La Roma hunde al Milan en la miseria

El equipo 'giallorosso' desplegó su mejor repertorio de presión y juego combinativo para desarmar a un Milan impotente que dejó una imagen lamentable y que al descanso ya iba perdiendo 3-0. Otro tanto de Lamela, el mejor del partido, nada más arrancar el segundo tiempo certificó la goleada, fruto del dominio abrumador romanista. Los visitantes maquillaron el marcador a última hora, aprovechando la caída de concentración de la defensa local, anotando dos goles en un minuto que fueron insuficientes para conseguir un resultado digno.

Roma
4 2
Milan
La Roma hunde al Milan en la miseria
La Roma hunde al Milan en la miseria
Roma: Goicoechea; Piris, Burdisso, Marquinhos, Balzaretti; Bradley, De Rossi, Pjanic; Lamela (Florenzi, min. 68), Osvaldo (Destro, min. 69), Totti (Romagnoli, min. 81).
Milan: Amelia; De Sciglio, Mexès, Yepes, Constant; Montolivo, Ambrosini (Muntari, min. 77), Nocerino (Pazzini, min. 56); Robinho (Bojan, min. 70), Boateng, El Shaarawy.
MARCADOR: 1-0, min. 13, Burdisso. 2-0, min. 23, Osvaldo. 3-0, min. 30, Lamela. 4-0, min. 61, Lamela. 4-1, min. 87, Pazzini. 4-2, min. 88, Bojan.
ÁRBITRO: Rocchi. Amonestó a Burdisso y Goicoechea (Roma) y a Yepes, Ambrosini y Mexès (Milan). Expulsó a Marquinhos (Roma) por cometer mano siendo el último hombre.
INCIDENCIAS: Partido de la 18ª jornada de la Serie A. Buena entrada, más de 50.000 espectadores, en el estadio Olímpico de Roma.

Foto: Mexès (centro) se lamenta mientras, tras él, los jugadores de la Roma celebran uno de los goles (P. Bruno | Getty)

Cómo cambian los tiempos. El otrora poderosísimo Milan, ese equipo que hace no mucho daba miedo a cualquiera y estaba plagado de nombres míticos, en la actualidad no puede ofrecer nada mejor que el jovenzuelo El Shaarawy (que apunta maneras pero le queda mucha mili todavía), el talentoso pero muy inestable Kevin Boateng y el inclasificable Robinho, quien ya en sus tiempos como madridista sufría la guasa del triatleta (ya saben: corre, hace bicicleta, y después nada). El resto son nombres que, si bien no son malos, ni sueñan con acercarse a la primera fila de la élite mundial. La alineación que hoy se ha visto obligado a presentar Allegri sólo podría haberse mejorado con Pazzini, lo que demuestra que el equipo está a años luz de la grandeza a la que Berlusconi nos tenía malacostumbrados.
 
La Roma, seamos sinceros, tampoco es que tenga una plantilla mucho mejor. Pero sí cuenta con algún factor diferenciador que, a día de hoy, le hace estar un escalón por encima. El más importante de ellos, por encima de cualquier otro, es que, gracias al indulto de De Rossi, en el equipo de la capital juegan dos romanistas de cuna, con el plus de motivación que eso significa, y con la suerte de que uno de ellos, ése que se están imaginando, a sus 36 años todavía se mantiene entre los 10 mejores del mundo. El resto son gente, en general, muy cumplidora, e incluso en algunos casos (léase Pjanic u Osvaldo), de bastante talento. También está el factor Zeman, tan acostumbrado como está el bohemio a sacar petróleo de la nada. A costa, sí, de desguarnecer la retaguardia. Pero ya saben, no hay mejor defensa que un buen ataque...
 
Resuelto en 30 minutos
 
Por si alguien no se lo creía, los hombres de rojo sólo necesitaron 13 minutos para disipar cualquier duda. Fueron los que tardó Burdisso, otro recién recuperado para la causa, en llegar antes que cualquier rival al remate de un córner y poner la pelota lejos del alcance de Amelia. Diez minutos después, otro centro lateral, en este caso tras buen desborde de Totti, acabó en la cabeza de Osvaldo, o lo que es casi lo mismo, en el fondo de la red. A la media hora se llegó con el Milan cayendo 3-0 (Lamela aprovechó un despiste defensivo para quedarse solo y batir al portero con facilidad), con la Roma dominando el campo a placer y con el público, bastante numeroso esta vez, disfrutando de la fiesta inesperada.
 
Podría haber sido muy distinto todo si Robinho hubiera estado más rápido y no hubiera dejado a Goicoechea robarle el balón en un uno contra uno cuando el marcador aún lucía el 1-0. El guardameta sudamericano parece que se ha asentado en la portería romanista, tras su arranque de temporada dubitativo, incluida alguna metedura de pata particularmente dolorosa en partidos delicados como el derbi frente a la Lazio. Pero en los últimos encuentros está espabilando, tanto como para dejar a todo un Stekelenburg en el banquillo y que el equipo no se resienta. Confía el pueblo giallorosso en que su rendimiento tan notable no sea flor de un día. Lo malo es que el holandés es mucho gallo para montarle el corral en el banquillo. Por suerte es un tío tranquilo, poco proclive a montar bronca, pero no es muy probable que un hombre de su nivel aguante mucho tiempo la suplencia.
 
