Twists and turns, Tommy Burns

El 15 de mayo de 2008, un ex jugador y entrenador del Celtic murió. Con 51 años, y con mucho tiempo aún por delante, Tommy Burns dejó la vida por culpa del cáncer. Las aficiones de los dos emblemáticos clubs de Glasgow dejaron por un día la rivalidad y se unieron en el dolor que significó la pérdida de un hombre como él. Un hombre amigo de quién quisiera serlo y que nunca dejó perder la relación con nadie por los colores de la camiseta de un club de fútbol.

Twists and turns, Tommy Burns
A Celtic legend

La rivalidad es la salsa del futbol, una de las semillas de la pasión que levanta este deporte. Es también la antesala de su peor cara. La rivalidad suele conducir a los insultos, a la violencia, y en demasiadas ocasiones, a la muerte. Todo esto es fruto de gente que concibe el deporte como una forma de canalizar su odio. No entienden que el juego es un simple entretenimiento, un pasatiempo que ayuda a compartir con las demás personas una afición en común: el amor a unos colores, a una comunidad determinada, y a un deporte en concreto: el fútbol. Hay tipos cuya simpatía, cuya sonrisa delante de la vida impregna al fútbol. Son tipos cuya mística borra el color de su camiseta y deja entrever el lado más humano de su corazón. En un día como hoy, un 15 de mayo, uno de ellos nos dejó: Tommy Burns, exjugador y exentrenador del Celtic.

Fue un jugador de gran talento, de los que no abundan en el fútbol escocés actual

Fue un jugador de gran talento, de los que no abundan en el fútbol escocés actual, durante 14 años jugó en las filas del equipo que siguió desde pequeño: el Celtic. Fueron 14 años de emoción, calidad, victorias y decepciones, que acabaron con un fichaje por el Kilmarnock donde agotaría las últimas gotas de su fútbol. No dudó nunca en juntarse con los aficionados para cantar las canciones del equipo, algunos cuentan anécdotas en las que Tommy ejerció como “director de orquesta” de una grada encantada con un jugador tan brillante dentro y fuera de los terrenos de juego. Burns dejó frases para el recuerdo, como esta, que definía a la perfección el amor que profesaba al equipo que representó durante prácticamente toda su vida: “Cuando te pones esa camiseta (la del Celtic), entiendes que no estás jugando para un equipo de fútbol, lo haces por una gente, por una causa. Siempre te siguen ahí donde vayas (los aficionados), que Dios les bendiga.” Su “quote” quedará entre las frases que mejor definen a un equipo de Glasgow que desde el primer día de su fundación tuvo claro que aquello que se creaba no era un club de fútbol más, sino una institución, la representación sobre los terrenos de juego de una comunidad que quería ser libre, tolerante y abierta al mundo.

Buen fútbol, pocos títulos

Como entrenador, coincidió con una de las peores épocas del Celtic en décadas. El club estuvo a punto de desaparecer en 1994, el equipo blanquiverde estuvo a minutos de la liquidación hasta que el empresario Fergus McCann compró al club y revolucionó la institución a nivel económico al transformarla en una PLC (Public Limited  Company). Burns fue entrenador desde 1994 hasta 1997. El poderío económico (el mismo que ahora está haciendo estragos en la economía del Rangers) de su rival ciudadano hizo que los títulos en Escocia estuvieran difíciles para cualquier equipo que no fuera el presidido por Sir David Murray. Su única victoria fue en la copa de 1995, el primer trofeo para el Celtic desde 1989 (otra copa, precisamente). Los Bhoys no conseguían una liga desde 1988 (y no lo hicieron hasta 1998, con Wim Jansen como entrenador). Eran malos tiempos para un  Celtic que practicó siempre un juego de toque con Burns como entrenador. Para desgracia del mánager escocés, los resultados no acompañaron nunca al buen juego del equipo, que contó con jugadores muy técnicos como Pierre Van Hooijdonk, o goleadores como Di Canio y Jorge Cadete (que pasó en España por las filas del Celta de Vigo). El gafe estaba asociado al Celtic y por buen juego que hubiera, un título fue el triste bagaje del equipo de Burns, que logró un par de subcampeonatos en liga, un fracaso si tenemos en cuenta la debilidad del fútbol escocés, donde quedar segundo por debajo del rival es sinónimo de mala temporada.

Con seis títulos de liga como jugador, pero con tan sólo una copa como entrenador, Burns fue el vivo ejemplo de una persona que estuvo en todos los momentos de la historia del Celtic. Con 11 años vio como espectador la época dorada del Celtic, con los Lisbon Lions que dominaron Europa a finales de los 60. Formó parte del equipo (aunque no jugó de inicio en ninguno de los dos partidos) que estuvo a punto de eliminar al Real Madrid en el año 80. El Celtic venció 2-0 en Celtic Park y cayó en la vuelta por 3-0 en una de esas noches guardadas en la retina de los aficionados merengues. Burns vivió los peores años del equipo como entrenador, y estuvo en el club como entrenador juvenil en los 2000, cuando el norirlandés Martin O’Neill ocupaba el cargo de entrenador del primer equipo.

Burns volvió con Gordon Strachan como segundo entrenador en 2005, Tommy tuvo una buena relación con el díscolo pelirrojo. Un extremo impredecible que aterrorizó a los defensas de Escocia con el Aberdeen y que hizo lo mismo durante años en Inglaterra en las filas del Manchester United o el Leeds. Strachan, un hombre con mucho carácter, reconoció en una entrevista que es lo que más le gustó de su estancia en el Celtic: “Lo mejor de venir a Celtic Park fue la oportunidad de conocer a Tommy Burns y de poder convertirme en su amigo”.

El segundo entrenador (y actual entrenador) del Rangers Ally McCoist, que había trabajado con Burns en la selección escocesa, declaró que "en el fútbol he conocido a muy buena gente, pero Tam era seguramente el mejor de todos ellos". Un emocionado Strachan apuntilló que "no había muchos jugadores mejores que Burns. Como persona, era simplemente el primero de la liga". Los entrenadores del Rangers, Ally McCoist y Walter Smith asistieron al funeral y llevaron el féretro para dar la despedida a un hombre que había sido compañero y amigo suyo, por encima de la rivalidad que se profesaran cuando el balón se pusiera en juego en un derby de Glasgow.

Enfermedad y defunción

Tommy fue sin duda uno más de la plantilla del Celtic durante su etapa final. Fue un consejero, un amigo y un padre para los jugadores. Sigue siendo curiosa una de sus últimas imágenes. Tras una victoria por penalties ante el  Spartak de Moscú, todos los jugadores se abalanzaron sobre el portero polaco Artur Boruc para celebrar la victoria, con la piña hecha, el último en llegar fue un hombre de 50 años, con el pelo blanco y desgastado, pero con una sonrisa en la boca, que saltó como si fuera un niño para unirse al pelotón de jugadores (ver vídeo, a partir del 5:25). Una de las últimas alegrías de Burns, que ya había tenido cáncer un año antes.

En marzo de 2008 dejó el equipo técnico del Celtic para centrarse en superar un nuevo cáncer de piel. En mayo se consumó su muerte. La fatídica noticia provocó la tristeza y el llanto de miles de seguidores por todo el mundo: uno de los suyos había marchado. El dolor ayudó al equipo a remontar la diferencia en liga para acabar coronándose campeón, un hito que Tommy nunca pudo alcanzar. Un título que se celebró como debía, pero que también contó con momentos dramáticos, entre las lágrimas por parte de una plantilla que se había hecho con la copa, pero que ya no podía sustituir el buen hacer de un hombre que marchó demasiado pronto.