"Aquella edad inolvidable": una historia de fútbol

"Aquella edad inolvidable": una historia de fútbol

El novelista vasco Ramiro Pinilla publica su obra "Aquella edad inolvidable" de la editorial Tusquets, en la que retrata magistralmente la sociedad bilbaína de los años 40 a través de la historia de un jugador del Athletic Club de Bilbao.

Hay lujos que no los paga ninguna ficha, ni siquiera una prima extraordinaria de final de Liga. Escribo esta reseña, por una de esas casualidades mágicas del "yo quería centrar, pero el balón acabó entrando por la escuadra", desde la calle bilbaína Licenciado Poza, con el gran escudo del Athletic a fondo, pintado sobre la cubierta blanca del muro de San Mamés. Escucho por la radio el partido de la Eurocopa que medio veo, a lo lejos, en la televisión del bar en el que estoy cenando un pincho y una caña. Alemania 0 - Portugal 0. Descanso. La atmósfera es de historia de fútbol y los ecos que vienen del campo que ha visto todas las ediciones de la Liga española, es un aroma a césped recién cortado, fresco y húmedo. A mitad de la tarde, coincidiendo con el descalabro de Holanda frente a Dinamarca, terminaba de leer la última novela de Ramiro Pinilla, vizcaíno y del Athletic, en la que nos regala una historia extraordinaria levantada con los ingredientes de una tarde de partido mítico. Todo lo bueno y lo malo de la vida cabe en 90 minutos. Eso es "Aquella edad inolvidable", recién publicada por la editorial Tusquets.

"Aquella edad inolvidable" es una historia que se desarrolla en los años épicos del balón con costuras, la década de los 40, en Bilbao, en el Athletic, en San Mamés. Cuando Zarra consiguió sus seis Pichichis, cuando el equipo se puso a ganar Copas como si no hubiera sido fundado para otra cosa, cuando la leyenda simplemente se llamaba presente. En ese contexto, un joven jugador de Getxo, que siempre había soñado con jugar en el Athletic Club, consigue su sueño... y mucho más, pero pronto todo se rompe, como su rodilla, componiéndose de nuevo tras una convalecencia muy larga, de forma diferente, infernal, dolorosa, completamente desquiciada, bajo una escayola dura como los tiempos que les tocó padecer. Las lesiones en aquellos años en los que no había consuelo eran para toda la vida.

Souto Menaya, "Botas", nuestro héroe, delantero que sustituyó a Zarra en la final del 1943 -como nos cuenta Ramiro Pinilla-, consigue tocar el cielo y con él, con ese ansia trasmitida desde niño por su padre, quizás también el balón con la mano, para meter el gol que lleva el trofeo a Bilbao. La tiene, por fin, la gloria es suya, pero pronto se trunca, de golpe, de una segada criminal, y da paso a la más absoluta de las frustraciones.

Es una historia del Norte, recia, a veces incluso áspera, hecha más de silencios y bilis, embarrada como los antiguos campos, pero noble, como los jugadores de entonces. El autor empieza la novela en el preciso instante, en esa sensación colectiva, en el que la mitad del graderío de la afición perdedora pliega las pancartas, enrolla las banderas y se va, dejando los asientos vacíos, en procesión por las escaleras que hay en las tripas de los estadios y que nos bajan de los sueños a la calle, mortal y fría, recién regada, resbaladiza.

En esta obra todo es fútbol, aunque a veces no lo parezca. Todo es fútbol, sí, y los momentos en los que desaparece son sólo un espejismo, surgen en ese intervalo que va de temporada en temporada, donde las plantillas se piensan, se despejan, se ajustan, para conseguir llegar de nuevo a la final que un día perdieron. Otra oportunidad de quedarse en las tribunas, con toda la potencia de los focos iluminando la vuelta de honor del equipo, trofeo en mano, ovación, brillo en los ojos, felicidad plena. Sólo es fútbol, dice alguno de los personajes, pero en la novela que Pinilla nos narra con la sencillez de los maestros, nadie se lo termina de creer. Por las páginas desfilan héroes que no quieren serlo, héroes que buscan y necesitan serlo, villanos ocultos tras serviles intermediarios, dirigentes con promesas de humo de puro con vitola deslumbrante, inocentes niños a los que ninguna decepción les aparta de los sueños, tensiones políticas, prensa manipuladora, identidad, identidades, religión. Incluso el autor se atreve a recordar con nombre y apellidos a los primeros jugadores del Athletic, los fundadores, que eran unos cuantos ingleses.

Es un libro que juega al ataque, renunciando al histórico líbero, al catenaccio ramplón, al cerocerismo, a todo lo que no sea buscar la portería contraria con todo, caiga quien caiga, sin hacer prisioneros, sin dejarse llevar por las filias que caigan en el elogio absoluto facilón e irreal, enseñándonos también el lado menos pulido de la realidad, honesto con saña, siempre. El escritor Ramiro Pinilla tiene todas las claves de una realidad muy compleja y con 88 años que tiene, consigue hacernos ver que un club como el Athletic, es un lugar apreciado al que hay que cuidar y acicalar como la plaza pública de un pueblo en la que se juntan, a convivir todos.