Vuelta 92: Una etapa propia del Tour

Vuelta 92: Una etapa propia del Tour

La 9ª etapa de la Vuelta Ciclista a España del año 1992 era una etapa llamada para hacer historia. Probablemente nunca antes había tenido lugar un encadenado montañoso en la Vuelta como el que los organizadores habían preparado para dicha etapa. La jornada discurriría por los Pirineos, un lugar que ese año no iba a ser visitado por la caravana del Tour, y de eso bien que se aprovecharon Víctor Cordero y todos los que con él trabajaban organizando la Vuelta, realizando un recorrido de una etapa más propia del Tour que de la Vuelta. Y bien que agradeció el espectador ese nuevo recorrido ultramonañoso de aquel día.

La etapa reina de esa Vuelta a España 1992 contaría con 5 puertos, de los cuales los tres primeros serían catalogados de 1ª categoría; el Portillón, el Peyresourde y el col d´Aspin, mientras que los dos últimos puertos que se ascenderían en la jornada estarían catalogados como HC, y serían nada menos que los dos colosos de los Pirineos, el Tourmalet y Luz Ardiden.
 
La jornada anterior a esta etapa reina había supuesto un duro golpe para los hombres de la ONCE, que veían como el vencedor del año anterior, Melchor Mauri, había quedado contra las cuerdas, situándose en el puesto undécimo de la general, a solo 2´38´´, pero dando una sensación de fragilidad que no había dado el año anterior. El conjunto de los ciegos también había perdido a un corredor importante, como era Anselmo Fuerte, si bien si tenía bien ubicados en la general al belga Johan Bruyneel y al suizo Alex Zülle (2º y 4º respectivamente), con la esperanza de asaltar el liderazgo de un Montoya que había dado signos de flaqueza en los últimos minutos de la etapa anterior de Pla de Beret, vencida por Jon Unzaga.
 

El día amaneció frio, más incluso que en la jornada anterior, pero eso no impidió que no se realizasen numerosos intentos de fuga. El ritmo de la carrera estaba siendo altísimo, y los pasos por Portillón, Peyresure y Aspin se produjeron sin permitir que se marchara ninguna fuga. Ese ritmo tan alto se estaba cobrando numerosas víctimas, siendo las más significativas dos corredores del conjunto ONCE. Melchor Mauri en el final del Aspin comenzaba a ceder unos metros con respecto al grueso del pelotón y Anselmo Fuerte marchaba aún con más problemas. Había cedido en el grupo mucho antes y en esas últimas rampas su cuerpo le estaba pidiendo que abandonase la carrera. Aún no lo haría, pero si unos cuantos minutos más tarde, agotado por el esfuerzo que todos los corredores tuvieron que afrontar aquel día.

Mauri por su parte conseguiría reponerse y enlazar en el descenso del Aspin, al tiempo que Lale Cubino e Iñaki Gastón intentaban escaparse del grupo de los favoritos. De poco le serviría conectar al de Vic, ya que al paso por el siguiente puerto cedería casi 19 minutos, lo que hacía que sus opciones de hacer algo en la general volasen por los aires. El descenso acabaría sin ninguna otra novedad reseñable, aparte de que las temperaturas que los corredores estaban soportando eran inferiores a los 10º en muchos puntos de lo que llevaban de etapa, acentuándose esa sensación de frío en los descensos, debido a la velocidad.
 
Según llegó el pelotón a Saint Marie de Campan, con las primeras rampas de un cubierto por la niebla Tourmalet, los corredores que contaban con varios hombres en el grupo intentaron mandar a alguno de estos por delante. Los equipos más activos fueron el Banesto de Delgado, el Clas de Rominger y los Amaya del líder Montoya y de un Cubino que sería el primer hombre importante de la general que se decidiría a atacar. Cubino lanzaría un primer ataque desde muy lejos, a unos 13 kilómetros para coronar Tourmalet y a casi 50 kilómetros de meta. Un ataque muy valiente y buscando claramente el ganar la Vuelta, aún cuando todavía faltaban muchas jornadas para la conclusión de la misma. Inicialmente Giovannetti le acompañó en su ataque, pero este desistió apenas unos metros después en su intento de seguir al corredor del Amaya.
 
Lale se lanzó en ese momento en solitario a por la cabeza de carrera, que correspondía a su compañero de equipo, Francisco Quevedo, que se haría famoso meses después, al ser el farolillo rojo del Tour de Francia de ese año. Quevedo le hizo de lanzador durante unos pocos centenares de metros y cuando aún faltaban más de 10 kilómetros para coronar, Lale ya era cabeza de carrera en solitario y en una posición muy ventajosa de carrera, abriendo un hueco bastante importante.
 
Eso hizo que saltasen las alarmas en el pelotón de favoritos, pero nadie quiso asumir la responsabilidad de realizar la persecución, debido a que Perico Delgado se encontraba entre ellos, y si trabaja otro corredor que no fuera él le estarían llevando en carroza para que sentenciase la etapa en un puerto, Luz Ardiden, que conocía a las mil maravillas. Como nadie iba a asumir la responsabilidad, finalmente se decidió Perico a tirar del grupo y casi de forma inmediata a un primer arreón suyo, este grupo pasó a estar integrado únicamente por 8 unidades: Montoya, Rominger, Parra, Echave, Giovannetti, Bruyneel y Buenahora. Pero en ese grupo Bruyneel iba con el gancho, como se demostró en un segundo arreón del segoviano, que dejó totalmente fundido y a partir de ahí con el cable cruzado al belga. Tan hundido le dejó que en esos 10 kilómetros que quedaban para coronar, cedió más de 5 minutos con el grupo.
 
