Pantani sentencia el Giro en Montecampione

El Giro d´Italia de 1998 estaba próximo a finalizar en su 81ª edición, y lo iba a hacer por todo lo grande con la disputa de su 19ª etapa, la más larga de esa edición. En esa etapa los corredores iban a recorrer un total de 243 kilómetros, los que separaban Cavalese y Montecampione.

Pantani sentencia el Giro en Montecampione
Pantani entra vencedor por la meta de Montecampione
Esta 19ª etapa iba a ser la última de montaña de esa edición del Giro, cuando aún quedaba la disputa de una CRI y otra etapa más, aparte de la jornada de homenajes en la que los corredores llegaban a la meta final de Milán. Se iba a afrontar una jornada infernal, con subidas a dos puertos sin catalogar, un puerto de 2 (Fai della Paganella), un 1ª (Croce Domini), el especial de Montecampione. La etapa iba a tener lugar en un 4 de junio, una fecha que para un corredor del pelotón era muy especial, ya que se cumplían 4 años de su primera victoria en una grande. Se trataba de la primera victoria de Marco Pantani en Merano, el día anterior de la histórica etapa de Aprica 94.
Ya había pasado el momento de la carrera en el que el suizo Alex Zülle parecía que se haría con el Giro de forma indiscutible. Pero la etapa de Selva di Val Gardena había semi-enterrado sus opciones de victoria y había dejado un interesante duelo por la carrera entre Tonkov y Pantani. Zülle aún no había muerto, pero ya andaba con la estocada.
 
La etapa se sabía que iba a ser muy dura, y los corredores que aún quedaban en carrera llegaban con el depósito casi vacío, por lo que tardó bastante tiempo en formarse una fuga en el pelotón. El Mercatone, el equipo del líder Pantani, fue quien asumió el mando de las operaciones en todo momento, lo que fue restando moral a los rivales. Todo fue según esta normalidad hasta la llegada al Passo de la Croce Domini, en donde Zülle pegó una petada de las que casi no se recuerdan en el mundo del ciclismo. Sus piernas habían dicho basta, y él negando con la cabeza lanzaba con rabia su botellín al suelo, presa de la impotencia de no poder seguir peleando por algo que había tenido tan cerca de la mano. Terminaría la etapa, porque Zülle era todo un campeón, pero lo haría cediendo más de media hora con respecto al ganador de la etapa.
Al tiempo que Zülle se quedaba en la primera dificultad, los Mercatone dejaban el grupo en 29 unidades, cuando aún no había empezado la etapa de verdad. En el grupo estaban todos los favoritos de la carrera, con excepción de Zülle, allí se encontraban los Pantani, Tonkov, Conti, Camenzind, Garcelli, Leblanc, Savoldelli, Gontchar, Guerini o un ya muy venido a menos Bugno. Durante la subida se había fugado el sueco Axelsson, buscando aparecer en las pantallas de los telespectadores, hasta que fue neutralizado durante el descenso del puerto, justo antes de afrontar la última subida y final en alto de la prueba.
Ese último puerto, el de Montecampione, era un puerto larguísimo, de más de 20 kilómetros, por lo que los corredores tendrían tiempo de atacar. En las primeras rampas del mismo los Mercatone marcan un ritmo brutal, un ritmo que obliga a los propios corredores del conjunto verde y amarillo a apartarse de la cabeza de carrera después de tirar del grupo durante solo un centenar de metros cada uno. A 17 kilómetros de meta, y cuando ya solo le quedaba a Pantani su fiel gregario Podenzana fue cuando el de Cesena pasó al ataque. Tonkov sale rápidamente a por el Pirata, pero será el único corredor capaz de seguirle el ritmo. El resto no pudo sino mirarlos como se alejaban en el horizonte.
Tonkov sigue la rueda de Marco muy a duras penas, especialmente cuando este se pone en pie sobre su bicicleta. Cada vez que Marco se alzaba sobre su bicicleta se abría un hueco de un metro de distancia entre ambos corredores, pero el ruso consigue neutralizar ofensiva tras ofensiva del de Cesena, poniéndose él igualmente en pie sobre su bicicleta. El resto ya no existe, es un mano a mano entre el italiano y el ruso.
Poco después de pasar el cartel de 14 a meta, Pantani gira su cabeza a mirar que había sucedido después de su terrible ofensiva, observando que Tonkov está literalmente pegado a su rueda y detrás no hay carrera. Decide en ese momento echarse a un lado, dando a entender al ruso que quiere que colabore en la aventura. Tonkov finalmente pasa al relevo, pero un simple relevo de cortesía, vigilando lo que hace al tiempo Pantani, ya que temía una arrancada de este. Se plantea un duelo en cabeza de carrera a sangre fría, ya que Pantani sabía que los 27 segundos de renta que tenía en la general eran a todas luces insuficientes para mantener su privilegiada posición cuando todavía tendría que disputar una CRI. Pero aún quedaba más de la mitad del puerto.
Pantani vuelve a cargar con fuerza al frente de la carrera, pero el corredor ruso del Mapei se encuentra intratable, con un pedaleo muy alegre, viendo la que le estaba tirando encima Pantani. Un segundo relevo, también de cortesía de Tonkov preceden a una nueva terrible carga de Pantani, quien en las rampas del 8-9% sprintaba a más de 20 kilómetros por hora. Pero Tonkov era una lapa, no había forma de despegarlo de su rueda, y no solo eso, sino que además parecía que quería entrar al relevo, como queriendo hacer ver a Pantani que su ataque era completamente inútil.
 
