Tour de Francia 2012, en busca del ciclista completo

Del 30 de junio al 22 de julio // Lieja (Bélgica) – París (Francia) // WT // TVE y ETB // La carrera de carreras no puede esperar más, ya se divisa en el horizonte de una ciudad que respira ciclismo por todos sus rincones: Lieja. La capital valona es el punto de partida de un recorrido exigente y equilibrado que encumbrará al corredor más completo y resistente de la Tierra. El máximo favorito: Bradley Wiggins.

Tour de Francia 2012, en busca del ciclista completo
Los Campos Elíseos, la última meta de la mejor carrera ciclista del planeta.

Resulta complicado comenzar una previa de un acontecimiento deportivo como el Tour de Francia. Pocas plumas han conseguido generar una visión o un cuadro medianamente coherente de lo que significa esta carrera. Extraer su jugo ya no es tarea de periodistas, escritores o teóricos del deporte. Parece una labor más propia de sociólogos o filósofos. O en algunos casos de teólogos. Lo que creó Henri Desgrange (director de L’Auto), por inspiración de uno de sus redactores, Géo Lefèvre, hace ya 109 años, ha generado tal cantidad de vivencias, mitos y leyendas, tal cantidad de hojas impresas, cuentos, novelas negras, ensayos o incluso poemas, que es verdaderamente complicado para una mente estándar hacer una radiografía fidedigna de lo que supone esta ronda, la más grande de la Tierra. No en vano, se puede intentar una humilde e inocente aproximación.

“El Tour es el Tour”, llegó a decir en alguna ocasión el gran Federico Martín Bahamontes, posiblemente el mejor escalador puro que ha dado España (ganador de la edición de 1959). El extravagante ciclista toledano, ahora más abuelo entrañable, sí supo, desde su posición de corredor, chupar todo el néctar de la ronda francesa, una carrera que ni siquiera era la suya. Saboreó las mieles del éxito y las miserias del fracaso. Supo vencer, supo sufrir e incluso sucumbir en aquellas carreteras aún rugosas de la Francia de los cincuenta. Fede se empapó de Tour. Engrandeció aquí su deporte, se rodeó de gloria, de fracaso, de sol, de lluvia, de frío (que tanto odiaba). 'El Águila' descubrió lo que es esta carrera, descubrió sus montañas, las dominó (seis veces ganador del maillot al mejor escalador), ‘pereció’ en ellas, hizo amigos, pero se creó muchos enemigos. En pocas palabras, sabe lo que es el Tour. Al igual que muchos campeones y no tan campeones.

Porque La Boucle no se acota a las fronteras del ciclismo. Su esencia traspasa el límite de la dicotomía victoria-derrota, para alcanzar un sentido global único. A través de la lucha del deportista contra los demás y contra sí mismo, el evento ha adquirido siempre una dimensión especial, acentuada gracias a diversos factores. El primero, el escenario de la fiesta, Francia, la madre patria de la bicicleta y el ciclismo. No podía ser en otro lugar. El país galo vio nacer al medio de transporte vehicular de glorias y miserias. Aparte de este hecho esencial, su geografía ofrece llanos interminables, cotas, pavés y tres macizos montañosos de diferente morfología, estratégicamente dispuestos para su encadenado. Un escenario perfecto, que parece haber sido ideado por alguna especie de fuerza sobrenatural.

El segundo factor de la singularidad del Tour se corresponde con la morfología única de la carrera, que emana de la idea primigenia de los responsables de L’Auto. Llevar al límite las capacidades físicas y psíquicas del ser humano, a través de una ruta llena de dificultades y con la única ayuda del impulso mecánico de las piernas, fue la clave del éxito de este invento. Con el paso de los años, esta idea del límite se fue humanizando y profesionalizando, pero su matriz sigue aún viva, a pesar de haber sido zarandeada en los últimos años por diversos factores, en su mayoría extradeportivos, que no tienen lugar en esta previa. Tal vez a Desgrange no le gustaría un ápice la creciente humanización de su carrera, pero tendría que comprender, por otro lado, que la belleza agonística de su obra maestra forma parte intrínseca de la cultura deportiva de la civilización occidental.

