A dos goles de la gloria

A dos goles de la gloria

A nivel de club de balonmano femenino, como en casi todos los deportes, referirse a la Champions, es hablar de la máxima competición posible. Ganarla, un sueño al que muy pocos tienen la facultad de convertir en realidad.

Sábado, 14 de mayo de 2011, una fecha marcada para el recuerdo. No lejana en el tiempo, aunque por sensaciones, a tenor de la actualidad en la que se halla inmersa Itxako, parece remota. El lugar elegido, Pamplona, en “La Catedral” (Pabellón Anaitasuna), cancha donde disputa sus partidos el histórico Anaitasuna de Asobal. El motivo de su elección no era otro que el hecho de no cumplir los requisitos de la Federación Europea de Balonmano, por lo que Estella se quedó sin poder disfrutar de la finalísima. 

La cita, el partido de vuelta de la final de la Champions ante el Larvik noruego, al que se llegaba con un ajustado 23-21 favorable al equipo nórdico tras el choque de ida disputado una semana antes. Para dirigir la contienda, los trágicamente fallecidos pocos meses después, los hermanos gemelos Berd y Reiner Methe, siendo por aquel entonces una de las parejas más sobresalientes en el arbitraje mundial. 

Los hermanos Methe fallecieron meses después

El aspecto de “La Catedral” simplemente podría describirse como espectacular. El amarillo iluminaba el pabellón por los cuatro costados vistiendo casi a la totalidad de los más de tres mil aficionados que allí se daban cita. Unas gradas, por otra parte, repletas de gente del balonmano, donde podía verse sin demasiada dificultad a jugadoras de la liga femenina española, dando igual el equipo del que procediesen, estando todas a una en pro de aupar al Itxako al cetro europeo del balonmano femenino. 

En la semana que medió entre los dos partidos, el ambiente de Estella iba in crescendo, y su población presentaba un clima de euforia ante una realidad que mostraba al equipo de la localidad navarra en lo más alto del deporte internacional, con la posibilidad de alzarse con el mayor título europeo que, a nivel de clubes, podría presentarse. Todo un hito para Estella y su Itxako. 

La premisa, jugar con el mismo descaro y seriedad que se hizo en Noruega, olvidándose de la desventaja de dos goles que arrastraban del partido de ida. Así, y solo así, podría llevarse la victoria ante el experimentado y repleto de calidad Larvik. 

Pero el partido no empezó bien para los intereses locales. Imprecisión, ataque enredado, poca aportación de la portería debido a una desajustada defensa y enfrente, el Larvik, aprovechando la concesión que había tenido a bien ofrecerle el Itxako. En esas suertes, la figura de Sulland emergió sobre todas. Seis goles desde los 7 metros, sin error alguno, disparó la renta favorable para las nórdicas, mientras las chicas dirigidas por Ambros Martín no encontraban el modo de entrar en el partido. El marcador, tras un desastroso comienzo local, presentaba un complicado 2-7 para el Larvik. Tocaba sufrir, enmendar errores, ponerse el mono de trabajo y apelar a la épica. 

Ambiente del Anaitasuna

  Pero si algo caracterizaba a aquel Itxako, además de su innegable calidad, era la capacidad que tenían para sobreponerse a las dificultades que a lo largo de la Champions, habían encontrado. Estaban en su final, ante su afición y por supuesto, no venderían tan fácil la derrota. Mediada la primera parte todo cambió. Ingresó Macarena Aguilar en pista, apareció la gran defensa amarilla provocando numerosas pérdidas en las noruegas y la aparición de sus rápidas extremos, Turey y Carmen Martín, para en vertiginosos contragolpes, enjuagar la desventaja y llegar al descanso con un ajustado 10-11 favorable al Larvik, pero que dejaba todo abierto para el desenlace en la segunda mitad. En el conjunto noruego seguía destacando Sulland, autora de 8 goles en la primera mitad, mostrándose imparable por la defensa estellesa. 

En la reanudación, las noruegas, a las que no les pesó en absoluto el cartel de favorito, siguieron desplegando su mejor balonmano. Defensa contundente, taponando a Barbosa en sus intentos, y ataque trabajado. A pesar de esto, la renta del Larvik seguía siendo mínima por lo que Itxako estaba en el partido. 

