Udinese 2011-2012: la vida es más fácil con Di Natale

Los blanquinegros hicieron una muy buena temporada que les permitió clasificarse por segundo año consecutivo a la ronda previa de la Champions League. Igual que en los últimos años, un nombre propio sobresale muy por encima del resto: el de Antonio Di Natale, capitán y alma del equipo, que se proclamó máximo goleador italiano del campeonato con 23 tantos. El tercer puesto final hace justicia al buen fútbol visto en el estadio del Friuli.

Udinese 2011-2012: la vida es más fácil con Di Natale
El tercer puesto y la clasificación para Champions son un justo premio para el buen juego de los de Guidolin. (Getty)

Udine (pronúnciese con acento en la u) es una localidad relativamente pequeña para lo que se estila en el norte de Italia. Supera por poco los cien millares de habitantes, muy lejos de otras metrópolis como Trieste (la capital de su región, el Friul), Venecia, Verona o Padua, por no hablar de los grandes colosos Génova, Turín y Milán. A tiro de piedra de Eslovenia, su peso específico en la demografía y en la economía italianas no son gran cosa. Sin embargo, su equipo, gracias a una excelente gestión deportiva y a unas cuentas saneadas, se ha convertido en orgullo y referente de la ciudad y en envidia de otras tantas que, con mucha mayor importancia, ven a sus clubes malvivir en divisiones inferiores.

La tercera posición de esta temporada, lograda sin muchos apuros aun habiendo sufrido la posibilidad matemática de perderla en la última jornada, no hace sino confirmar el buen hacer de la familia Pozzo, que lleva al frente de la directiva desde los tiempos de equipo ascensor de los '80. Más mérito aún teniendo en cuenta que este año la lucha ha sido más feroz, ya que el cruel argumento de los coeficientes UEFA ha reducido a sólo tres las plazas italianas para Liga de Campeones. El pequeño gran Udinese se ha hecho fuerte y ha sido capaz de superar la competencia de transatlánticos como Lazio, Inter, Nápoles o Roma.

Mucho mérito de lo logrado lo tiene el inquilino del banquillo, Francesco Guidolin, quien llegó al cargo en el verano de 2010, recogiendo a un equipo que había terminado 15º el año anterior, y en las dos temporadas que lleva ha alcanzado un 4º puesto y el actual tercero, en ambas ocasiones con aspiraciones reales de lucha por el título hasta bien avanzada la temporada, y casi siempre con un juego vistoso y muy atacante, bien distinto a lo que es habitual ver por estas tierras. Su esquema fetiche, el 3-5-2 con ese estilo de laterales que ahora se hacen llamar "carrileros", es muy efectivo si se cuenta con dos tipos como Basta por la derecha y Armero por la izquierda, que entre ambos suman siete pulmones y pueden permitirse tanto cerrar al extremo contrario como dar el pase de la muerte sin mostrar signos de fatiga. Además, los otros tres centrocampistas (en la práctica el gran Asamoah y otros dos) no funcionan como uno de esos aburridos y ramplones "trivotes" que tan de moda están últimamente, sino que el tercer hombre (habitualmente Pinzi) tiende a dar unos cuantos pasos hacia adelante, funcionando como mediapunta de la vieja escuela. Y atrás, tanto Handanović entre los tres palos como su escolta de Danilo, Domizzi y Benatia han estado solventes, concediendo tan sólo 35 goles, menos de uno por partido.

Di Natale, líder indiscutible del UdineseAntonio, Rey del Friuli

Pero si hay que destacar a alguien, ese es sin duda Totò Di Natale. El delantero napolitano nunca pudo ser profeta en su tierra, pero a cambio se ha ganado el estatus de divinidad en Udine. Sus méritos: dos veces seguidas capocannoniere, en 2010 y 2011, y este año, que ha quedado por detrás de Ibrahimović, aun así se las ha apañado para mandar 23 veces el balón al fondo de la red. Su aportación ha sido fundamental para que el ataque blanquinegro, en el que se turnaban para hacerle compañía Floro Flores y Torje, haya llegado a 52 goles. Antonio, él sólo, ha hecho casi la mitad. Lleva 264 partidos de blanquinegro, el brazalete de capitán tiene su nombre grabado a fuego y a sus 35 años nadie osa discutirle. Ni siquiera Cesare Prandelli, que por fin se ha acordado de él y le ha llevado a la preselección de la Nazionale de cara a la próxima Eurocopa.

