Wallander vuelve a la carga en Riga

El inspector Kurt Wallander vuelve en "Los perros de Riga" (1991), la segunda entrega de sus andanzas escrita por el sueco Henning Mankell. Una historia apta para los amantes de la novela policíaca que muestra el lado más "light" del género negro escandinavo.

Wallander vuelve a la carga en Riga
"Los perros de Riga", por Henning Mankell (1991)

Los perros de Riga, de Henning Mankell (1991), no es una novela policíaca cualquiera. A pesar de tener los elementos propios de este género, el autor busca integrar la acción en un contexto conocido por el lector y acercarle de este modo a la historia. En esta segunda entrega de las aventuras del inspector Kurt Wallander, el protagonista se verá envuelto en un complejo y misterioso caso que le llevará a abandonar Suecia para continuar la investigación en Riga, Letonia.

Cuando un bote con los cadáveres de dos hombres llega a la costa sueca, nada hace presagiar la verdadera magnitud del asunto. El posterior asesinato en Riga de un mayor letón que había participado en la investigación con Wallander hace que se le disparen todas las alarmas, y que se desplace a la ciudad letona para ayudar a la policía del país a resolver un misterio cada vez más enrevesado. Casi sin darse cuenta, el inspector sueco se verá envuelto en una espiral de narcotráfico y corrupción. Todo ello, en un escenario muy particular: la Letonia de 1991 en los meses previos a la Revolución Cantada, que supondría la desfederación definitiva de la Unión Soviética. En ese tiempo, Riga y todo el país se encuentran en un momento en el que los letones buscan desesperadamente una libertad que no saben si les va a llegar ni cómo. Bajo la atenta mirada de los "perros de Riga", las sombras que siguen sus pasos allá donde va, Kurt Wallander aceptará arriesgarlo todo para desenmascarar lo más oculto y corrupto de la sociedad letona.

En cuanto al protagonista, el inspector Wallander no ha cambiado mucho desde Asesinos sin rostro. Sigue siento ese policía terco y metódico con una desastrosa vida personal, que vive preocupado por su salud, su hija y la poca atención que le presta a su padre. En esta ocasión, aparecerá una mujer en su camino, Baiba Leipa, que le hará volver a experimentar sentimientos que había olvidado y por la que será capaz de arriesgar su carrera y su propia vida, además de actuar en el límite de la legalidad sin ningún reparo.

Tras Asesinos sin rostro, Mankell tenía un dilema. Se enfrentaba a aquello de que “las segundas partes nunca fueron buenas”, después de haber escrito la primera entrega que tuvo una buena acogida por parte de la crítica. A pesar de la presión por tener el listón alto, el escritor sueco consiguió sacar a la luz una novela negra que, a pesar de seguir la estela del género sueco, se distancia un poco de la crudeza que caracteriza a este tipo de libros. El enigma y el misterio están presentes de principio a fin y, durante toda la parte final y el desenlace, el autor mantiene un ritmo trepidante. En contraposición a esto, los capítulos que dan comienzo a la novela transcurren de una manera mucho más pausada y lenta, haciéndose a veces un poco tediosos. Mankell logra hacer llegar al autor el ambiente que se respiraba en los países bálticos en general y en Letonia en particular en 1991. En esta fecha, aún bajo el dominio de la URSS pero con un horizonte de cambios a la vista, la situación no podía ser más convulsa. En el relato que hace el autor, destaca el contraste tan marcado que existe entre dos países vecinos como son Suecia y Letonia, separados por el "telón de acero". La publicación de Los perros de Riga se produce, como se ha mencionado al principio, en 1991. Por lo tanto, el autor sueco habla en su libro de una época y unos hechos que son le son coetáneos, lo cual favorece un relato de los mismos mucho más veraz y realista.

Henning Mankell no decepciona en esta segunda parte de las andanzas de Wallander, y nos deja una versión "light" del género negro escandinavo. Una historia trepidante y con gancho, que se deja devorar con avidez.