La utopía del profesionalismo de nuestro balonmano femenino

La utopía del profesionalismo de nuestro balonmano femenino

Ahora, tras un verano donde se ha producido una masiva jugadoras de nuestra liga con destino a competiciones más saneadas, parece evidente que la situación de nuestro balonmano femenino está atravesando un momento delicado.

Tras el magnífico papel de nuestras guerreras olímpicas en los JJ.OO., donde se alzaron con un meritorio e histórico bronce. nos hacemos una idea un poco distorsionada de la realidad del balonmano femenino en España. Seguramente las que allí representaron a nuestro país, aunque no todas, gozan de un estatus dentro de las profesionales de este deporte, que dista en bastante de la gran mayoría que componen los equipos que militan en la élite de nuestro balonmano.

Cuando hablamos de deportistas de élite, por defecto nos viene la idea a la cabeza de que estamos ante jóvenes que practicando un deporte tienen una vida llena de lujos y grandes remuneraciones económicas. No nos equivoquemos, esto no es fútbol, que si está bien pagado. Aquí se trata de un deporte minoritario, donde la élite no lleva aparejada en la mayoría de los casos unos grandes emolumentos económicos. Para nada. En este balonmano femenino las cantidades que cobran las jugadoras no acumulan tantos ceros como podría parecer al tratarse de deportistas de élite.

Pero no se nos olvide algo, que la retribución económica que se perciba por practicar el balonmano femenino no sea tan elevada, para nada exhime del deber de unos entrenamientos pesados, tediosos y totalmente profesionalizados, como exige el nivel deportivo del equipo al que representan, con largas sesiones de gimnasio y pretemporadas totalmente espartanas. Seguro os preguntaréis que de que cantidades estamos hablando, pues bien, consultando fuentes más que fiables, que por supuesto no desvelaré, las cantidades que una jugadora perfil medio en un equipo de élite dejan mucho que desear, por decirlo de un modo más o menos agradable, situándose bastante lejos de lo que podría estimarse a priori.  Como en todos los sectores, habrá quien esté muy bien remunerado, pero estaríamos hablando de contadísimas excepciones.

Hablamos de retribución, pero en ningún momento he reflejado la palabra nómina como matrimonio de retribución. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que estamos ante una compensación económica en forma de incentivos, dietas o vaya usted a saber, pero que no tiene los derechos y prestaciones que lleva aparejada una nómina. Lo que viene a ser lo mismo, no hay cotización a la seguridad social, por lo que tampoco hay prestación por desempleo en el hipotético caso, dios no lo quiera, de que se quedasen sin empleo. Como ven, muy profesionalizado, lo que se dice, no está la cosa.

¿Dónde quiero ir a parar? Pues a tratar de explicar una realidad por la que muchas de nuestras jugadoras han emigrado fuera de nuestras fronteras. Además de  tratarse de unos ingresos seguramente mayores que los que aquí puedan percibir, estamos hablando de cierta seguridad en el cobro de los mismos. A nadie se le escapa que muchos de nuestros equipos las pasan canutas para satisfacer las cantidades comprometidas con la plantilla y el cuerpo técnico.

Seguramente si tienen la oportunidad de conocer a las muchas jugadoras de nuestro balonmano, verán que son un muy pequeño porcentaje el que se dedica en exclusiva al balonmano. La gran mayoría, debido a su edad, compaginan el deporte con los estudios, pero también las hay quienes tienen un trabajo fuera del balonmano. La principal razón es que de este modo se estarían labrando un futuro y una cierta seguridad y estabilidad económica de cara a tiempos futuros que en el balonmano es imposible, por muy en la élite que se esté. Serán muy pocas las que en el futuro puedan vivir de las rentas de lo obtenido en su tiempo de deportista profesional dentro del mundo del balonmano.

Por todo esto no puedo sino alabar el tremendo esfuerzo que llevan a cabo todas las jugadoras de balonmano, destacando más si cabe, aquel sector de la profesión que lo hace desde la más absoluta modestia y lucha contra viento y  marea por seguir practicando su deporte favorito. No olvidemos que además de las tremendas sesiones de entrenos, existen viajes largos y tediosos por las carreteras de España (la palabra avión es algo muy, demasiado, exclusivo). Además, cada vez es más frecuente que las cantidades pactadas de inicio se demoren y empiecen a acumularse los impagos. Esta es la auténtica realidad del balonmano femenino en España, donde las que se visten de corto se convierten en valientes que, a pesar de las mínimas cantidades que perciben (en la mayoría de los casos) se dejan la piel jornada a jornada.

También es de recibo reconocer las dificultades que las distintas directivas tienen que superar para tratar de sacar los equipos adelante. Hasta hace bien poco el sustento principal eran las ayudas que los entes públicos hacían llegar a las instituciones deportivas, junto con los ingresos que provenían de los distintos mecenas que en forma de patrocinio apoyaban a los clubes. Ahora, con la crisis económica instaurada y enraizada dentro de nuestro país, las primeras (subvenciones) han frenado y menguado en bastante porcentaje y los mecenas bastante tienen con poder sacar adelante sus empresas heridas financieramente. Lo cual nos lleva a pensar que los malabarismos que los equipos han de hacer para sacar los ingresos suficientes que permitan pagar lo acordado, son dignos del mejor circo de todos los tiempos, ya que, no nos engañemos, los abonos y entradas apenas suponen un pequeño oxígeno dentro de las arcas de las entidades deportivas.

Por todo esto, a vosotras que os dejáis la piel jornada a jornada y entreno a entreno, y que además nos hacéis disfrutar de este deporte, GRACIAS. Muchísimas gracias por transmitirnos un amor por un deporte que a pesar de que se ha vendido últimamente su carácter profesional, dista mucho de la realidad, como vosotras, mejor que nadie, conocéis