Cuando faltaban 9 kilómetros a meta, ya pasado el ecuador del puerto, era cuando las rampas del mismo eran más suaves, por lo que Pantani decidió tomarse el mayor respiro de la subida. Hasta que faltaban 6 a meta, fueron relevándose ambos corredores por mera cortesía, pero se estaban guardando ambos todo su arsenal. Al concluir esa zona “suave” del puerto, Pantani volvió a la carga con todas sus energías, y ese metro que conseguía cada vez que se ponía en pie, cada vez era más difícilmente respondido por parte de Tonkov.
El pedaleo de Marco Pantani era una tortura para Tonkov. Cada vez era más evidente que Pavel Tonkov se encontraba en apuros. Pantani aprovechaba cada una de las curvas de herradura para sentarse y lanzar un latigazo cuando salía de la curva, para así hacer aún más daño en su ataque. Pero Tonkov neutralizaba una y otra vez sus ataques, aunque cada vez con mayor esfuerzo.
Durante los siguientes 3 kilómetros (del 6 al 3) Tonkov siguió soldado a la rueda de Pantani, aguantando las envestidas de este. Cada vez que Pantani se levantaba sobre la bicicleta a Tonkov le costaba más volver a pegarse a la rueda de este. Cuando antes tardaba 3 segundos, ahora tardaba 15 segundos en hacerlo, hasta que a la salida de una galería, en la enésima envestida de Pantani, los 2 metros de ventaja se transformaron en 3, en 4... por fin se había abierto el hueco que durante toda la subida había estado buscando desesperadamente Marco Pantani. Se produce el momento que el gran comentarista italiano, Adriano De Zan narra de la siguiente forma:
 
Pantani por fin se había despegado de Tonkov y aún le quedaban más de 2 kilómetros para abrir hueco con respecto a su rival. En el paso de 2 a meta la distancia entre ambos corredores era de 20 segundos, ampliada en otros 4 más medio kilómetro más adelante. Tonkov había doblado la rodilla, pero no se iba a dejar ganar tan fácilmente. En el último kilómetro la diferencia ya era superior a los 40 segundos. Pantani cada vez forzaba más su pedaleo, dándolo todo, exprimiendo hasta el último segundo que pudiera conseguir de renta de cara a la última CRI de la prueba. Su entrada en la meta, simplemente una imagen para el recuerdo: él, erguido sobre la bicicleta, alzando los brazos en cruz, al tiempo que daba un resoplido, de alivio. Su cara era todo un poema, era una cara de alivio ante lo que acaba de sufrir para poder derrotar a su rival
El siguiente corredor que aparecería en meta no podía ser otro que Tonkov, quien llegaría a meta con un gesto de sufrimiento terrible, llegando totalmente vacío, y a una distancia de 57 segundos, lo que parecía que sentenciaba la carrera a favor del corredor italiano. El siguiente corredor que haría acto de aparición en la línea de meta sería un Guerini que iba a consolidar la tercera plaza del cajón, repitiendo y confirmando su actuación del año anterior, en que concluyó en idéntica posición. El retraso con respecto a Pantani sería de 3 minutos y 16 segundos. Le siguieron en meta corredores como Dani Clavero, Camenzind, o Savoldelli, pero ellos daba la sensación, a tenor de la lucha vista, que no habían estado en la etapa, puesto que todos ellos habían llegado con mucho más retraso que Guerini.
 
 
En la general Pantani y Tonkov iban a quedar separados algo menos de un minuto y medio, tiempo en teoría insuficiente para el italiano de defender su maglia rossa. Pero se respiraba en el ambiente que el ganador final, por primera vez desde que Indurain hiciera acto de aparición en la carrera, volvería a ser un corredor local después de 5 años, y la victoria de aquel 4 de junio no sería en vano y que el premio al final de la carrera sería el mayor posible. Obtendría su primera, y a la postre, única maglia rossa en Milán.