La oscura verdad del flautista de Hamelín

La oscura verdad del flautista de Hamelín

Los hermanos Grimm escribieron un precioso cuento de hechos reales que la historia nos ha querido esconder. Una inscripción en la iglesia de Hamelin (Alemania) quedó como testigo de la maldad humana "Hace 100 años que partieron nuestros hijos", denunciando así el robo de niños como si de ratas se tratasen.

Toda historia tiene un bonito principio y un maravilloso final, amén de alegre o triste el cierre de una etapa siempre es algo extraordinario pues significa que hemos sido valientes para llevarla a cabo. El comienzo, con frecuencia, parece arrancar del mismo punto, el mítico "Erasé una vez..." y desde ahí confiamos en la audacia, ingenio e inventiva del autor para contarnos un cuento original que, con o sin perdices, terminará con el punto y final. Un cuento encerrado entre gruesas pastas del que nada puede haber contagiado la realidad más que polvo proveniente de la estantería más cercana. Personajes que nada tienen que ver con los  que nos cruzamos cada día y cuyas vidas apenas rozan nuestra existencia. ¿Es eso cierto? No. La historia que encierran muchos de nuestros cuentos más repetidos tiene un origen tan real que incluso el Erasé una vez parece fuera de lugar.  

Un claro ejemplo de la distorsión que los cuentos han ocasionado a la verdadera historia es el flautista de Hamelín. Un héroe que  libró a un pueblo de la manada de ratas más bailarinas jamás vistas. El milagro, tan necesario en toda leyenda, fue una flauta mágica y un flautista dotado del don de atraer a todas las alimañas y encerrarlas para siempre. Visto así nos parece tan maravilloso que todos hubiésemos querido tenerlo cerca para deshacernos de cualquier bicho molesto, sin embargo el cuento se inspiró en un hecho real que ha avergonzado a la historia desde el mismo momento en el que ocurrió: La cruzada de los niños.

La cruzada de los niños tuvo lugar en 1212 y se nutre de hechos históricos reales y ficticios donde unos 20.000 jóvenes y niños habrían sido seducidos por un pastor alemán llamado Nicolás para ir a liberar Tierra Santa. Se enrolaron en un viaje hacia el Sur de Italia donde, al llegar, debían abrirse alas aguas al paso de los niños y marchar hacia Jerusalén. La historia recoge que en ningún momento se produjo tal milagro, y muchos de ellos fueron engañados y vendidos como esclavos en Alejandría. Otras fuentes nos informan que ni siquiera divisaron el mediterráneo ya que el grupo de niños alemanes y franceses murieron de hambre y agotamiento en el camino.

Este acontecimiento nos serviría de base para dotar de realidad al famoso cuento de los hermanos Grimm, aunque unas inscripciones aparecidas en Hamelin (Alemania) nos hacen replantearnos otro origen posible. "Hace 100 años que partieron nuestros hijos" rezaba un vitreo del S.XIV de una iglesia en el mismo pueblo en el que se basa el cuento, la fuente más antigua que hace referencia a la desaparición de un grupo de niños. Asimismo el Manuscrito de Lueneburg datado en 1440 contiene la siguiente declaración: "En el año 1284, en el día de Pedro y Pablo el 26 de junio, 130 niños nacidos en Hamelin fueron seducidos por un flautista vestido de colores, y perdidos cerca del sitio de ejecuciones, en Koppen". Esto nos ofrece mayores pruebas de que quizá la cruzada infantil no fue tan decisiva para la creación de la leyenda como un hecho escalofriante en el que más de un centenar de niños fue robado y secuestrado por un músico en el s.XIII. Pese a estas fuentes reales y el imaginario popular que siempre quedó en las mentes de los ciudadanos de Hamelin no se ha podido comprobar la veracidad de estos robos de niños.

Aún así no debemos olvidar que durante estos años la peste asoló Europa escribiendo una historia en la que el dicharachero flautista encarnó a la muerte seduciendo a miles de niños a correr a sus brazos. La guerra, el fervor religioso y la enfermedad se convirtieron en leyenda por la ingeniosa mano de los mejores creadores de cuentos que nos ha dado la historia, haciéndonos bailar al son de la imaginación.