Hasta que llegó el tramo final del choque. Todo por decidir y dos equipos repletos de calidad con la sensación de que podían alzarse con la Champions, aunque sabedores de que su rival tenía argumentos más que de sobra para hacer lo mismo o mejor si cabe. En ese momento, “La Catedral” se convirtió en una olla a presión. Ensordecedor el ambiente que se respiraba, llevando en volandas al Itxako y achuchando, en la medida de lo posible, al Larvik. Todo valía, todo sumaba y todo, absolutamente todo, iba a ser necesario para alzarse con la Champions. 

Ambros, sabía que había que presentar alternativas para doblegar al correoso conjunto noruego. Variedad defensiva, pasando de un 6-0, a un 5-1 con Barbosa en el avanzado e incluso con un 3-3. En ataque doble central, buscando mayor movilidad del balón y la facultad en la penetración de Macarena Aguilar. Ante tal variedad de recursos, Moen, técnico visitante, veía como el Itxako tenía contra las cuerdas a su equipo. Era el momento más álgido y cualquier error podría ser garrafal para los intereses de ambos equipos. 

Final de infarto

Y ocurrió. Una doble exclusión de la capitana Andrea Barnó, una de ellas por protestar la acción, provocó que Itxako tuviese que jugar en inferioridad durante cuatro minutos, justamente en los instantes donde todo se decidiría. Eso hacía, si cabe, más complicada la empresa de la remontada, pero no mermó la capacidad de reacción y la facultad para sobreponerse a las dificultades de las navarras. A falta de tres minutos, el partido estaba empatado y todo por decidir. Se necesitaban tres goles para la heroica y había que intentarlo, y se hizo, ¡vaya si se hizo¡ Pero apareció una protagonista, hasta el momento desaparecida, Gro Hammerseng, que anotó el gol que rompía el sueño del Itxako, siendo imposible ya la empresa de ganar por más de dos goles. Final del partido, Itxako 25 – Larvik 24. Se ganó, pero eran necesarios dos goles más que no llegaron. El título volaba hacia Noruega, ante un justo campeón, un buen equipo. 

No pudo ser, se había escapado de las manos una Champions, en un partido en el que se había luchado hasta la extenuación, rehaciéndose de las dificultades del inicio y mostrando la garra y la clase que atesoraba el Itxako. Pero no fue suficiente. Pudo haber ganado, pero la gloria tuvo bien arrimarse al lado noruego. Las lágrimas estaban presentes en las jugadoras del Itxako, desconsoladas por haber tenido tan cerca el mayor título a nivel de clubes. Nada parecía calmar al equipo, ni siquiera el inmenso reconocimiento que la grada brindó al bloque dirigido por Ambros Martín. La suerte había sido esquiva en los momentos puntuales y ahora el consuelo de haber sido subcampeonas en la Champions no servía, nada valía, solo prevalecía el sentimiento de haber sido derrotadas.

Del equipo finalista no queda nadie

Un equipo que ya es leyenda. Un bloque que se paseó de manera insultante por las competiciones domésticas y que estuvo demasiado cerca de una gloria que le resultó esquiva. Un equipo para el recuerdo: Adriana Stefani, Silvia Navarro, Andrea Barnó, Macarena Aguilar, Sandy Barbosa, Oana Soit, Begoña Fernández, Carmen Martín, Nerea Pena, Naiara Egozkue, Jessica Alonso, Raph Tervel, Emilya Turey y Patri Pinedo, bajo la dirección de Ambros Martín. Ese equipo quedará en la retina de todo aficionado al balonmano femenino.

Ahora, apenas 16 meses después, el sueño Champions se ha disipado de la cabeza del Itxako. Ni una sola jugadora de aquel mal trago del 14 de mayo del 2011 permanece en el equipo y la entidad ha pasado de disputar de tu a tu el mayor título europeo ante las grandes potencias de este deporte, a subsistir de aquel modo dentro de la competición doméstica, con un equipo hecho a última hora y corriendo, casi sobre la bocina.

Foto portada: eduardobuxens.blogspot

Foto ambiente: Diario de Navarra