Alejandro, he tenido un déjà vu

Alejandro, he tenido un déjà vu

Se lamentaba el ciclista murciano nada más cruzar la línea de meta: “podría haber ganado, joder”. Y es verdad, tenía razón Alejandro, porque, de nuevo, se falló en los kilómetros finales.

El pasado domingo era el día perfecto para culminar una exitosa temporada del ciclismo español en general. El recorrido se adaptaba bastante bien a las características de nuestros líderes, si bien es cierto que a unos más que a otros. Además, la situación de carrera que se había llevado a cabo hasta entrar en la última vuelta al circuito, con una estrategia ofensiva y combativa por parte de nuestros representantes, dejaban vía libre al mayor de los optimismos. Sin embargo, en torno a una quincena de kilómetros después, una sensación incómoda se apoderaría de todos nosotros, y es que, en el momento en el que los ciclistas se adentraban por última vez en la subida al Cauberg, únicamente Óscar Freire acompañaba al potente y en forma bloque belga, que comandaba el grupo de favoritos con aires de victoria.

Aires que se convirtieron en realidad favorecidos, pienso, por un cúmulo de actos negativos por parte de la selección española.  Sin querer desprestigiar, ni mucho menos, el aplastante triunfo de un sensacional Gilbert, la descoordinación que se dio entre los ciclistas de la selección española -especialmente entre Valverde y Freire, porque, ¿acudió “Purito” al Mundial?- fue de agradecer para el actual corredor del equipo BMC.

Dejando de lado el hecho de que, muy posiblemente, la estrategia final del combinado español era jugarse la baza de Freire –baza que, por cierto, me parece ilógica y por lo tanto, bastante errónea-; dejando de lado el posible tiempo perdido por el murciano apoyando al corredor del Katusha; y dejando de lado las tensas declaraciones de ayudas y no ayudas nada más cruzar la meta, creo que Alejandro Valverde cometió un grave error al no convertirse en la sombra de Gilbert. Un error de colocación –no sería la primera vez en el caso del ciclista murciano-, de exceso de confianza –en su potente final-, o una mezcla de ambos. Si le aguantaba, Valverde sería, a priori, más rápido que el belga. El caso es que el ciclista del equipo Movistar tenía, como ha declarado, fuerzas suficientes para haber lucido el maillot arcoíris en el pódium, pero una vez más, como ya sucediera en los recientes Juegos Olímpicos, por ejemplo, se queda con la miel en los labios. Al fin y al cabo, este tipo de circunstancias son bastante propicias en un ciclismo sin pinganillos; el ciclismo que reclama la mayoría de los aficionados.

Finalmente, Alejandro Valverde se llevó un medalla de bronce –su cuarta medalla en los Mundiales de ciclismo- que pone el broche ¿de oro? a una temporada magnífica, la de su regreso. Si bien es cierto que, aunque el formidable ciclista de Las Lumbreras tiene un palmarés envidiable, situaciones como la que se vivió en Limburgo, además de otras –ya sean errores por culpa de una mala elección de la estrategia o fruto de la mala suerte-, nos obligan a pensar que las vitrinas donde “Balaverde” guarda los trofeos necesitarían de una gran ampliación.

El secreto del éxito en la vida de un hombre está en prepararse para aprovechar la ocasión cuando se presente”. (Benjamin Disraeli)