El triunfo del ciclismo

El triunfo del ciclismo

La etapa que hemos vivido hoy en la Vuelta a España será, como bien dice el nuevo líder de la ronda española, recordada durante mucho tiempo.

Acostumbrados al ciclismo moderno, a las etapas controladas por los directores de equipo, quienes, a través de los polémicos pinganillos, manejan a sus ciclistas como si fueran marionetas. Acostumbrados al modelo conservador de las estrategias ciclistas, a los ataques en los últimos kilómetros del último puerto de la etapa. Acostumbrados a la falta de ambición por estar en lo más alto del pódium, a observar que muchas veces no hay ataques por miedo a poder perder una posición en la general en vez de arriesgar y darlo todo por alcanzar la meta. Acostumbrados a relacionar la palabra dopaje con el ciclismo, a que los casos de positivos tengan más repercusión que las propias competiciones. Por todo esto, y mucho más, el que más ha ganado en el día de hoy ha sido, claramente, el ciclismo.

Especialmente gracias a Alberto Contador. El ciclismo debe dar gracias por el regreso de un corredor que, con su carácter ambicioso y constante, atisba cada etapa como una oportunidad única para mover la carrera. El ciclismo debe dar gracias por tener un corredor que refleja la esencia del verdadero deporte conocido como ciclismo. Lo más seguro es que muchos otros corredores, la mayoría, si me permiten decir, hubieran sucumbido mentalmente ante la aplastante facilidad con la que Joaquim Rodríguez respondía a los innumerables arranques del pinteño. Por eso, la victoria de hoy de Contador se puede considerar como el triunfo de la esperanza; el éxito de la constancia.

En una etapa que parecía diseñada a propósito para ejecutar una emboscada al líder de la carrera, lo probó Alberto. Mientras que desde el propio equipo le decían que era muy arriesgado probar un ataque desde tan lejos, el ciclista de Pinto se decía a sí mismo que era el momento de intentarlo, el momento del todo o nada: “ser segundo está bien, pero hay que intentar ganar hasta el último momento”. Y así hizo Contador, se lanzó en la subida del Collado de La Hoz, como si se tratara de un kamikaze, en busca de alcanzar la gloria en Fuente Dé.

Lo que no consiguió el tríptico asturiano lo ha conseguido una etapa que se suponía de transición a la espera de la subida, el próximo sábado, al Alto de la Bola del Mundo. Esto viene a ratificar que estableciendo diferencias en la última subida de cada etapa no es la única forma de ganar una gran vuelta –ni con inhumanas rampas del 25%-. Los descensos de los puertos y el trazado llano también pueden tener un papel decisivo en la resolución de la clasificación general de cada carrera de tres semanas. Los medios están ahí, otra cosa es que no sepan, o no quieran, utilizarlos.

En definitiva, hoy hemos visto la esencia del ciclismo: demarrajes lejanos con muchos kilómetros aún por recorrer, líderes atacando en puntos estratégicos provocando la respuesta de sus máximos rivales, gregarios fomentando el desgaste de los adversarios, gregarios intentando recortar diferencias, tácticas de equipo, emoción sin límites... En definitiva, circunstancias que debido a un cúmulo de elementos negativos -pinganillos, conservadurismo, diseño de recorridos unipuerto e intereses, entre otros- el ciclismo había olvidado, pero que la etapa de hoy le ha permitido volver a recordar.

Por todo esto, el triunfo es del ciclismo. De un ciclismo que hasta el corredor que sale más perjudicado tras el desarrollo de la etapa señala que es digno de admirar.