"Claros varones de Castilla", la figura de Enrique IV en la literatura
Pablo Derqui, actor que encarna al monarca en 'Isabel'. / Foto: www.rtve.es

Comenzaremos aclarando que en el siglo XV existían una serie de cronistas en las cortes reales, encargados de escribir biografías sobre los monarcas y sus allegados y narrar los hechos que ocurriesen entre las paredes de aquellos castillos medievales. Analizaremos parte de la obra "Claros varones de Castilla" de Fernando del Pulgar, un historiador de la corte de Enrique IV que vivió en primera persona los enfrentamientos entre la que más tarde sería Isabel La católica y su hermano Enrique.

Fernando del Pulgar se encargaba de hacer retratos tanto del monarca como de personas cercanas al Rey dentro de la Corte. En la época el Rey contaba con un derecho divino para ejercer su puesto de monarca, por lo que las críticas hacia él no eran aceptadas. De este modo, si algún cronista quería destacar o criticar algún aspecto de la figura tanto de Enrique como de cualquier otro Rey, debería encontrar la manera de que críticas pasaran desapercibidas. Esto es lo que ocurre con Fernando del Pulgar en "Claros varones de Castilla". Era partidario del reinado de Isabel frente al de su hermano, pero era algo que no podía aparecer, al menos de forma explícita, en sus textos.

Si nos atuviesemos a lo convencional en la relación interior-exterior, éstas deberían ir a la par: si el Rey es hermoso por fuera, debería serlo por dentro. En este caso no es así. En cuanto a la supuesta homosexualidad del Rey, la forma de crítica se basaba en el uso de indirectas. Una de las frases que se usa es: Lo que el Rey debería ser, y lo que en realidad es. En escasas ocasiones se realizaban críticas algo más directas.

Continuamente se habla de la moral del monarca, que nunca sabe comportarse como tal, sigue sus impulsos y deja a un lado sus asuntos en la Corte, como realizar la función de juez, que era uno de los poderes que poseían los Reyes en la época. El rey gustaba de ir de caza, pero no es una persona sociable y acostumbraba a ir solo, algo muy criticado en la Corte, ya que como monarca que era, debía tener hombres de su confianza y ciertas personas a su alrededor en todo momento. En la obra aparecen continuamente elogios hacia la figura del Rey; elogios que si analizamos, acaban convirtiéndose en críticas encubiertas. 

En la obra se destaca la idea de que si los diez primeros años de reinado de Enrique fueron años de prosperidad para el monarca, fue por pura suerte, y no porque él hubiera realizado méritos para que esto ocurriese así. Fernando del Pulgar destaca, por otro lado, que Isabel no mostró desobediencia, cumplió lo pactado en los Pactos de Guisando. En contraposición, el resto de la gente cercana a Enrique sí le desobedece, por no imponer su poder sobre sus hombres. De este modo, el Arzobispo Carillo, Juan Pacheco y la familia Mendoza, hacen caso omiso a las pocas órdenes que el Rey impone, y terminan por tomar ellos sus propias decisiones, ante un Enrique que parece rehusar de su puesto. De hecho podríamos decir que Enrique IV era, probablemente, el único hombre de Castilla que no quería gobernar en el reino. 

Es tan importante lo que se dice, como lo que no se dice.

Cuando se acaba el "retrato" literario de Enrique en el libro, encontramos con que el Rey no tiene ninguna virtud. En ningun momento se dice que Enrique no tenga virtudes, simplemente se va criticando en varios aspectos, lo que hace que el lector termine de leer la obra con una visión bastante mala del monarca. Como ya hemos dicho, continuamente se esconden críticas donde parece que hay elogios. Se realiza una sátira, no en el lenguaje pero sí en la crítica. Como recurso estilístico, encontramos la etopeya (recurso consistente en el análisis tanto psicológico como moral de una persona), presente en toda la obra. 

No se puede decir que la obra conforme en sí una biografía de Enrique, simplemente es una manera de ensalzar a Isabel mediante críticas camufladas. Aunque se asegurara que se narraban los acontecimientos siendo absolutamente fieles a la realidad, la subjetividad del autor es algo latente en todos los textos de este tipo, de ahí que la crítica debiera hacerse de manera sutil.

La obra requiere un análisis bastante profundo de sus líneas. Por ejemplo, en "Claros varones de Castilla" en ningún momento se muestra al Rey rodeado de sabios o leyendo, una forma sutil de mostarle como un hombre poco culto; y es que esta obra hay que leerla con la picardía a nuestro lado, pues es tan importante lo que se dice, como lo que no se dice.

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