Perico lideraba un grupo de 7 corredores en el que Montoya había sido aleccionado para permanecer pegado a la rueda bajo cualquier circunstancia, salvo desfallecimiento del segoviano. De tal forma le habían aleccionado a Montoya que cuando Pedro, presa de una rabieta por no recibir ni un mísero relevo de ningún corredor, decidió pararse, literalmente, poniendo pie a tierra, Montoya hizo lo propio deteniéndose, al tiempo que alcanzaban los corredores la zona de la Mongie. No le sirvió de nada a Perico y reaccionó realizando una importante aceleración, que esta vez se cobraría al Kelme Buenahora. Los 7 corredores serían a partir de ese momento 6, liderados en todo momento por Delgado, persiguiendo a un séptimo corredor que al coronar el Tourmalet les aventabaja en casi un minuto y medio. No había más corredores que importasen ya, ni para la etapa, ni para la general final de la carrera.
 
Hasta ese momento las condiciones climatológicas habían impedido que hubiese imágenes en directo de la carrera, pero a partir de ese momento se solucionaron los problemas técnicos y los aficionados pudieron disfrutar de una jornada apasionante.
 
El descenso estaría marcado por el suelo mojado, por efecto de una niebla que ya había desaparecido, pero que había dejado esas consecuencias, aparte del frío que estaban padeciendo los ciclistas en esas jornadas. En un descenso en el que Cubino no arriesgó mucho, el sexteto perseguidor pudo reducirle en unos 20 segundos la desventaja con la que contaban.
 
Con poco más de un minuto se plantó Lale en la base de un puerto, Luz Ardiden, en el que ya había vencido en un par de ocasiones, ambas en la década anterior. Por detrás ya no era Perico Delgado quien marcaba el ritmo del grupo, sino un Rominger que impuso un fuerte ritmo y dejó descolgados a sus cinco acompañantes. Delgado intentó seguir el ritmo del suizo, pero este marchaba muy fuerte y prefirió marcarse su propio ritmo. A su rueda marchaba, como no, un Montoya que estaba dejando marchar a Rominger, en un error del que se daría cuenta jornadas más tarde. Desde ese momento y hasta la línea de meta marcharon juntos Echave, Fabio Parra, Giovannetti y Delgado.
 
Laudelino Cubino fue el corredor que cruzó en primer lugar la línea de meta, obteniendo de esta forma su tercera victoria en tan importante cima y postulándose como un candidato muy serio a la victoria en la ronda española, todo ello merced a un sensacional ataque en las rampas más duras del Tourmalet, un ataque que no obtuvo respuesta directa por parte de ningún otro corredor.
 
El siguiente en cruzar la línea de meta fue el suizo Rominger, que había marchado claramente de menos a más durante esa última ascensión y prácticamente se había echado encima de un ya agotado Cubino. Seguramente si el puerto llega a ser algo más largo, este habría sido neutralizado por Rominger. A continuación hizo su aparición en solitario por la línea de meta el maillot amarillo de líder de la carrera, un líder que con un potente ataque en el último kilómetro había dejado tirados a sus otros cuatro compañeros y defendía de una forma sensacional su jersey de líder. Llegó a 1 minuto y 22 segundos de su compañero y ganador de etapa Cubino.
 
El grupo de Giovannetti, Echave y Parra apareció a 19 segundos más tarde que el líder y Perico 2 segundos más tarde que sus compañeros. Un Perico que jamás se caracterizó por tener un gran sprint final y que además a esas alturas de etapa, ya era víctima del agotamiento.
Los siguientes corredores, sencillamente, ya no contaban para nada, no eran importantes. Aunque habría que destacar la llegada de un venido a menos Robert Millar, a más de 5 minutos, Álvaro Mejía a casi 7, Zülle a casi 9, Cabestany treinta segundos más tarde o un Melchor Mauri totalmente hundido, cruzando la línea de meta con poco más de 27 minutos de retraso con el ganador.
 
La Vuelta a España había dado en aquella su etapa reina un vuelco increible, con varios hundimientos de hombres importantes de los que no podía esperarse tal actuación, como el de Zülle, Roche, Raúl Alcalá, o de forma mayúscula el de Mauri, y con ascensos en la general impresionantes, como el que protagonizó un desconocido entonces para las generales Tony Rominger, que ascendió de la 9ª a la 2ª plaza de la general en aquella magnífica etapa o el del ganador de la misma, Cubino, postulándose ambos como unos candidatos muy serios a la victoria final, con permiso del líder, Montoya, que había defendido su posición con una gran maestría.
 
 
Clasificación Etapa:
1- Laudelino Cubino (Amaya)
2- Tony Rominger (Clas) a 19´´
3- Jesús Montoya (Amaya) a 1´22´´
4- Federico Echave (Clas) a 1´41´´
5- Fabio Parra (Amaya) m.t.
6- Marco Giovannetti (Gatorade) m.t.
7- Pedro Delgado (Banesto) a 1´43´´
8- Rober Millar (TVM) a 5´06´´
9- Francisco Javier Mauleón (Clas) a 6´21´´
10- Iñaki Gastón (Clas) a 6´23´´
 
Clasificación General:
1- Jesús Montoya (Amaya)
2- Tony Rominger (Clas) a 1´07´´
3- Laudelino Cubino (Amaya) a 1´19´´
4- Pedro Delgado (Banesto) a 1´34´´
5- Federico Echave (Clas) a 1´41´´
6- Marco Giovannetti (Gatorade) a 2´36´´
7- Fabio Parra (Amaya) a 3´10´´
8- Stephen Roche (Carrera) a 7´44´´
9- Alex Zülle (ONCE) a 8´32´´
10- Peio Ruiz-Cabestany (Gatorade) a 9´50´´