Un clásico nunca pasa de moda
Foto: Listin.com.do

 La brisa marina, el sonido del mar y, ¿por qué no? un buen libro con el que viajar a lugares insospechados sin tener que moverse del sitio. Para los aficionados a la lectura, ésta nunca está de más, especialmente en verano, cuando se goza de más tiempo libre. Sin embargo, a veces puede resultar frustrante encontrar una obra que nos atrape de verdad. En estas ocasiones, quizás lo más inteligente sea volver a los clásicos que han fascinado a diversos tipos de lectores a lo largo de varias décadas, sobre todo si han dado lugar a series tan exitosas como Elementary o Sherlock o incluso han llegado a la gran pantalla  interpretadas por actores como Robert Downey Jr. Estamos refiriéndonos, sin duda, a la extensa obra de Sir Arthur Conan Doyle que comienza con Estudio en escarlata, cuando el doctor Watson empieza a compartir piso con el intrigante detective Sherlock Holmes.

A través de su diario personal, el doctor Watson relata los innumerables casos deducidos por su compañero de piso acompañado por sus impresiones personales sobre éste. El doctor Sherlock descubrirá la solución a diversos misterios utilizando tan solo la lógica y demostrando que, en ocasiones, la única solución está en la observación minuciosa de los detalles. Las ilógicas situaciones en las que se verá inmerso atraparán al lector desde el primer instante y provocando que se sumerja también en la investigación sin moverse de su sitio.

Las innumerables adaptaciones para la gran y la pequeña pantalla han llegado a deformar al personaje de Holmes, llegando a crear tópicos como la frase “elemental, mi querido Watson” que nunca existieron en la obra del autor británico.

Las aventuras de Sherlock Holmes se recogen en cuatro novelas y cinco colecciones de pequeños relatos. Caracterizado como un violinista que busca la exitación constante del cerebro, el personaje principal llegó a conquistar a los lectores hasta tal punto que cuando  el autor, celoso de la devoción que despertó en su público el detective en lugar del el doctor Watson que había basado en sí mismo, decidió acabar con la vida de Sherlock, llegó a recibir amenazas por parte de sus lectores. Finalmente, Doyle decidió resucitar al detective  y contentar a sus fans, quiénes todavía escriben cartas al 221B de Baker Street, dirección  del famoso detective, pidiendo ayuda para solucionar misterios sin respuesta.

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