Un pionero cuelga la bici

Óscar Freire es un tipo único. Único es la palabra. Él solo ha sabido crearse un nombre a nivel internacional poco reconocido en España, pero que la temporada que viene ya echaremos en falta. El cántabro ha sido capaz de vencer en sitios que ningún español había soñado.

Un pionero cuelga la bici
Freire no fue un sprinter al uso, si no que se atrevió a probarlo desde lejos

Domingo 23 de septiembre de 2012, Valkenburg, ciudad ciclista por excelencia donde se disputa anualmente la prestigiosa Amstel Gold Race y que ha acogido el Mundial de ciclismo en diversas ocasiones. En las dos últimas estuvo representando a España un cántabro, Óscar Freire Gómez. 

En su primera temporada como profesional termino 17º en una durísima edición ganada por el suizo Camenzind. Este domingo finalizó 10º en su última carrera. Cerró su carrera en busca del arco iris en Holanda.

Durante esta carrera profesional, Freire se ha labrado un nombre a nivel internacional, pero que a pesar de sus 3 mundiales no le ha valido para ganarse el justo reconocimiento de su propio país.

Quizás por ser un ciclista atípico, que prefiere no correr el Tour de Francia por considerarlo una carrera monótona para disputar clásicas en Flandes o dominar terrenos desconocidos para el ciclismo español hasta la fecha.

Demostración en el Valenciaga

Para conocerse mejor a Freire vamos a viajar a su infancia, en Torrelavaga, donde nació el 15 de febrero de 1976. De pequeño ignoraba al ciclismo, mostrando una gran afición por el slot. Pudo ser motivado por una infección ósea que casi le cuesta una pierna.

No se decidió a entrar en el mundo de la competición hasta los 15 años, donde maravillo en Cantabria. Josean Fernández “Matxin” pronto descubrió el talento de su paisano.

Uno de los momentos claves en su carrera fue cuando ganó el prestigioso Memorial Valenciaga en 1997. Aquel día varios ojeadores habían ido a ver a Pedro Horrillo, que finalizo 2º y se maravillaron más del cántabro que poco después compartió equipo con Horrillo. 3º aquel día fue otro campeón del mundo, Igor Astarloa.

Aquella temporada se redondeo con el subcampeonato mundial en San Sebastián, por detrás de Kurt Asle Arvesen.

Pasó a profesionales con el Vitalicio, donde estaba Horrillo. Confirmó su velocidad mostrada en en el campo amateur metiéndose en varios sprints de carreras como la Vuelta Asturias para inaugurar su palmarés en la Vuelta Castilla y León, donde sumó una etapa.

Esos resultados le llevaron a la selección española que disputó en Mundial en Valkenburg.

Del paro a lucir el maillot de campeón del mundo

La temporada de 1999 se vio marcada por una lesión en la rodilla, que solo le dejo correr 10 días hasta el mágico día.

Paco Antequera, seleccionador nacional en aquel momento le dio la oportunidad de liderar a España en Verona, donde comenzó el romance.

A sus 23 años tenía una carrera para ganarse continuar otro año en el pelotón. Si no, tendría muy difícil seguir en el pelotón mundial.

Gracias a su olfato y tras aguantar con los mejores, supo dejar con un palmo de narices a gente de la talla de Ullrich o Vandenbroucke.

Su ataque fue el bueno ante gente de esa talla. Antequera demostró su gran elección, consiguiendo el segundo arco iris para España tras el logrado por Olano en Duitama.

Después de ganar en Verona, Óscar firmo por el Mapei-Quick Step, el mayor equipo del mundo donde tenía la ocasión de brillar vestido de arco iris en las clásicas.

Arrancó con fuerza ganando etapas en Mallorca, Valencia y Tirreno-Adriático, para ser 3º en la Milán-San Remo donde ganó Zabel. No cabía duda, Freire era un clasicómano.

Así lo definió Aldo Sassi, preparador del Mapei:

"Es único. Tiene cuerpo de escalador, 1,71 metros y 65 kilos, pero es un esprinter y puede desarrollar una fuerza extrema en distancias cortas. Es un fuera de serie, muy potente. Le analizamos en un sprint y en 100 metros y con 12 o 13 pedaladas, ganó entre siete y 10 metros al adversario. Eso es increíble".

Siguió brillando en clásicas como la Amstel, para llegar a Sidney donde finalizo 17º. Tras sufrir problemas físicos ganó 2 etapas en la Vuelta de cara a revalidar el Mundial.

No pudo ser, pero fue 3º consiguiendo consolidarse en la élite tras Vainsteins y Pruch en Plouay.

Brillando en el extranjero y nuevo Mundial marcado por las lesiones

2001 fue un año cruzado, debuto en la Vuelta Alemania donde ya sumo un parcial tras sufrir una lesión en la espalda, una de las muchas que sufrió en su carrera. Ese año además sufrió un virus y problemas en el tendón de Aquiles. Afinó puntería en Burgos para el Mundial que se disputaba en Lisboa. No llego al 100%, pero España trabajó para el cántabro.

Al sprint volvió a demostrar su supremacía para sumar su 2º arco iris. Y no acabó ahí su temporada, pues fue 2º en París-Tours.

 

Demostrando su polivalencia vestido de arco iris, fue 3º en Tirreno o 5º en San Remo y Amstel. También supo vestirse el mono de trabajador para ayudar a Bettini en su victoria en Lieja.