El Tour es la ventana del ciclismo hacia el mundo

Enlazando con esta evolución de la ronda gala, nos encontramos con otro de sus pilares maestros: la mediatización del evento. Este conglomerado de escenario perfecto, agonía, épica y sufrimiento ha hecho florecer a los grandes campeones de este deporte, que actuaron como el núcleo de un altavoz privilegiado. Bartali, Coppi, Bahamontes, Merckx, Ocaña, Lemond, Indurain o Pantani fueron forasteros que extendieron la importancia de un acontecimiento como éste por todo el planeta.

El interés que despierta la lucha por el amarillo genera audiencias globales, coberturas detalladas, análisis, polémicas, imágenes, espectáculo, emoción. Las cifras de esta edición 2012 (según la organización de la carrera) hablan por sí solas: 2.300 periodistas acreditados, representando a 700 medios de comunicación; 190 países con cobertura televisiva, a través de 100 canales diferentes; 320 periódicos (agencias, tradicionales y on-line), 80 agencias de fotos y 70 unidades móviles de radio.

Es también una importantísima fuente de ingresos, no sólo publicitarios, sino culturales y turísticos. El Tour es el mejor escaparate de Francia hacia el mundo. La afición apostada en las cunetas de la carretera, proveniente de todos los confines del globo, se cuentan por millones, 12 exactamente para esta edición, según las previsiones de la propia organización. Y no sólo la caravana ciclista se beneficia de ello. Ciudades, pueblos, complejos hoteleros, reservas naturales o estaciones de esquí tienen en el Tour un filón reluciente para hacer su agosto, mejor dicho, su ‘julio’. El Tour es el embajador más efectivo del ciclismo. Gran parte de los nuevos aficionados comienzan a forjarse en las tres semanas de competición. La Grande Boucle es la ventana de este deporte, por lo que de su éxito o fracaso depende el aumento o no del interés. Y los principales encargados de lograr ese trabajado éxito son los propios corredores.

La crono, Wiggins y el trono de Evans

La 99ª edición del Tour de Francia gravita en torno a la especialidad de especialidades: la contrarreloj. Es un aspecto que se echaba de menos. El valor de la lucha individual del ciclista contra el tiempo, contra sí mismo y contra los demás vuelve al primer plano de interés en este 2012, después de un lustro en la que ha sido ninguneada en todas las grandes vueltas. Los 101,4 km., repartidos en tres cronos individuales (prólogo, 9ª y 19ª etapas), 35,9 más que en 2011, tendrán que hacer aflorar, sin más remedio, la audacia de los escaladores. La compensación del recorrido, completada con una rebaja de los finales en alto (cinco el año pasado, tres en esta edición), se postulan con un posible remedio ante la paulatina especulación de los ataques.

La exigencia de ofensivas en la alta montaña se verá acentuada, por otro lado, por la irrupción de un contrarrelojista completo como Bradley Wiggins. El británico de la formación Sky se ha ganado con todo el derecho la vitola de ser el hombre a batir desde la salida de mañana en Lieja. Su dominio de la especialidad, sumado a sus buenas condiciones cuesta arriba y el encadenado de victorias París-Niza, Tour de Romandía y Dauphiné-Liberé, son una carta de presentación apabullante de cara a destronar al incombustible Evans. El vigente vencedor ha estado a la sombra de Wiggo en la primera mitad de la temporada. Su victoria en la general del Critérium Internacional, el tercer puesto en el Dauphiné y la imagen mostrada se quedan lejos de lo ofrecido por el líder espiritual de Sky.

Un líder que se ha tomado muy en serio su papel, estando a la altura de las circunstancias y de su espectacular escuadra. Chris Froome (que opta a acompañarle en el podio), Richie Porte, Michael Rogers o Edvald Boasson Hagen son algunos de sus camaradas. Todos han respondido de manera sobresaliente tanto en la montaña como en el llano. Trabajo, concentración y orden son los secretos de esta ‘armada británica’, que viene dispuesta a no regalar nada, controlando la carrera a su antojo en un recorrido que les viene a las mil maravillas.

