Moralez despierta al Atalanta de la siesta

Un golazo del mediapunta argentino a falta de un cuarto de hora para el final resolvió un partido flojo, lento, en el que ni Atalanta ni Chievo Verona hicieron esfuerzo alguno para ganar. El destello de Maxi fue lo único destacable en los 90 minutos. Suficiente para evitar al club bergamasco cualquier complicación y garantizar definitivamente su permanencia.

Moralez despierta al Atalanta de la siesta
Atalanta
1
0
Chievo
Atalanta: Consigli; Raimondi, Stendardo, Manfredini, Peluso; Schelotto (Lucchini, min. 82), Cigarini (Cazzola, min. 81), Carmona, Bonaventura; Moralez; Denis.
Chievo: Sorrentino; Frey, Cesar, Andreolli (Dainelli, min. 25), Dramé; Vacek, Rigoni (Hetemaj, min. 51), Bradley; Cruzado (Paloschi, min. 76); Théréau, Pellissier.
MARCADOR: 1-0, min. 72, Moralez.
ÁRBITRO: Tommasi. Amonestó a Schelotto y Cigarini (Atalanta) y a Cesar y Dainelli (Chievo).
INCIDENCIAS: Partido de la 33ª jornada de Serie A, que se debió haber jugado el fin de semana del 14 y 15 de abril pero se aplazó, al igual que el resto de encuentros, por la muerte de Morosini, por la que se guardó un minuto de silencio. Aproximadamente un cuarto de entrada (unos 6.000 espectadores) en el estadio Atleti Azzurri d'Italia de Bérgamo.

Los que, sea por gusto o por necesidad, vemos mucho fútbol italiano tendemos a justificar nuestra costumbre, nuestra pequeña perversión, con todo tipo de argumentos. Algunos son más o menos razonables, otros bastante peregrinos, con algunos sudamos tinta para que resulten creíbles, y muchas veces, me temo, no lo conseguimos. Una de mis excusas favoritas es que, en el fondo, el calcio no es tan aburrido como parece, porque aunque la mayoría de equipos usen tácticas defensivas, eso deja el centro del campo despoblado y acaba obligando a los jugadores a echarse arriba para llenar los huecos. Aunque parezca increíble, de vez en cuando cuela y todo.

Tan ardua tarea en pro del balompié trasalpino, todos los esfuerzos que nos toca hacer para dignificar un campeonato otrora poderoso y vibrante, se viene abajo cuando toca enfrentarse a un partido como el de hoy. Jugaban el 9º contra el 14º clasificados de la primera división de una de las ligas más fuertes del mundo, uno con remotas posibilidades de meterse en Europa, otro con necesidad de asegurar la permanencia, pero en cualquier pachanga de benjamines se podía ver más tensión, más espíritu competitivo. Una dejadez de funciones, una parsimonia, una pachorra... Una estafa al espectador... Todavía habrá quien se pregunte por qué casi todos los estadios están medio vacíos semana tras semana...

En el primer tiempo no ocurrió nada. Pero nada de nada. No es que me haya contagiado de la pereza de los jugadores y no me apetezca hacer la crónica; es que, de verdad, no hay nada que contar. Rascando mucho, se puede rescatar un gol anulado a Moralez por fuera de juego (por muy poco, pero era) y la lesión del central Dainelli, que apoyó mal su pie y tuvo que dejar el campo antes de tiempo. Pero no me pidan que les cuente nada más. Sería mentir, o como algunos lo llaman, periodismo creativo, y no estamos aquí para eso.

El segundo tiempo iba por el mismo camino. Y de hecho, sólo hubo una excepción a lo que hubiera sido otra ración de vacío absoluto. Maxi Moralez, probablemente mosqueado por el tanto que no le autorizaron en el primer tiempo, cazó un rebote suelto fuera del área, a la altura de la esquina izquierda, y soltó un obús directo a la escuadra de Sorrentino. Con casi toda la jornada por jugarse, e incluso teniendo en cuenta que en Trieste ha habido tres más, no es arriesgado decir que el gol estará entre los cinco mejores de la semana.

Más allá, de nuevo nada. Los bergamascos tenían su gol que les alza a 43 puntos y les quita de casi cualquier riesgo, mientras que los veroneses comprendieron que, estando exactamente a la misma altura en la clasificación, Europa queda demasiado lejos y no merecía la pena cansarse en balde. Se firmó un pacto de no agresión, ambas partes (sobre todo la local) lanzaron algún contraataque fallido a modo de paripé, y se dejó al reloj correr hasta que los 90 minutos reglamentarios pusieron fin a un partido que no pasará a la historia por su interés.

Homenaje a Morosini

Sí que se recordará este encuentro, sin embargo, por ser el primero que se juega en el Atleti Azzurri d'Italia con el nuevo nombre de la Curva Sud. Desde esta semana, el fondo del estadio lleva el nombre de Piermario Morosini, ya que el jugador del Livorno fallecido hace ya una semana y media era natural de Bérgamo y había comenzado su carrera en las categorías inferiores del club negriazul.

La iniciativa partió del diario local L'Eco di Bergamo y recibió miles de cartas de apoyo de sus lectores. Por este motivo, el alcalde de la ciudad lombarda, Franco Tentorio, y el presidente del club, Antonio Percassi, acordaron el nuevo nombre para esta parte del campo. Además, el Ayuntamiento, propietario del terreno, planea crear un monumento de recuerdo a Piermario, que se erigirá durante el verano.

Asimismo, Percassi ha anunciado que el club se hará cargo del sostenimiento económico de Maria Carla, la hermana mayor de Morosini, que sufre una grave minusvalía. "Lo considero mi deber personal y el del club", declaró el presidente a la página web de la propia sociedad deportiva. También añadio que Maria Carla "siempre pertenecerá a la familia del Atalanta y nunca tendrá que preocuparse por nada".

El fondo norte del mismo estadio, en el que se sitúan habitualmente los aficionados más radicales del equipo, también tiene un nombre marcado por la tragedia. Oficialmente se llama Curva Federico Pisani, en honor al delantero canterano del mismo nombre que murió en 1997, a los 22 años, en accidente de tráfico. A raíz de aquella desaparición, el Atalanta decidió retirar el número 14 que llevaba habitualmente aquel futbolista.