Salomé, mujer fatal

"Salomé", de Oscar Wilde, es uno de esos clásicos eternos y ajenos al tiempo, que conserva intacto el encanto y el misterio que el escritor quiso insuflarle en el momento de su creación.

Salomé, mujer fatal
Salomé, mujer fatal

Salomé, de Oscar Wilde (1891), es uno de esos clásicos que nunca pasan de moda. A pesar de su brevedad, ya que consta de un sólo acto, el autor crea esa atmósfera trágica y misteriosa tan común en los escritores de su época. Wilde (1854-1900) se basa en la historia bíblica de Salomé, la muchacha que instigada por su madre Herodías pidió la cabeza de San Juan Bautista en una bandeja de plata, para escribir esta tragedia. En este caso la protagonista, del mismo nombre, pide a su padrastro Herodes la cabeza del profeta Jokanaan en un escudo de plata como recompensa por haber bailado para él. Salomé pretende vengarse, ya que se encuentra poseída por una pasión irracional, obsesiva y no correspondida hacia este hombre, y sólo desea besar sus labios.

Es habitual en los autores pertenecientes al decadentismo (Wilde es uno de ellos) la máxima de “el arte por el arte”, así como la evasión a lugares lejanos, tal y como podemos ver en esta obra. Pero si hay en Salomé un motivo recurrente es el de la mujer fatal. La protagonista encarna este tipo a la perfección: un ser sensual, infantil, divino, bello, pero unido a la fuerza destructiva de la naturaleza. Todo aquel que queda prendado de ella está avocado a la desgracia y a la muerte. En esta historia existe una alusión constante y recurrente a la Luna, a la que se la personifica y halaga, y se la hace portadora de un terrible presagio que terminará por hacerse realidad. La propia Salomé está presa de este satélite, que simboliza algo así como una diosa dueña de las pasiones ocultas, la morbosidad de lo prohibido y el misterio.

La publicación de esta obra a finales del siglo XIX tuvo tal repercusión que ya en 1905 se estrenó una ópera, creada por Richard Strauss y con Marie Wittich en el papel protagonista, basada en esta tragedia. 

En definitiva, Salomé es una obra mágica, misteriosa, perversa, que envuelve al lector en una nebulosa llena de los sentimientos más ocultos, sádicos y oscuros de los hombres.