Con estos mimbres, no es de extrañar que el papel del Udinese en la Serie A fuera más que notable. Un arranque espectacular, cuatro victorias y cuatro empates, le llegó a dar el liderato en solitario del campeonato allá por la octava jornada. En la novena, sin embargo, llegó el primero de sus tropiezos sonados: cayó 2-0 en Nápoles. Esta ha sido, precisamente, la asignatura pendiente: los enfrentamientos contra los rivales directos. No fue capaz de ganar ni a los partenopeos, ni a la Juventus, ni al Milan en ninguno de los ocho partidos correspondientes; lo máximo que conquistó fueron sendos empates en casa rojinegra y en el encuentro de vuelta contra los campanos. Es el punto que le falta a los de Guidolin, crecerse contra los oponentes más poderosos, para dejar de ser el eterno aspirante, el modesto que lleva ya muchos años dando la sorpresa, y consolidarse como candidato firme al scudetto.

Eso, y también mejorar sus números fuera de casa. El Friuli es un fortín donde sólo los dos equipos de Milán han sido capaces de ganar; de los otros 17 partidos, 13 han sido victorias locales. Con esos números suma 43 puntos, casi tantos como la mejor Juventus. Si su rendimiento a domicilio hubiera sido similar, esos 86 puntos estarían lejos del alcance de cualquiera. No obstante, como visitante el Udinese pierde (8) más partidos que los que gana (5) y encaja más goles (21) que los que marca (18). La consecuencia es que mientras el campeón ha acabado la liga con 84 puntos, los friulanos se han quedado en 20 menos. No cabe duda de que 64 es una cota muy meritoria y que quizás el equipo no dé para más, pero siempre quedará la duda de qué habría pasado si, por despistes o falta de ambición, no hubieran salido derrotados de campos en teoría asequibles como los de Génova, Siena, Florencia o Novara.

No pintan copas

Por desgracia, la buena actuación en el torneo de la regularidad no se extendió a las pruebas de KO directo, quizás las únicas posibilidades razonables de añadir algo a una sala de trofeos en la que sólo se puede ver una Intertoto de 2001 y otras competiciones ya extintas. En Coppa Italia la aventura duró bien poco; como representante italiano en Europa, tuvo el privilegio de incorporarse en octavos de final, que a fin de cuentas sería la única ronda que acabaría disputando. Un gol de Théréau en el tiempo añadido rompió el empate a 1 que hasta entonces se reflejaba en el marcador del Friuli y certificó el pase a cuartos del Chievo Verona.

En Europa, hay que reconocerlo, el Udinese fue víctima de la mala suerte. En la previa de la Champions League el bombo fue tan caprichoso que le emparejó contra el Arsenal, uno de los gallitos, quien tirando de oficio les dejó fuera con un 3-1 global. Como premio de consolación le quedó la Europa League, en la que tuvo que enfrentarse en su grupo a los razonablemente asequibles Celtic de Glasgow, Rennes francés... y al futuro campeón Atlético de Madrid. Los rojiblancos mordieron el polvo por única vez en Europa en toda la temporada precisamente en tierras italianas, un 2-0 rascado en los últimos minutos, pero a cambio, en su visita al Calderón, el club del oso y el madroño contestó con un inapelable 4-0. No obstante, la victoria de aquel primer partido, más otra contra el Rennes (por supuesto en casa, por supuesto con gol de Di Natale), y otros tres empates fueron suficientes para clasificarse como segundos de grupo.

A continuación, en dieciseisavos, el rival fue un PAOK de Salónica que se preveía correoso, y así fue, pues consiguió aguantar un 0-0 en el partido de ida en Udine. Pero, oh sopresa, los transalpinos se pusieron serios y, pese a la baja de Di Natale, solventaron la eliminatoria con un 0-3 en Grecia. Sin embargo, en cuartos de final acabó el sueño, y la razón fue la habitual: del partido de ida en Alkmaar se trajeron un 2-0 en contra. En la vuelta el capitán se puso las pilas y marcó los dos goles de la igualada en apenas un cuarto de hora, pero otro tanto holandés, de un tal Falkenburg, truncó toda esperanza e hizo seguir adelante al AZ.

El Udinese cayó goleado en su visita al Atlético de Madrid

En definitiva, la temporada del Udinese ha sido francamente buena. Siendo conscientes de las limitaciones que imponen el presupuesto y la masa social, un tercer puesto es francamente positivo; de hecho, iguala el mejor resultado de la historia del club, conseguido en 1998, cuando el director de operaciones en primera línea de ataque era Oliver Bierhoff. La pregunta que debe hacerse ahora tanto la hinchada como, sobre todo, la dirigencia blanquinegra es ¿nos conformamos con esto, tenemos suficiente con ser terceros y con disfrutar a un genio como Di Natale los años que nos dure, o aspiramos a crecer aún más y a luchar por todo?