Mamá ¡Quiero ser lectora!

Mamá ¡Quiero ser lectora!

"Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca" dijo Jose Luis Borges, probablemente pensando en los beneficios de la lectura y el placer que encuentran en los libros todas aquellas personas que en algún momento de su vida decidieron olvidar por un instante sus profesiones y quehaceres para convertirse en lectores. Los beneficios de leer un buen libro no se ciñen al simple abecé de los aprendizajes, sino que ofrecen un amplio abanico de cristales a través de los que ver el mundo.

Leer nunca fue una moda, al menos hasta que los best sellers salieron a la luz, sin embargo la lectura forma parte intrínseca del individuo desde que, alrededor de los dos años, aprende a reconocer las letras. Desde entonces gran parte de su educación girará en torno al aprendizaje de palabras, lectura fluida, ampliación de vocabulario o expresión correcta amén de otras materias relacionadas con el extraordinario mundo de la lengua. Su importancia es innegable, ya que en un país en el que el analfabetismo se encuentra por debajo del 2,2% de la población, no saber leer supone una barrera dificilmente salvable tanto en las relaciones laborales como las personales. Pero ¿Cuando pasa un libro de ser mero aprendizaje a convertirse en una herramienta para nuestra vida? 

Desde el momento en el que nosotros mismos tomamos un libro por voluntad propia estamos expresando el deseo de desentrañar la historia que encierra en sus páginas, esa curiosidad se verá fomentada con el correr de los capítulos hasta llegar a un final que, si lo merece, será reflexionado y analizado minuciosamente por el lector. Esto supone un verdadero proceso de maduración personal conforme la pila de tomos va creciendo en nuestra mesilla de noche hasta ser más alta que ésta. Dejando de lado el ya mencionado aprendizaje, la mejora de la ortografía y la fluidez de la expresión, leer nos proporciona un hábito de concentración y reflexión que no solo se verá reflejado en nuestra vida académica sino que nos aporta experiencias en la vida personal. Está claro que por muchos libros sobre animales salvajes que hayamos leido nos sería dificil enfrentarnos a la picadura de una víbora, sin embargo la experiencia y el saber que hemos adquirido marcarían la diferencia entre la vida o la muerte dependiendo de a quien lo sufriera. Sin tener que adentrarnos en la jungla, un libro nos puede ayudar a superar desde un desamor quinceañero, hasta la muerte de un ser querido. La experiencia de otro ser humano nos ofrece la posiblidad de aprender de ella y aplicarla en nuestra propia existencia.

Lejos ya de la autoayuda y la maduración personal, la lectura entretiene, ofreciéndonos extensos ratos de tranquilidad o tensión, en la que nos sacan de nuestra vida para adentrarnos en una historia completamente diferente, a veces imaginaria. Nos da las herramientas para mudar de piel, ponernos sombrero de copa, un holgado cancán o cruzar el río Nilo en época de los faraones. Tal y como expresó el dramaturgo, Antoine Houdar de la Motte, "Mediante la lectura nos hacemos contemporáneos de todos los hombres y ciudadanos de todos los países".

 

Un estudio en 2010 reveló que en España solo un 47% de la población puede considerarse lectora frecuente y entre ese porcentaje los jóvenes son los que más apuestan por la lectura, fundamentalmente de cuentos y novelas en castellano (un 90%). Aunque quizá el porcentaje que más sorprenda es el 0,2 libros que saca de media al año el ciudadano español de la biblioteca, a años luz de los 20 libros que piden prestados los finlandeses, pese a los notables beneficios que produce la lectura por encima de las 3 horas diarias de media que vemos la televisión.  Todos los datos nos indican que el paraíso con el que soñaba Borges continua siendo una concepción individual y aislada de una mente ordenada por categorías.