Dinamarca, un espejo donde mirarse

Dinamarca, un espejo donde mirarse

Una vez más, Dinamarca ha enseñado lo que es vivir el balonmano femenino a todos los amantes a este deporte. La ocasión, la disputa de la fase previa de la Champions este pasado fin de semana en Viborg.

Hablar del balonmano en el país nórdico, es poco más o menos que hacerlo de una filosofía, una especie de religión para sus gentes, que viven y disfrutan de las bondades de este deporte como en pocos lugares del mundo, tal vez en sus vecinas Noruega y Suecia, se tengan sensaciones parecidas cuando nos referimos al balonmano femenino.

 Este pasado fin de semana se ha vivido otro ejemplo más. El Bera Bera donostiarra se desplazó hasta Viborg para disputar la previa de la Champions y a tenor de las declaraciones que la propia capitana del equipo, Matxalen Ziarsolo, ha dejado a la web del balonmano Bera Bera, la sensación que se traen es de envidia pura, basada en la impresionante acogida, fantástico ambiente y de la gran repercusión que tal evento deportivo ha tenido en el país nórdico, sobre todo en la siempre odiosa comparación con lo que ocurre dentro de nuestras fronteras, donde apenas se ha reflejado esta competición con más de cuatro líneas procedentes de los teletipos de agencia, salvo en medios minoritarios.

 Hablando además del balonmano femenino, no resulta descabellado decir que la diferencia entre ambos países es poco menos que abismal. Hace no demasiado tuve la suerte de departir con alguien que ha vivido lo que es el balonmano en Dinamarca, Raquel de la Cruz, actual jugadora del Cleba León, que militó en la liga danesa. Ella misma recordaba con cierta añoranza como, a pesar de ser un equipo joven, se llenaba el pabellón todas las jornadas y la liga respiraba una profesionalidad envidiable. Coincidirán conmigo que el aroma que desprende nuestra División de Honor es menor embriagador. También hizo referencia a la relevancia que en el país nórdico tienen las propias jugadoras de balonmano, donde gozaban de una repercusión antagónicamente opuesta a lo que se vive en España. Allí protagonizaban anuncios publicitarios y todas, absolutamente todas las jornadas, se emitía por televisión un partido de la jornada de la liga femenina de balonmano. Como ven, cualquier parecido con la realidad que tenemos aquí, es fruto de la más pura casualidad.

 Llegar a situar el balonmano femenino español como en Dinamarca, es más una utopía que algo factible de conseguir, dada la relevancia que otros deportes de masa tienen en España, dejando el pastel de la atención mediática bastante más reducido de lo aconsejable, pero no sería mal espejo en el que mirarse. Allí, se trata de un deporte reconocido, respetado, con repercusión mediática y altamente profesionalizado. Aquí, la repercusión televisiva se limita al ámbito masculino, donde siempre se retransmiten dos partidos de la liga Asobal, partidos de Champions de los dos grandes, quedando en el olvido el resto de equipos que participen – mejor que Ademar León pocos lo saben esto – amén de las citas internacionales del combinado que dirige Valero Rivera. En el caso femenino, la atención mediática es infinitamente menor, excepción hecha de lo vivido en los pasados JJ.OO. cuando por méritos indiscutibles de nuestras guerreras olímpicas tuvieron que rendirse a la evidencia, donde solo en el momento en el que la medalla era algo más que un sueño y empezaba a olerse, se trató como merecía la gesta olímpica de nuestras chicas, siendo traslada su participación a la web corporativa en el inicio de la competición. En cuanto a la liga, nada de nada. Simplemente parece no existir más allá de la prensa local que se hace eco del resultado obtenido por su equipo. Esto y los diferentes blogs especializados, parecen ser la única fuente de información al respecto, ya que el trato que dispensan los medios deportivos de tirada nacional es, por decir algo poco desagradable, penoso.  En cuanto a televisión, más de lo mismo, salvo medio local, nada de nada, ni siquiera competiciones europeas, y si alguna vez lo han hecho ha sido en diferido y a horas intempestivas, como en el caso de la aventura en la Champions del Itxako estos últimos años.

 Además, la grave crisis financiera que sufre la economía de nuestro país ha provocado que la realidad del balonmano femenino español haya dado varios pasos atrás, quedando en un horizonte lejano la profesionalidad que empezaba a intuirse estos últimos años, provocando la salida de la gran mayoría de las jugadoras top que militaban en nuestra competición así como la desintegración de auténticos equipazos, caso conocido del Itxako que no mantiene ni una sola jugadora de la plantilla del curso pasado o en menor medida, Alcobendas, donde lo más destacado de su plantilla, salvo alguna excepción como Silvia Arderius o Ana Ferrer, han emprendido el viaje hacia otras ligas europeas, en busca de una mayor estabilidad y sobre todo, un futuro menos accidentado que el que se intuía en nuestro país. Además, en el caso de algunas, lo han hecho con unas deudas acumuladas por impagos que parecen lejos de resolverse de manera amistosa, dada la gran cantidad de mentiras que acumulan en cuanto a fechas y formatos de pago.

 Por eso, en estos momentos en que el balonmano femenino español ha retrocedido en sus pretensiones y los clubes parecen ser conscientes de la necesidad de adecuar sus gastos a lo estrictamente presupuestado en función de los ingresos obtenidos, dependiendo en menor medida de las subvenciones que, en este momento coyuntural han cerrado el grifo en la mayoría de los casos, es el momento de sentar unas bases firmes y sólidas que permitan que, aunque sea a través de pasos cortos, se vislumbre un mejor horizonte en el futuro. Para ello, nunca viene mal copiar aquello que funciona y está contrastado, y simplemente por todo lo contado, Dinamarca dentro del balonmano femenino, es el mejor espejo en el que se puede hacerlo.

Para empezar lo que más llama la atención es que estamos ante una competición sesgada en cuanto a su gobierno. Hace no muchos años todos los clubes competían bajo lo que era conocido como ABF (Asociación de clubes de Balonmano Femenino) – se llamaba así incluso la liga – pero dentro de esta asociación cinco equipos emprendieron un camino paralelo, bajo el nombre de AFEBAL (Itxako, Alcobendas, Mar Valencia, Elche y Bera Bera), buscando un futuro mejor para el balonmano femenino. Sin ánimo de entrar a valorar o criticar nada al respecto, solo destaco que lo que ha de estar unido en busca de un fin común, no lo está, más bien están en puntos contrapuestos de difícil entendimiento.

La única forma de enderezar el rumbo es caminando de la mano. No solo me refiero a las asociaciones que gobiernan al balonmano, también a los estamentos federativos que no estaría nada mal tratasen al balonmano femenino de un modo más equitativo al trato dispensado a la versión masculina, así como los clubes y jugadoras. Todos de la mano, todos hacia una misma meta, y eso si, pasos pequeños pero firmes, siendo el único modo de situar donde sin duda merece al balonmano femenino. Y si queda alguna duda, miren a Dinamarca, un ejemplo de lo que es este deporte cuando todo está bien trabajado.