestos: o un gran talento que permita el lujo de no necesitar esforzarse más, o una asignatura muy facilona, o una ración notable de buena suerte. Ninguna de las tres cosas tuvo el equipo genovés, que, de hecho, estuvo a punto de ver cómo la diferencia crecía en algún contraataque.

Las paradojas del destino hacen que con este resultado ambos equipos acaben la jornada empatados a 30 puntos en la clasificación. Bastante por encima del hoyo del que aspira a escapar el Chievo. Bastante por debajo del sueño europeo que se empieza a esfumar para el Genoa.