La montaña será el único terreno posible para debilitar a Sky

La ausencia de los dos escaladores de referencia del pelotón, Alberto Contador y Andy Schleck, favorece sobremanera las aspiraciones de estos hombres de negro, que ya causan entre sus contrincantes una mezcla de admiración y pavor. Figuras como Frank Schleck, Nibali o Menchov, a las que se suma Evans, tendrán que estrujarse el cerebro para desestabilizar su más que probable dominio. Escenarios tácticos, demarrajes en los descensos e incluso posibles alianzas son opciones viables para introducir algo de luz dentro de la marea oscura que se vislumbra desde las islas vecinas. De entre este grupo de montañeros también sobresalen nuestros representantes, cuyos anhelos de triunfo se hallan en las interminables cuestas de los Alpes y los Pirineos.

Samu, Valverde y Cobo, nuestras esperanzas

El paseo de la bandera española por los Campos Elíseos depende del estado de inspiración de un triunvirato repartido en las dos escuadras patrias: Euskaltel y Movistar. Del primero emerge la figura de Samuel Sánchez (quinto el año pasado, previa descalificación de Contador). El asturiano ha dejado claras sus intenciones de igualar lo conseguido en la edición de 2011, cuya presencia en carrera fue inigualable. Para ello estará rodeado de un equipo bastante experimentado que se inspira cada vez que la carrera desembarca en los Pirineos, coto reservado para su afición. Su caída en la primera etapa de Dauphiné parece agua pasada y su recuperación está finiquitada, por lo que se le esperará para plantear batalla desde la segunda semana, con la llegada de los Alpes.

Valverde se postula como la baza más sólida de Movistar

Algo menos de seguridad ofrece la dupla de Movistar, Valverde y Cobo. Los resultados previos obtenidos en 2012 no son muy halagüeños, sobre todo en el caso de Cobo. El director, Eusebio Unzué, tiene muy claro que apuesta indistintamente por sus dos pupilos. Pero el murciano parece presentarse en Lieja con mucha confianza y motivación, lleva tres años sin correr en la gran ronda, los dos últimos debido a su sanción. Quiere reivindicarse llegando a lo más alto, pero tiene la obligación de exigirse más de la cuenta en la alta montaña, porque la crono de la primera semana le lastra.

Para las piernas de Cobo el recorrido es más adaptable, pero el problema del vencedor de la Vuelta 2011 es su cabeza. El Bisonte es un corredor que maravilla cuando saca a relucir su clase ciclista, pero puede ser lapidado si no se alinea su particular sistema planetario. En Dauphiné no orbitó como a él le hubiera gustado. Que se lo tome como un banco de pruebas. Cobo, sin presión externa, puede ser una de las llaves que destroce el ‘esquema Wiggins’. Pero sólo depende de él.

Constelación ciclista, preparada para rodar

Aparte de la lucha apasionante cronners-escaladores, el Tour alberga este año una participación estelar, como siempre. La salsa de las etapas llanas, las cronos y los finales nerviosos correrá a cargo de astros como Fabian Cancellara, Peter Sagan, Alexandre Vinokourov, Mark Cavendish, André Greipel, Marcel Kittel, Sylvain Chavanel o Philippe Gilbert. La lista no deja lugar para la duda: en el Tour se reúnen los mejores. Todos quieren brillar en él por encima de todo, por lo que la lucha por las etapas estará muy cara.

Mañana Lieja se viste de amarillo, ocho años después. Una ciudad símbolo de este deporte, lugar de nacimiento de la decana de las clásicas, la Lieja-Bastoña-Lieja y lugar de salida y llegada de multitud de etapas de La Boucle. Un prólogo fácil de 6,4 km. (Teledeporte 14:00 h. y en vavel.com), casi idéntico al de 2004, con victoria para Cancellara, es el mejor inicio posible para 21 jornadas de pelea por ser el hombre más completo. La crême de la crême. El Tour es el Tour. 

 

Fotos: rtve.es (pelotón y banderas) y EFE (Valverde, Cobo y Unzué). 

Web oficial de la carrera (etapas, perfiles, normativa, etc.): http://www.letour.fr/le-tour/2012/es/