En su primer Tour, en su segunda etapa alzó lo brazos por delante de McEwen.

Quedaba el Mundial en Zolder, donde no pudo plantarle cara a Cipollini al sufrir una inoportuna avería.

A la temporada siguiente recaló en las filas de Rabobank, donde siguió cosechando triunfos y ayudó a Igor Astarloa a coronarse como campeón del mundo en Canadá.

Siguió sumando triunfos como el trofeo Luis Puig antes de batir a Zabel en la Vía Roma.

En otra muestra de su picardía, el cántabro vio al alemán alzar los brazos antes de tiempo y metió la rueda superándolo y sumando su primer monumento. Volvió a estar en unos Juegos Olímpicos, de nuevo sin suerte.

Verona, el escenario mágico. Además primera San Remo

El Mundial ya no era un territorio prohibido para los españoles gracias a Freire. La selección trabajo a la perfección para él, que definió de nuevo por delante de Zabel y de nuevo en Verona.

Binda, Rik Van Steenbergen y Merckx le igualaban en cuanto a número de entorchados mundiales. Ya era historia del deporte español.

Como campeón del mundo venció a Petacchi en Tirreno para llevarse la general con 3 etapas e inaugurar el palmarés español en la Flecha Brabanzona.

Por desgracia, un quiste en el glúteo le privo de estar en el Mundial que se disputó en Madrid.

Siguió sumando triunfos, como de nuevo la Brabanzona, etapa en Tirreno o 2 etapas en el Tour. De nuevo sufrió problemas físicos en el tramo final de la temporada, donde salvó gracias a un triunfo de renombre como es la Vantenfall Classics.

Afinando de cara al centenario de la Milán San Remo, Freire ganó en Mallorca y Andalucía, para sumar su 2ª classicissima.

De nuevo un furúnculo le rompía la temporada, aunque tuvo tiempo para brillar en la Vuelta donde ganó 3 etapas y se vistió de líder en la primera semana.

En Stuttgart se le escapo el sueño del 4º del Mundial, que persiguió sin suerte, pero siempre dejando buen sabor de boca.

2008 fue otro año donde tumbó barreras para el ciclismo español, ganando la Gante-Wevelgem y subiendo a recoger el maillot verde a los Campos Elíseos de París.

Días después estuvo presente en la victoria de Samuel Sánchez en Beijing.

Tras preparase en la Vuelta (donde ganó una etapa), Italia supo sorprender al equipo español y el cántabro finalizó 39º.

La temporada siguiente se vio marcada por la rotura de 2 costillas en California, aunque había sumado ya 2 etapas en Romandía. En el Tour sufrió otro capítulo bizarro donde recibió varios perdigonazos.

En el durísimo Mundial de Mendrisio fue 15º, llegando muy lejos para sus características.

Los años pasaban y Freire seguía en la cresta de la ola. Bajo la lluvia lombarda vestido de naranja, volvía a alzar los brazos por 3ª vez en la Milán-San Remo.

A pesar de ganar 2 etapas en el País Vasco (ambas tras la desposesión a Alejandro Valverde), la temporada había sido regular, buscando vencer en Australia en el Campeonato del Mundo.

No pudo conseguir el 4º, finalizando 6º. Pero como los viejos rockeros nunca mueren, Freire ganó otra clásica que parecía inalcanzable para un español, la París-Tours.

2011 lo inició ganando 2 etapas en Andalucía, y a pesar de intentarlo las lesiones no le dejaron brillar como él quiso. De nuevo su ocasión de salvar la temporada llegaba con el Mundial.

Copenhague presentaba un recorrido aparentemente asequible, incluso demasiado para él. Sin fuerzas y solo, como habitúa se encontró cerrado en un sprint muy dominado por Cavendish para ser 9º.

Tras darle vueltas a la cabeza, Freire continúo otra temporada más, pero dejaba el equipo holandés por su mala relación con los mandamases.

Se fue al Kathusa, donde tendría varios compañeros españoles. No defraudó, comenzó ganando en el Tour Down Under.

2012 fue uno de sus años más vistosos, dejando muchas pinceladas de clase. Moviéndose a su gusto donde él disfruta.

De nuevo top-ten en San Remo, rozando la victoria atacando en el Cauberg o descubriéndose en el pavés en carreras como el E3.

Volvió al Tour, donde una caída le daño una costilla que a su vez le perforó un pulmón. Como un luchador llegó a meta, y como un luchador se mostró en carreras como GP Wallonie donde dio una exhibición.

De nuevo Valkenburg, y de nuevo por el bien del ciclismo debía ganar para poder disfrutar un año más de este genio. A sus 36 años terminó su idilio en el Mundial. Allí se cayó en los primeros kilómetros, para llegar con opciones al final.

No pudo ser, algunos (incluso él en un primer momento) lo achacan a la estrategia final de España.

La realidad es que se retira con 78 victorias y sin el reconocimiento justo de lo que ha hecho, pisando territorios desconocidos, por eso tuvo que emigrar.

Su carrera no se reduce a los 3 mundiales y el intento del cuarto, si no a un gran palmarés, corriendo contra todos los grandes nombres de los últimos 15 años.  Admite que le hubiera gustado ganar en Flandes y Lieja, pero como el primer mundial no hay nada.

También es crítico con la UCI, que la considera un negocio. Además en algún momento se quedo solo por pedir la unidad de los ciclistas. Lo hace un hombre sin un solo problema con los vampiros.