Tras el descanso no cambió nada. Ni nombres, ni actitudes. Los mismos futbolistas seguían sobre el césped en ambos bandos y el dominio absoluto de la Roma se mantenía similar. Lo único extraño que se pudo ver es que Totti falló una oportunidad bastante clara para establecer el 4-0 nada más salir y terminar de hundir al Milan; su zurdazo raso superó bien a Amelia, pero se cruzó demasiado y se marchó fuera.
 
Poco después, Allegri me hizo caso y sacó a Pazzini. Un poco tarde, quizás; por bueno que sea el rival, acabar perdiendo un partido que al descanso se gana 3-0 es algo que sólo le puede ocurrir al Atlético de Madrid. El ex interista, nada más salir, ya le dio otro aire al ataque milanés y forzó un par de ocasiones de cierto peligro. Pero fue un espejismo: enseguida la Roma recuperó la pelota. No estaba dispuesta a que nada ni nadie le arruinara la juerga. 
 
Tanto, que al poco llegó el balón a pies de Balzaretti, quien desde su lateral se sacó un centro perfecto, con la rosca justa, en dirección a la cabeza de Lamela. El argentino hizo un giro de cuello perfecto para firmar su segundo tanto del día, cuarto en la cuenta de su equipo, que hacía mucho que no se divertía tanto. Es un tipo inquietante este Erik, capaz de pasar desapercibido no ya durante minutos, sino durante semanas enteras, y sacar de vez en cuando ramalazos de calidad inimaginables en casi cualquier otro. Un psicólogo diría que todavía le afecta el trauma de protagonizar el descenso de River; el día que se recupere va a ser imparable.
 
Evidentemente, el análisis de lo visto dependerá del color de las gafas del espectador. Si el rojo va con amarillo, habrá sido una exhibición sublime del equipo local, con un dominio completo y absoluto en el centro del campo, con Bradley y De Rossi incansables, con una zaga solvente y eficaz y con la delantera contundente y acertada cuando debía estarlo. Sin embargo, si el rojo va con negro el panorama será catastrófico y se deberá, indudablemente, a la inconsistencia de una defensa formada por un tal De Sciglio, un tal Mexès, un tal Yepes y un tal Constant, que hacen maldecir el día que Baresi y Maldini decidieron retirarse. Del centro del campo y de la línea de ataque no se podría decir nada porque, simplemente, no habían existido. Curiosamente, ambas formas de ver el partido serían acertadas.
 
Sustos a última hora
 
El Milan apeló al escudo que lleva en la parte delantera de la camiseta, olvidándose de los nombres impresos en la espalda, y aún apretó un poco. A raíz de la salida al capo de Bojan, los centrales de la Roma hubieron de hacer en unos pocos minutos todo el esfuerzo que no habían necesitado en el resto del partido, y Goicoechea completó su buena tarde con tres paradas antológicas consecutivas. La cosa se complicó un poco cuando Marquinhos, bastante lejos del área pero siendo el último hombre, cortó con su brazo una internada de El Shaarawy y vio la correspondiente tarjeta roja. La expulsión le vino hasta bien a Zeman, que aprovechó para darle una oportunidad al central juvenil Romagnoli. El chaval estará emocionado: con 17 años, el primer partido serio con el equipo de sus amores es una goleada en casa al Milan, y encima, quien le da la alternativa es Francesco Totti...
 
Con 15 minutos por delante, el partido parecía muerto. Lo más destacable que había pasado era que Pjanic intentó lanzar una falta directamente a portería desde 40 metros, pero el zapatazo dio en la cara del pobre Constant, que estaba en la barrera y cayó como un bolo. Pero con el cronómetro agonizando Goicoechea empañó su excelente partido al no conseguir atrapar un lanzamiento lejano; lo que hizo fue rebotarlo, con la mala fortuna de que el balón cayó a pies de Pazzini, y al intentar resolver la situación, cometió un penalti que el propio delantero transformó. Después, extrañamente, la defensa de la Roma se desconcentró y concedió otro gol dejando rematar a Bojan completamente solo un centro lejano. El Milan se vino arriba, encerrando a la Roma en su área durante el tiempo añadido e incluso estando a punto de anotar el tercero en un par de ocasiones, pero el despertar llegó demasiado tarde y la distancia que remontar, demasiado amplia.
 
Al menos ese arrebato del final le sirvió a los lombardos para lavar un poco su imagen, si bien nadie que haya visto el partido se lo creerá. Salvo esos últimos cinco minutos, el dominio capitalino fue incontestable y justificó sobradamente la situación en la tabla de ambos conjuntos. Zeman sigue con el eterno problema de solidez defensiva que han tenido todos sus equipos a lo largo de su carrera, aunque si a sus 65 años aún no ha sido capaz de corregirlo, ya habría que ir perdiendo la esperanza. Y quizás sea mejor así: falta hace alguien que le recuerde a toda Italia que mantener la portería a cero está bien para conseguir empates a nada, pero para ganar hay que meter goles. A su colega Allegri aún le duran las rentas del Scudetto de hace dos años, y puede alegar que le han desmantelado media plantilla, pero parece que la paciencia en Milanello tiene un límite: no sería extraño que, a falta de turrón, no llegara a comerse el panettone como entrenador rojinegro.